05 Jul. 2020 | 17:45
05 Jul. 2020 | 17:45
Opinión / La Hora Política

Que la crisis la paguen los latifundistas, usureros y monopolios

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  • La pandemia castiga principalmente en las villas, asentamientos y barriadas populares de los grandes centros urbanos. En otros lugares la situación es otra y se liberan actividades. En todo el país crece la pelea para que la crisis no se descargue sobre los trabajadores y el pueblo. La semana política por Ricardo Fierro.

    El origen del Coronavirus

    El brote del coronavirus se originó en China en diciembre pasado. Al principio el gobierno imperialista de esa gran potencia la ocultó, hasta que por su expansión tuvo que reconocerla a fines de enero a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que rápidamente lo calificó de pandemia, ya que se había extendido al mundo.

    El gobierno de Alberto Fernández fue de los primeros en tomar medidas de aislamiento en América del Sur, lo cual fue un importante acierto porque limitó la expansión del virus, que ya estaba dentro del país. Inmediatamente tomó medidas para recomponer un sistema de salud devastado por la política del gobierno macrista.

    Entramos a la pandemia con más del 50% de la población en la pobreza, agravada enormemente durante el macrismo. El nuevo gobierno tomó medidas por la emergencia alimentaria, importantes, pero en muchos casos insuficientes.

    En estos más de dos meses el gobierno nacional ha tomado una serie de medidas positivas, acompañado de muchos gobiernos provinciales y municipales.

    El Comité Central del PCR definió acertadamente poner el centro en la emergencia sanitaria. En todo el país somos parte de los miles que junto a las organizaciones de frente único en las que participamos, nos ponemos al hombro las tareas que requiere esta emergencia sanitaria.

    Un país desparejo

    En algunas provincias se ha logrado aislar al virus. Aunque la batalla continúa en todo el país con lugares focalizados por la tremenda desigualdad socio-económica creada por el predominio del latifundio en el campo y la dependencia del país a los imperialismos.

    Millones de personas se agolpan en las más de 4.000 villas, asentamientos y barrios populares que existen en todo el país, muchas de gran densidad poblacional. Son agrupamientos humanos mucho más vulnerables a la enfermedad y a la muerte, porque carecen de alimentos, trabajo, de agua potable, cloacas y demás condiciones ambientales mínimas para una vida sana. Esto se ha agudizado por la presencia del Coronavirus y el aislamiento preventivo necesario para evitar su expansión.

    El PCR y su JCR, junto a las organizaciones sociales en las que participamos, y los trabajadores de la salud advirtieron de entrada la situación en las barriadas de algunas capitales de provincias y en comunidades originarias del Norte del país, como en el Chaco y Salta. Hoy seguimos poniendo el centro en la pelea por resolver la emergencia, jerarquizando el protagonismo de las masas, acumulando fuerzas en la lucha por tierra, techo, trabajo, salud y educación pública para todos los que habitan nuestro suelo.

    Quién paga la crisis

    Los latifundistas, usureros y monopolios imperialistas defienden sus intereses y juegan políticamente para descargar la crisis sobre el pueblo. Para esa política cuentan en algunos casos con la complicidad de dirigentes sindicales que avalan suspensiones, despidos y rebajas de salarios. Especulan para aumentar los precios de productos de primera necesidad. Y actúan a través de algunas fuerzas políticas como el macrismo; y medios de comunicación a su servicio que promueven movilizaciones y una campaña sostenida contra la cuarentena.

    La situación en la mayoría de las provincias es distinta ahora a la de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense (AMBA). El crecimiento de los contagios en la Villa de Retiro, en el Bajo Flores y en las villas de Barracas (CABA), puso en evidencia el drama de las 40 barriadas empobrecidas de esta ciudad; así como los contagios en la Villa Azul (Quilmes-Avellaneda) y en Villa Itatí (Quilmes) pone en evidencia la situación de las centenares de villas y asentamientos del Gran Buenos Aires, donde viven hacinados, sin agua potable, etc. Y también en los aglomerados urbanos de las ciudades del interior (Córdoba, Rosario, Tucumán, Resistencia, Bariloche, etc.). Y esto no se resuelve aislando a sus pobladores con fuerzas represivas, sino que es necesario garantizar alimentos, agua potable y sus necesidades básicas, para lo que es urgente obtener fondos suficientes y garantizar su implementación.

    En las provincias que han comenzado a liberar actividades crece también la pelea para que el costo de esta apertura no lo paguen los sectores populares con más hambre, despidos y cierres de fuentes de trabajo.

    Las necesidades de recursos que impone enfrentar la pandemia y poner en marcha sin demoras programas federales como los de Argentina Construye en todo el país, requiere la inmediata obtención de los fondos de los sectores que más han monopolizado riquezas todos estos años. Esto es posible con medidas como el impuesto a las grandes fortunas, y a los grandes terratenientes y pules asociados con explotaciones de más de 5.000 hectáreas (ese 2,5% de las explotaciones concentra más del 50% del total de la superficie agropecuaria censada del país). También urge recuperar para el Banco Central la decisión soberana sobre el crédito como bien público, hoy manejado mayormente por las sucursales de los grandes bancos y grupos financieros del exterior. No se puede admitir que para prestar el dinero garantizado por el Estado exijan garantías adicionales e intereses cuando por la pandemia no hay ingresos familiares ni actividades productivas o comerciales que puedan cubrir esas ganancias financieras, que aumentan el endeudamiento de las familias y condenan a las PyMEs a la quiebra.

    Sin hacerse cargo de su responsabilidad por sus 12 años en CABA y menos por sus cuatro años en el gobierno del país, el macrismo golpea apoyándose en demoras y errores del nuevo gobierno nacional o locales. No hay que subestimarlo. Tenemos que denunciar su papel tanto por los niveles récord de pobreza y endeudamiento a que llevó al país, como por el gatillo fácil y la persecución y espionaje de opositores e incluso de su propia tropa, como se conoce ahora. Y peleamos por un programa de emergencia que, desde los intereses de los trabajadores, contemple la situación de los sectores de cuentapropistas, pequeños comerciantes y pymes a los que esta derecha pretende utilizar.

    La revolución es una necesidad

    El sistema capitalista imperialista está inmerso en una crisis económica mundial que se agravó con la pandemia. En medio de esta situación dramática crecen las rebeliones contra las injusticias en el mundo. Un estallido de masas sacude a la primera potencia imperialista en sus entrañas en respuesta a los miles de muertos por el COVID-19, a los despidos masivos y al racismo. Donald Trump ante eso dijo: “movilizaré todos los recursos civiles y militares para terminar con los disturbios”.

    En Argentina la crisis nos golpea duramente por ser el nuestro un país dominado por el latifundismo en el campo y dependiente de los imperialismos. Somos una presa codiciada en la creciente disputa entre las distintas potencias imperialistas por sacar ventaja a su favor, utilizando para eso su avance en el armamentismo y todas sus relaciones con las oligarquías y clases dominantes dependientes de ellas.

    El avance del protagonismo popular y de la inmensa solidaridad desplegada por nuestro pueblo, nos ayuda para avanzar en esta lucha con el estímulo de las crecientes rebeliones del proletariado y los pueblos y naciones oprimidas del mundo, que resisten la explotación y el saqueo imperialistas en todos los continentes. Según los grandes medios América del Sur ha pasado a ser el centro de la pandemia, pero ocultan que los trabajadores y pueblos están saliendo a las calles enfrentando a las políticas que descargan la crisis sobre sus espaldas. Así asistimos a masivas marchas en Ecuador, enfrentamientos y ollas comunitarias en Chile, cacerolazos en Perú, manifestaciones contra la dictadura militar en Bolivia, repudios a Bolsonaro en Brasil y a Duque en Colombia, etc.

    El PCR y su JCR venimos siendo motor en los movimientos de frente único en todo el país. Jerarquizando el protagonismo de las masas se avanzó en fábricas y lugares de trabajo y de vivienda de la ciudad y el campo, en las escuelas, comedores y merenderos.

    Con gran lucha avanzan los comités de emergencia en varias provincias, en numerosos municipios y barrios populares y a su calor se fortalece el movimiento de mujeres en la pelea por la emergencia en violencia -en un nuevo aniversario del Ni una menos-, así como el movimiento de los jóvenes organizando la lucha contra las drogas. Destacamos a los trabajadores de la salud y demás servicios esenciales y el trabajo de las compañeras y compañeros que garantizan el funcionamiento de los comedores y merenderos, reclamando por el agua potable, y demás urgencias en barrios, lugares de trabajo, zonas agrarias jerarquizando las comunidades más carenciadas.

    Peleamos por integrar esas actividades a la lucha por tierra, techo, trabajo y demás derechos democráticos y sociales, para que las masas en todos esos lugares avancen con su propia experiencia y se sumen al fortalecimiento del Partido como herramienta del cambio revolucionario necesario.

    Esta pandemia, además de volver a mostrar la inmensa solidaridad popular y el egoísmo de las clases dominantes, pone en evidencia la necesidad de una revolución y dar vuelta el viento para tener una patria nueva con salud, educación, trabajo, tierra, techo y derechos para todas y todos.-

    (Con la colaboración de Jacinto Roldán y Eugenio Gastiazoro)

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