22 Nov. 2018 | 07:34
22 Nov. 2018 | 07:34
Apostillas Mundialistas

¡A jugar la final!

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  • Nuevamente fiesta en San Pablo. Definitivamente esta es una ciudad que nos queda muy bien. Por penales Argentina venció a Holanda y jugará la final de la copa del mundo Brasil 2014. ¡La alegría es inmensa!

    El triunfo llegó en la definición por penales. Ninguno de los dos equipos pudo quebrar la defensa rival, ninguno de los dos pudo convertir un gol a lo largo de los 120 minutos de juego. Tanto la defensa, como el mediocampo del equipo argentino jugaron un excelente partido. No tuvieron tan buen partido quienes debían vulnerar al equipo rival. Tal vez algo aislados, ni Messi (sufrió la marca personal de Nigel de Jong hasta que este dejó la cancha) ni Higuaín lograron generar mayor peligro en el arco defendido por Cillesen. Holanda también se defendió de forma muy eficiente. Ambos equipos cumplieron a la perfección con uno de los objetivos de este juego, defender el arco propio. Y ninguno de los dos pudo cumplir con el otro, vulnerar el arco rival.

    Nuestro pintoresco grupo vivió otra jornada que quedará grabada a fuego en la memoria de cada uno de sus integrantes. Patience Ogbeide llegó al estadio muy agrandada luego de trasmitirnos el pronóstico (de la Hermana Rosa) de victoria del equipo alemán sobre el brasilero. Le digo que el acierto fue parcial. Me contesta ofuscada: “Hasta los 23 del primer tiempo se dio todo lo que les dije. Victoria de los alemanes con gol de Müller!”. “¿Y el resto del partido?”, le pregunté. “Ah bueno… el resto del partido era algo que ni la mejor de las mentalistas podía adivinar”. Fin de la charla.

    La familia Mansilla vivió el partido con furor y pasión. Los vi reír, llorar, gritar de alegría, de dolor, abrazarse, empujarse, tener hambre, ganas de vomitar, etcétera. Es increíble que en un lapso tan corto de tiempo se puedan transitar tantas, y tan opuestas, sensaciones. En el momento de los penales temí perder a alguno de ellos. La alegría del padre abrazado con su mujer y su hija, es una foto que me acompañará toda la vida.

    Con los hermanos holandeses Vincent y Theo Van Vogt nos encontramos de regreso a la granja de la familia Dos Santos. Estaban tristes, Theo prometió que nunca más utilizaría romero en sus rookworst, a pesar de ser uno de los ingredientes que hacen de estas salchichas un verdadero manjar. A pesar de su estado de ánimo se despidieron con mucho afecto. Vincent, en un gesto maravilloso, me obsequió un cuadro pintado por él. Me dijo que era su habitación o algo así, no me gustó demasiado, ni creo que tenga mucho valor. Sin embargo, tal vez pueda utilizar el marco para poner la foto de los once leones que entraron a la cancha, los que nos regalaron la oportunidad de vivir una final después de 24 años.-

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