11 Nov. 2019 | 20:29
11 Nov. 2019 | 20:29
Análisis

Los jubilados en emergencia alimentaria: Con la comida no se juega

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  • En una Argentina donde a la clase pasiva cada vez le cuesta más llegar a la quincena y el 80 por ciento de nuestros adultos mayores no logran alcanzar la canasta básica de la tercera edad, el PAMI provee tan sólo de siete productos de primera necesidad para todo el mes.

    Un Gobierno que descarta a los adultos mayores.
    Un Gobierno que descarta a los adultos mayores.

    Por Christian D’Alessandro (*)

    Como aquellas paradojas del destino, mientras la iglesia, las organizaciones sociales, las asociaciones sindicales y la oposición exigen que se declare la emergencia alimentaria, el PAMI se burla de nuestros jubilados al entregarles cada vez menos mercaderías en lo que se conoce como el “Bolsón de Probienestar”.

    En una Argentina donde a la clase pasiva cada vez le cuesta más llegar a la quincena y el 80 por ciento de nuestros adultos mayores no logran alcanzar la canasta básica que mide la Defensoría de la Tercera Edad que hoy supera los 35 mil pesos, la obra social de los jubilados provee tan sólo de siete productos de primera necesidad para todo el mes.

    Cuando este Programa arrancó, hace muchos años, los más vulnerables llegaron a tener hasta 15 alimentos mensuales (incluido: pollo, carne y verduras) pero hoy, lo que debería ser una solución ante la crisis económica que atraviesa el país, se convirtió en una burla sin precedentes.

    Arroz, fideos, harina, yerba, aceite y algún que otro insumo de cuartas o quintas marcas, llenan el estómago de los más carenciados, los que todos los meses hacen largas filas bajo la lluvia, el sol o la humedad para recibir las migajas prestacionales con el único propósito de llegar a ingerir lo que consiguen.

    Unos 5 mil centros jubilados en todo el país reciben el escaso dinero para comprar lo que han de repartir a los que más necesitan. Quejas y enojos, que se oyen a lo bajo por el temor a que les quiten lo poco que reciben, resuenan sin cesar: “¡La plata no alcanza para nada! Hacemos lo que podemos”, dicen los referentes antes las constantes críticas.

    Para unos 5 millones de afiliados que nuclea el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados – PAMI –, los pocos privilegiados que acceden a este “plan nutricional” son alrededor de 605 mil y la lista de espera crece cada día más. Los que se anotan deben aguardar a que otros fallezcan o a que se los retiren de la nómina por haber superado los requisitos exigidos.

    Contarlo no es lo mismo que vivirlo. Los que aportaron durante toda su vida laboral con el tres por ciento de sus salarios, y aún lo siguen haciéndolo, mendigan y se alimentan con lo que pueden. Razón por la cual, el declarar la emergencia alimentaria no es un slogan de campaña, sino una cuestión de vida o muerte.

    Al pensar que mensaje debemos dejar a la sociedad, se me cruzó por la cabeza las palabras de nuestro santo padre el Papa Francisco quien, ante los Cardenales, dijo: «valor, hermanos: Probablemente la mitad de nosotros está en la vejez. Y la vejez, se dice, es la sede la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría que les da el haber caminado mucho. Demos esta sabiduría a los jóvenes: como el buen vino que con los años se vuelve todavía mejor: demos a los jóvenes la sabiduría de la vida».

    Pero, para Mauricio Macri ni los jóvenes son el futuro, ni los viejos son los sabios. Lamentablemente, un Gobierno que se olvida de los niños, menosprecia a los pobres y que descarta a los adultos mayores, no es otra que un desgobierno que no merece calificación alguna

    (*) Abogado y periodista especializado en seguridad social y personas mayores.

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