22 Nov. 2018 | 07:54
22 Nov. 2018 | 07:54
Apostillas Mundialistas

“Fiesta en San Pablo”

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  • Si esto fuera una película, ese sería su título; aunque para una columna también lo consideré acertado y ahí está. Hemos vivido una jornada inolvidable, Argentina derrotó a Suiza por un gol a cero a pocos minutos de terminar los segundos quince minutos del tiempo suplementario. Cuando parecía que la definición por penales era tan inevitable como injusta.

    Vimos el partido desde las gradas, en compañía de la familia Mansilla, rodeados por hinchas brasileros que acababan de descubrir que Suiza era un país, que participaba del mundial, que se enfrentaba con Argentina y decidieron solicitar la ciudadanía. A metros de distancia se encontraban Kingsley y Patience Ogbeide.

    La sabia anciana nigeriana escondía entre sus ropas una bola de cristal, mediante la cual se comunicaba con la Hermana Rosa, quien le anticipaba que sucedería algunos minutos o segundos antes de que los hechos se consumasen. Era Kingsley quien se comunicaba vía walkie talkie con el cuerpo técnico de nuestra selección. Así fue como Sabella supo que debía cambiar de banda al fideo Di María. Según la mentalista rosarina "tendría la chance de definir el partido con su pie zurdo entrando por la derecha".

    Luego de haber comprobado su pronóstico, nos quedamos tranquilos cuando Shaqiri se preparaba para patear un tiro libre a poco más de un metro de la línea del área grande. Patience nos informó, "pega en la barrera". El alivio fue enorme. Poco fue lo que entendimos cuando nos dijo, "pega nel palo". El árbitro ni siquiera había cobrado el córner aún. Luego de ver la jugada, de morir un poco pensando que la pelota entraba, entendimos a qué se refería. Mascherano fue la gran figura dentro de la cancha. La Hermana Rosa, fue la gran figura dentro de la bola de cristal.

    El padre de los Mansilla resultó ser un gran entendido sobre cuestiones futbolísticas. Cuando promediaba el segundo tiempo me dijo: "Sabe qué pasa muchacho, nuestra selección basa todo su poderío ofensivo en los cuatro fantásticos y lamentablemente sólo están funcionando dos, por eso es que sufrimos tanto". Sólo el silencio respetuoso de quien sabe que ha escuchado una gran verdad cabía frente a esa declaración.

    A la salida del estadio nos encontramos con Hans, Heins y Rudolf Ritz, los trillizos suizos. Los dos primeros estaban muy desilusionados por el resultado. En cambio Rudolf estaba extasiado, no había entrado a ver el partido, vendió su entrada en dos mil dólares en el playón de acceso al estadio. Con el dinero en su mano, utilizándolo como abanico, se burlaba de sus hermanos (supongo coincidirán en que Rudolf es un verdadero hijo de puta). Kingsley, que no hablaba desde hacía seis días, se le acercó y le preguntó: “¿Sabes cuál es el colmo de un suizo?". Rudolf puso cara de nada. "¡Que le hagan un gol sobre la hora!", remató el nigeriano. Nadie se rio demasiado. Ya no volveremos a ver a los trillizos suizos, su equipo deja el mundial, ellos dejan Brasil. A nuestro pintoresco grupo le espera el partido de cuartos de final entre Argentina y Bélgica.-

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