18 Sep. 2020 | 03:28
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El 8 de noviembre

La sangre de ayer, el mito de hoy: La vida del Gauchito Gil llega al cine

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  • “No pide nada, no tiene iglesias, ni representantes, ni culto, sólo trapos rojos en las esquinas de los barrios, en las rutas y caminos donde la fe está a la intemperie”, resalta Cristian Jure, director de la película sobre el santo pagano de los desposeídos.

    CAPITAL FEDERAL (ANDigital) El jueves 8 de noviembre estrena en el circuito comercial Gracias Gauchito, una película de Cristian Jure, protagonizada por Jorge Sienrra, Diego Cremonesi, Dani González, Lali González y Héctor Silva.

    La vida del gaucho estuvo marcada desde su niñez por la pobreza y la injusticia. Cuando su padre muere en la guerra, su hermanita es robada y su familia es expulsada de la tierra.

    Con ansias de justicia se encuadra, al inicio de su juventud, en la tropa de Zalazar, un guerrero astuto al servicio de las causas de turno. Pero las atrocidades de aquella banda lo obligan a escapar, convirtiéndose en un desertor condenado a la pena capital.

    Altares rojos emergen día a día al costado de las rutas en devoción al Gauchito Gil, santo pagano de los desposeídos, degollado en el siglo XIX.

    La leyenda de su vida y la construcción del mito son los ejes de una historia con dos comienzos y un mismo punto de llegada.

    El mito se consolida cuatro décadas después de su muerte, cuando un viejo va por los pueblos construyendo la leyenda del santo pagano de los pobres. Mientras instala altares rojos en cantinas y caminos, va narrando la historia con la convicción de los que creen en sus milagros y con la autoridad de haber conocido en vida las hazañas de aquel Gaucho retobado, que supo cultivar justicia en tiempos de guerra.

    El viejo habla de todo, menos de la relación del gaucho y sus mujeres. Que las tuvo a montones pero que siempre quiso a la misma: Dolores, la esposa de Zalazar (su perseguidor y verdugo).

    Esquivando la suerte de los desertores, y de los que se enamoran de las mujeres casadas, el gaucho pasa sus días en la clandestinidad haciendo justicia por los más desposeídos. Mientras sus hazañas se extienden por toda la Mesopotamia, sus enemigos agudizan los esfuerzos hasta que finalmente después de algunos años lo atrapan.

    “Con mi sangre sanarás a tu hijo” dijo el gaucho a su verdugo, antes de ser degollado y a pocas horas ocurrió el primer milagro.

    Así los dos ejes de esta historia confluyen en un mismo punto de llegada: el presente del Gauchito, milagroso, venerado por multitudes.

    “Se lo prometí al Gaucho. Nunca antes había sentido la presencia de nada sobrenatural o divino, nunca. Y esa carencia espiritual fue algo que lo viví como una especie de frustración toda mi vida: le había puesto todas las ganas, había hecho todos los deberes y jamás pude sentir que podía haber algo en el más allá, nada fuera de esto, y mucho menos que me pudiera ayudar”, confiesa el director del film.

    Y resalta: “en mi formación de antropólogo la espiritualidad es un aspecto de la vida de los pueblos más que relevantes pero nunca la puede llegar a comprender en toda su magnitud. Cuando trabajé en la producción de documentales con comunidades y pueblos indígenas de Latinoamérica sus distintas versiones de la espiritualidad me entusiasmaban pero me costaba encontrarles y construirles sentido en las historias que representábamos”.

    “Fue cuando empecé a trabajar en las villas y sectores marginales cuando me encontré con la figura del Gaucho Gil y toda la relevancia de sus milagros entre los más humildes. Un ‘santo’ de acá, nuestro, como nosotros, que no pide nada, no tiene iglesias, ni representantes, ni culto, solo trapos rojos en las esquinas de los barrios, en las rutas y caminos donde la fe está a la intemperie, al alcance de todos”, remata el realizador. (ANDigital)

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