17 Jul. 2018 | 03:04
17 Jul. 2018 | 03:04
La vida no es un emoji

Revanchas en la red, cuando todo vale

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  • “Te bloqueo”, “te saco”, “te clavo un visto”, “te stalkeo”. El flagelo de los grupos de WhatsApp, la impunidad del anonimato, el histeriqueo y la era de la inmediatez. La psicóloga de ANDigital echa luz sobre estos y otros temas y brinda algunas recomendaciones.

    Sin filtro.
    Sin filtro.

    Por la licenciada Sandra Ojman (*)
    Especial para ANDigital

    Esta es una nueva fase en el desarrollo de las comunicaciones entre las personas.

    “Te bloqueo”, “te saco”, “te clavo un visto”, “te busco en Facebook”, hay todo un abanico nuevo de las revanchas o venganzas en red.

    Sin llegar a tratar aquellas conductas extremadamente patológicas o malignas y con fines muy perversos, hay un nuevo lenguaje de agresiones o de respuestas vengativas que se han desarrollado en el código de las redes sociales (¿serán sociales?).

    El anonimato de las redes, la falta del “cara a cara”, pareciera dotar a las personas de mucha impunidad. Twitter es el formato donde las agresiones anónimas están a la orden del día, despiertan en algunas personas reacciones extremadamente agresivas, que no tendrían de ningún modo si se expondrían y menos aún si tuvieran que decirlo a la cara o en una conversación personal.

    Incluso sucede con personas que no se conocen. Las celebridades o pseudo celebridades pueden despertar mucha empatía, celos, rivalidades, admiración, deseo, pero, ¿tanta agresividad como se observan en algunos tuits? Por otro lado, qué hace que esas personas se expongan una y otra vez al maltrato de seres totalmente anónimos, ajenos a sus vidas y que lejos de ser fans, parecen ir a por todo en cataratas de insultos ¿Tanto importan los seguidores que no importa que daño hagan?

    Otro espacio de vale todo son los grupos de chat en WhatsApp. Los grupos de escuelas, de la facultad, del trabajo, de amigos, equipos de deportes, de padres, de vecinos, de pintura en cerámica y de tantas otras cosas como actividades sociales o culturales participemos y seamos mucho más que dos.

    Muchas veces los integrantes no se conocen o son conocidos sin más que las circunstancias de compartir un espacio común, a pesar de ello se pretende acordar temas, unificar criterios, tomar decisiones “grupales” que están lejos de resolverse en el marco de un debate en un grupo de chat. Pero lo más grave es que los desacuerdos o diferencias se resuelven lisa y llanamente a los insultos.

    Sin filtro. Eso lo resume todo.

    Qué clase de comunicación estamos desarrollando, y qué impunidad creemos que nos brinda el smartphone. Qué espacios de intimidad estamos desarrollando cuando posteamos cada minuto de nuestras vidas en relatos e imágenes.

    Cuánta ansiedad genera en la gente ver las respuestas o no respuestas de sus contactos. En la era pre WhatsApp, un desplante era todo una serie de actitudes y de expresiones, hoy en la era post WhatsApp, es “te clavó un visto”, no hace falta nada más. Leer un mensaje recibido y no poder responderlo inmediatamente te lleva a cometer un ilícito y ofender en menos de 30 segundos a tu interlocutor ocasional. Antes necesitabas mucho más para ofender a alguien.

    Y para reparar semejante daño, es requisito dar explicaciones más que elocuentes de las razones por las que no respondiste en “tiempo y forma”, lo que quiere decir en este nuevo administrador de tiempo: inmediatamente.

    Son pocos los que llaman a un celular y consultan si podés hablar. La inmediatez nos presiona cada vez más.

    Otra forma de agresión es el ghosting, que como su simple traducción sintetiza, sería “hacerse el fantasma” o simplemente borrarse, en términos más claros.

    Es ghosting consiste en dejar una relación “desapareciendo en red”, ya no va el “tomemos un café, necesito que hablemos”, te dejo con un “visto” o a lo sumo me despido por whatsapp y si no entendiste el mensaje te bloqueo.

    Para los nativos digitales, esto puede resultar casi como consecuencia de toda una relación basada y sostenida en las redes, pero para los inmigrantes digitales, que usan las redes como medio, pero no como un fin es si mismo, esto resulta desconcertante.

    No quiero decir que es aceptable para los muy jóvenes, pero sería tema de otra columna.

    Es una desnaturalización de las relaciones interpersonales, llevando al extremo la falta de empatía con el otro. Hay una negación de los sentimientos del que hasta hace un rato fue nuestra pareja. Deja de importar que siente, que le pasa o si esta actitud puede hacerlo o hacerla sufrir.

    Trae como consecuencia que los duelos por la separación resulten complejos. Los duelos se alargan. Es desconcertante porque no hay mensaje claro. La idea que la persona pueda reaparecer con la misma simpleza con la que un día se borró es inevitable. Ahí comienza la “búsqueda” en red de una explicación, un indicador que nos demuestre que lo que intuimos o vivimos es real. “Quizás perdió el teléfono”, “tuvo que viajar de urgencia”, “no le gustó que le preguntara por su familia”.

    No sólo es complicado iniciar el proceso de duelo, sino que además en muchos casos hay un sentimiento de frustración y de culpa: “Algo debo haber hecho para que me trate así”. Y definitivamente nadie merece ese destrato o maltrato.

    Los que practican este método de abandono sin explicaciones, tampoco la pasan bien. Quieren evitar el reproche o el dar explicaciones, pero la huida tiene patas cortas. Salvo personajes muy perversos, estas actitudes también generan culpa. El temor por hacer frente al final de una relación no desaparece porque nos borremos.

    Son personas que no pueden manejar la angustia que generan, ni pueden sostener afectivamente a nadie. Son personas muy débiles emocionalmente, además de superficiales.

    Es cruel, más allá de toda otra interpretación.

    Los fenómenos o tendencias en redes no terminan ahí, desde hace tiempo se desarrollan otras modalidades como pipeline o benching.

    Benching se refiere a la idea de histeriquear a varios o varias a modo de tener un backup para el caso en que el plan principal fracase (léase relación actual). Manejar varias propuestas, (léase personas), al mismo tiempo.

    Haciendo mantenimiento para que el interés no desaparezca, pero no concretar. Posponer el encuentro, acordarlos y luego cancelarlos, aducir problemas de trabajo o estudio, pero no cerrar la puerta. La atención se mantiene flotando.

    Cuando el interlocutor de turno se aleja, volver a tejer redes para retomar el vínculo y que el estado de alerta se mantenga.

    ¿Qué lleva a esto? Básicamente la idea que debe haber algo más para mi allí afuera, y por que no verlo o tentarlo o seguirlo.

    La inmediatez, otra vez relacionada con los vínculos. Para que esperar si esta relación no funciona si puedo pasar al siguiente sin más esfuerzo que concretar la cita que siempre queda pendiente.

    Otro término nuevo que refiere a esto mismo es pipeline, que vendría a ser un embudo, la idea es que se van descartando candidatos o propuestas, pero no del todo. Quedan en lista de espera.

    Muchas veces desde los mismos sitios de encuentros en red, te siguen alimentando el ego, mandando likes, y una larga lista de quienes te siguen o buscan.

    Se pierde de vista que mucho a veces es nada.

    Mi recomendación es que si empiezan una relación y quieren saber a dónde los lleva, bájense un poco de las redes, en todo sentido.

    Apuesten a crear y desarrollar esa relación, pongan el foco en ello. La dispersión se percibe, uno tiene muy claro en una relación cuando el interés propio y ajeno es disperso.

    La palabra compromiso no es sinónimo de celda o prisión. Es un mensaje interno y hacia nuestra pareja de que “estamos aquí”.

    No pretendo con esto ser una detractora de las redes sociales, que tanto nos ayudan en innumerables sentidos y dan solución a muchas cuestiones que antes era impensable poder resolver en poco tiempo y de manera sencilla.

    El problema está cuando dejamos escapar al “monstruo” que hay encerrado en las potencialidades que estas redes nos ofrecen. Cuando le damos a esos espacios una entidad que no tienen. Un grupo de whatsapp no es un ateneo científico, ni un congreso de educación, ni siquiera un foro de trabajo. Es un grupo funcional para obtener y pasar información pertinente a los intereses de los que están sumados al grupo.

    Dejar una relación es posible, obviamente. Pero la forma o manera en que lo hagamos tiene que dignificar la relación que se ha tenido. No solo porque el otro se lo merece, también uno se merece estar a la altura de la relación. Es un mal momento, pero hay que pasarlo.

    Embarcarse en tener una nueva relación sentimental merece toda nuestra atención. Para que eso pase y tenga una oportunidad hay que ser constante, entregarse, “estar en esa relación”.

    Mandar un mensaje, por más emojis nuevos que se sumen, incluido el mate algún día, no reemplaza el diálogo, la conversación, el decir. Poder expresar.

    Me daría mucha pena que algún día alguien me dijera: “discúlpame, no me sale la palabra”, y me mande un emoji...

     

    (*) Psicóloga – fundadora de Consulta Online

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