23 Oct. 2018 | 07:20
23 Oct. 2018 | 07:20
Enfoques

La anestesia mundialista

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  • Para los que ven a diario fútbol, es entendible que este evento represente el mayor exponente de su interés deportivo, pero, ¿qué fenómeno nace y crece en los que son indiferentes al futbol durante tres años y once meses?

    Cualquiera puede opinar.
    Cualquiera puede opinar.

    Por la licenciada Sandra Ojman (*)

    Otra vez el Mundial de fútbol está próximo a instalarse entre nosotros y muchas horas estarán dedicadas al tema.

    Los más entendidos hablarán de fútbol, y los que no somos entendidos también lo haremos, con la convicción y la certeza que da la Copa del Mundo.

    También aparece el fenómeno de los ritos y rituales. Dónde se lo ve, con quién, qué se come y hasta quién tiene la entrada prohibida.

    El problema empieza si el rito inicial lleva a un primer éxito y luego hay que repetirlo una y otra vez, mientras duremos en el torneo.

    Para los que ven a diario fútbol, es entendible que este evento represente el mayor exponente de su interés deportivo, pero, ¿qué fenómeno nace y crece en los que son indiferentes al futbol durante tres años y once meses, hasta que un nuevo mundial asoma?

    Por un lado, la necesidad de pertenecer. Saberse parte de un fenómeno más amplio. Nadie quiere quedarse afuera. Si se puede festejar, no ir al colegio, suspender horas de trabajo, etcétera ¿Por qué quedarme alejado de ese clima social, distendido y relajado? Esto último es más o menos, dependerá de cómo se desarrollen los partidos.

    Por otro lado, tener un tema de agenda compartida, superar la grieta, poder ver en familia los partidos sin que se enoje tu cuñado o estalle tu vecino. Todo lo referente al Mundial es un tema de conversación, por ejemplo, quien es el más galán, el más lindo. La camiseta que más se luce, las mujeres en la platea, la ceremonia de apertura, los chismes que genera cada encuentro o los visitantes ilustres a cada partido. Si no vemos algo del Mundial nos quedamos afuera.

    Podemos armar equipos que no vamos a dirigir, somos jueces y árbitros. Somos comentaristas deportivos para criticar jugadores, jugadas, actitudes y lealtades.

    Para muchos es la excusa más importante a la hora de posponer temas. Se escuchan seguido frases como “lo dejamos para después del Mundial”. ¿Que tendrá que ver? Nadie lo sabe, pero sirve.

    ¿Mujeres futboleras o mujeres mudialistas? Las mundialistas no somos bien recibidas en esta época. Opinamos de cosas intrascendentes. Vemos cosas extrañas en la cancha, que a nadie le importa, o hacemos una lista interminable de comentarios desacertados, todavía recuerdo a mi madre gritando porque Ubaldo Fillol agarró una pelota con las manos.

    La pareja hace un cuarto intermedio en el Mundial, los partidos propios o ajenos, están por encima del cine, la comida, y cualquier otra salida, más aún si se trata de cumpleaños familiares, eventos sociales, donde el certamen en cuestión nos sirve de razón más que suficiente para no ir ¿A quién se le ocurre casarse en el Mundial? Supe de un casamiento con pantalla gigante. Fue la única solución que encontraron para que los invitados no los dejen abandonados en pleno Brasil 2014.

    Aun así hay quienes deciden estar alejados de este fenómeno Mundial por decisión o por descuelgue natural. Llegan a una tienda de electrodomésticos a comprar una plancha en pleno partido de Argentina y buscan a un vendedor, que obviamente no está disponible, y preguntan “¿qué pasa? ¿Por qué hay tanta gente en la vereda?”.

    Los bares y restaurantes hacen promociones para ver los partidos y las tiendas de ropa proponen fuertes descuentos durante los mismos, con el objeto de atraer clientes hartos de fútbol.

    ¿Será que necesitamos fuertemente un recreo? Alejarnos de los temas que tanto nos ocupan y nos preocupan a diario. Un recreo personal, familiar como también social y político.

    Para los fanáticos, como aún para los detractores del fútbol este tiempo de “descanso” nos resulta funcional. Conectarnos con temas triviales, damos un respiro a las preocupaciones. Tenemos permiso para estar en otro tema, para sumergirnos en un clima de excitación y esperanza. O para hablar hasta el cansancio de cuanto nos molesta.

    Porque en Argentina somos intensos, para todo y especialmente para el Mundial.

     

    (*) Psicóloga - fundadora de Consulta Online

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