23 Sep. 2019 | 12:27
23 Sep. 2019 | 12:27
Opinión - La hora política

Votá en blanco

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  • En el ballotaje del 22 de noviembre, el PTP y el PCR llaman a todas las fuerzas populares a no avalar ninguna de las dos variables de la profundización del ajuste y la entrega. La semana política por Ricardo Fierro.

    El nuevo escenario: la segunda vuelta

    Las elecciones del 25/10 sorprendieron y sacudieron el escenario político nacional. Sorprendieron porque mostraron la realidad del descontento y el hartazgo con la política kirchnerista de ajuste y entrega. Y sacudieron el escenario político porque ese descontento y ese hartazgo le pusieron pimienta a la segunda vuelta electoral. Nunca hubo una segunda vuelta, no se sabe qué va a pasar, las dos fuerzas que disputan la final debieron salir a la caza de votos.

    El sistema político bipartidista de polarización entre dos grandes partidos, sufrió el terremoto del 2001. En sus 12 años de gobierno el gobierno K, desde el Estado, logró cierta recomposición del sistema político, sobre la base de la estructura del PJ y las alianzas en el Frente para la Victoria. Ahora, el enorme desgaste provocado por su política se expresa en que ya no gobernará ninguno de los 5 grandes distritos que concentran el 68% de los electores (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Capital Federal y Mendoza), y si se agregan las provincias que tampoco gobernará (Corrientes, San Luis, Jujuy y Chubut), el porcentaje llega al 75% del padrón.

    La “democracia” de los padrinos

    Ni Scioli ni Macri enamoran. Cristina y Scioli no terminan de salir de la sorpresa y la bronca por la pérdida de casi 3 millones de votos. Macri tuvo que salir a agradecer “a los que me votaron y no comparten mis ideas”.

    En las elecciones del 25/10 una amplia mayoría usó su voto para castigar lo que le disgusta o lo tiene harto. Y una minoría importante se atrincheró en lo poco que tiene, por el temor a perderlo. A eso se reduce el poder del voto con este sistema político.

    El sistema se asienta en un armado de leyes que traban el surgimiento de nuevas fuerzas populares, y empujan la polarización. Eso se engrasa con campañas electorales que ya han costado más de $1.000 millones de pesos a cada uno de los dos candidatos que van a la final, y que gastarán, cada uno, otros $1.000 millones hasta el 22/11. Reciben $13 millones del Estado, el resto es en negro (según confiaron a La Nación, los recaudadores de Scioli y Macri).

    El principal gasto son los intendentes “hay que bajarles dinero para su maquinaria electoral o para que repartan entre sus punteros”. En el macrismo “hacen cola las empresas radicadas en Buenos Aires”, sorprendidas por el triunfo de Vidal, y corren a ofrecer “donaciones” al PRO. A “los que ya ayudaron (…) le va a pedir un esfuerzo más” el recaudador de Macri, Nicolás Caputo, (La Nación, 2/11).

    En esta “democracia K” se pasa a la segunda vuelta con padrinos que pongan $2.000 millones.

    Son lo mismo

    El pueblo ha quedado ahora frente a la opción Scioli o Macri: los dos son iguales. Ahora son leones vendiendo promesas. Hace 10 días los dos se oponían al 82% móvil a los jubilados, Scioli lo mencionó, y Cristina le bajó el pulgar. Empiezan a trascender los planes reales de suspender las paritarias y dar un aumento salarial por decreto del 9%. Hablan de bajar las retenciones a algunas producciones agrarias, sin dar respuesta a la brutal crisis de las economías regionales. Nada sobre la emergencia por la violencia contra las mujeres. En el narcotráfico, basta con ver lo que han hecho en Buenos Aires y en la Capital Federal: están llenas de laboratorios y mafias.

    Los dos se pelean para ver quién es capaz de traer más capitales imperialistas, lo que no dicen es qué van a entregar a cambio. Ninguno de los dos dijo nada de Malvinas y la base militar inglesa y la base militar china en Neuquén, de los acuerdos con China y Rusia que destruyen la industria nacional. Los dos quieren arreglar a como dé lugar con los buitres. Los dos idolatran a los agronegocios de pules y grandes terratenientes.

    Cristina y Scioli fueron cómplices de la privatización de YPF. Parrili, ahora jefe de espías y antes secretario de la Presidencia, fue el que fundamentó en el Congreso esa privatización de Menem y Cavallo. Cristina y Scioli fueron cómplices de la Repsol en el vaciamiento de YPF, asociados a Eskenazi. Y Macri votó en contra de la “nacionalización” trucha del kirchnerismo, que la convirtió en una Sociedad Anónima, pactada con Obama, en la que las ganancias se las llevan los patrones de Galuccio, el jefe de la empresa: Schlumberger, Halliburton, Chevron, etc.

    La herencia K

    La pobreza castiga a más de 30 de cada 100 hogares argentinos. La inflación sigue siendo un infierno. El narcotráfico y el delito organizado controlan barrios, municipios, provincias, penetró en el aparato del Estado, y destruye a la juventud. Se multiplican los femicidios y la violencia contra la mujer.

    La industria cayó o está estancada, desde hace 4 años que no crea puestos de trabajo, la desocupación y subocupación treparon al 11%.

    Había 40 millones de ovejas, ahora 14 millones y mil productores menos. Se pudrieron 2,5 millones de kilos de fruta, ahora no se podó el 40% de los árboles, dejando sin trabajo a miles de obreros. Los productores de caña de azúcar reciben el precio de hace 4 años golpeando a los trabajadores y pequeños productores. Los embarques de arroz cayeron un 67%. La exportación de vinos cayó de 1.300 a 400 millones de dólares. La producción de trigo cayó un 70%. Hay crisis en la producción de limones, aceitunas, ajo, algodón, etc. La soja, que estaba en el 2012 a 650 dólares, cayó a 340; es más caro llevarla de Salta a Rosario, que de Rosario a China. Miles de obreros quedaron en la calle por el cierre de frigoríficos, y hay 27.000 ganaderos menos.

    Pese a que el gobierno K pagó 190.000 millones de dólares, la deuda pública creció a 220.000 millones de dólares. Cristina vació el Banco Central: si se restan los yuanes de China, los depósitos privados, los bonos trabados por Griesa, las reservas netas tendrían un saldo en rojo, de 2.253 millones de dólares. Lo sigue vaciando vendiendo dólares a futuro a $10,80 (a “los amigos”), como sigue vaciando la ANSES.

    Los monopolios y los grandes terratenientes ponen tanta plata en sus dos candidatos porque está en juego cómo se sale de esta herencia K. Todos acuerdan en que la pague el pueblo, y disputan por el reparto de tajadas.

    Yo no los voto

    En la segunda vuelta, pierde peso el chantaje de la primera, del “voto útil”. Se puede votar a la derecha K gobernante para frenar a la otra derecha, votar a la derecha emergente para castigar a la derecha gobernante, o castigar a los dos candidatos del ajuste y la entrega votando en blanco o nulo. El temor del bloque dominante es que aparezca con fuerza, en la segunda vuelta, este tercer jugador.

    “Yo no los voto”, es una expresión que se ha escuchado en los medios, de boca de peronistas, radicales, socialistas, progresistas, de la izquierda, católicos y de otros credos, dirigentes sociales, etc. Es un voto para debilitar los dos candidatos, para ponerle un palo en la rueda al ajuste y la entrega que planean. Y crea condiciones para continuar las luchas, como la jornada nacional de la CCC el 18/11 y avanzar hacia el paro nacional activo y multisectorial; y para fortalecer una herramienta política verdaderamente popular y nacional, de cara al futuro, de la acumulación política para avanzar hacia un gobierno popular.

    El PTP y el PCR han llevado al Frente Popular su posición a favor del voto en blanco. Ya hubo definiciones públicas de dirigentes. El FP marcha a fijar su posición en los próximos días.

    Para confrontar con los dos candidatos de esa Argentina, K o macrista, que se come el asado y le tira los huesos al pueblo, y gasta miles de millones para que los aplaudamos, vale el consejo de lo dice el Martín Fierro que hacía el viejo Vizcacha: escupiles el asado.-

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