24 Mar. 2019 | 07:57
24 Mar. 2019 | 07:57
Heridas íntimas a flor de piel

Guerreras, historias de resiliencia

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  • La fotógrafa Eleonora Ghioldi reunió más de 40 testimonios sobre violencia sexual, que van desde el acoso callejero hasta el feminicidio. La exposición puede visitarse en la Usina del Arte y en el Senado de la Nación.

    Una exposición movilizante.
    Una exposición movilizante.

    CAPITAL FEDERAL (ANDigital) La fotógrafa argentina Eleonora Ghioldi usó su cámara para que las mujeres que sufrieron abuso sexual tuvieran un espacio de escucha en el cual dar testimonio de sus experiencias, y servir como puente entre ellas y el espectador.

    El resultado es la muestra Guerreras - Historias de resiliencia, historias desde California hasta Buenos Aires, pasando por México. Incluye componentes de audio, entrevistas, testimonios e instalaciones.

    “He abordado este proyecto principalmente como un observador que espera brindar un lugar para escuchar voces e intentar avanzar hacia la comprensión de los orígenes de los actos de violencia sexual”, dice la fotógrafa.

    Y resalta que “a través del boca a boca, encontré mujeres valientes que me han ofrecido sus historias como sobrevivientes de abuso sexual”.

    “Me permitieron fotografiarlas en sus casas, lo que generó retratos ambientales íntimos que capturan su individualidad, vulnerabilidad y fortaleza”, reflexiona.

    De este modo, reunió más de 40 testimonios sobre violencia sexual, que van desde el acoso callejero hasta el feminicidio. Las fotografías de adultas en sus entornos cotidianos, o bien primerísimos planos de sus rostros, muestran el hoy de mujeres que han sufrido violencia sexual, ellas mismas o sus hijas, víctimas de femicidios.

    Debajo de cada imagen, en un texto escrito por cada una de las fotografiadas, o bien en un audio que puede escucharse con los auriculares que cuelgan a un lado de la foto, cada una comunica cuál fue la herida que le infligieron o se dirige al ser querido a quien perdió, o a su agresor.

    Los títulos de las obras consisten en el nombre de la mujer, la edad que tenía cuando tuvo esta experiencia y su vínculo, si lo había, con su agresor o agresores (de lo contrario, figura como “desconocido”).

    En los casos del retrato tipo “foto carnet”, debajo de cada una hay un epígrafe de una sola palabra: “miedo”, “endurecida”, “fortaleza”, “vulnerabilidad”, “sobreviviente”. Esta palabra fue elegida por cada retratada para representar lo que sentía.

    El retrato y el testimonio escrito con la propia letra de cada retratada en el marco blanco de la foto, “ensuciando” y dejando una sensación de que algo está mal, de que habría que borrarlo, invitan al espectador a hacer el camino hacia adelante y hacia atrás ¿Imaginarías que esta mujer madura, graduada en Harvard, sentada descalza y tan tranquila en un sillón de su casa entre dos bibliotecas, fue abusada entre los 8 y los 12 años de edad por su propio padre? Y, ahora que lo sabés, ¿podés imaginarte cómo fue su camino hasta convertirse en ésta que estás viendo, que mira a la cámara con una semi-sonrisa y le dice a su abusador “prosperé a pesar de ti”?

    Es uno de cuarenta testimonios que componen la muestra, en la cual no faltan los “te perdoné y seguí adelante”, ni las madres que les desean a sus hijas desaparecidas de Ciudad Juárez que Dios las acompañe donde sea que estén, o se dicen seguras de que se reencontrarán en el más allá celeste. Incluso es probable que la muestra acompañe al visitante cuando éste salga del Museo Evita y empiece a mirar otros rostros de mujeres que van caminando por la calle igual que cualquier otra, sin que nada la distinga ni en su aspecto ni en su actitud: “¿ella también tiene una historia así?” Es harto probable: las estadísticas indican que una de cada cinco mujeres y uno de cada trece hombres ha sido víctima de violencia sexual.

    La muestra también incluye entrevistas en video a profesionales especialistas en violencia de género, que enmarcan esta problemática académicamente, reflexionando sobre sus raíces y manifestaciones a nivel social.

    Es la manera en que el planteo de Guerreras no se limita al grito de dolor ni a la denuncia –liberadores, pero insuficientes-, sino que intenta sumar un aporte para conceptualizar lo que tan a menudo parece imposible de entender y hasta, para algunos, de creer. “Buscamos abordar temas como la relación de la violencia sexual con la desigualdad de género, el patriarcado, el sexismo, el capitalismo y la globalización”, señala Ghioldi.

    Finalmente, un apartado deja constancia del momento en que la herida íntima entra en el carril institucional: una pequeña instalación con los medicamentos e instrumental médico que componen el kit de violación que se utiliza por protocolo cuando una víctima de violación llega a un hospital, así como parte de los formularios que deben completarse por ley. Esto plantea interrogantes sobre la violencia institucional sufrida en el sistema de salud.

    Cabe reseñar que Guerreras nació hace siete años, cuando Ghioldi y tres amigas compartieron sus experiencias personales de violencia sexual.

    Formada en fotografía en los Estados Unidos, Ghioldi decidió poner su arte al servicio de la ilustración de esta índole de historias, proporcionando un espacio para que las “guerreras” desoyeran el mandato de callar y comunicaran esas experiencias. “Todas las mujeres que forman parte del proyecto son amigas de amigas”, destaca Ghioldi y completa: “la idea fue siempre establecer una red de confianza y tejer una escucha activa de interés y transformación”.

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    Guerreras, historia de resiliencia

    Desde el 9 de marzo en la Usina del Arte – Espacio Creativo (Agustín R. Caffarena 1, La Boca) - martes a jueves de 14 a 19 horas y viernes, sábados y domingos de 10 a 21 horas.

    Desde el 12 de marzo en el Senado de la Nación, Salón de las Provincias (Avenida Hipólito Yrigoyen 1851) de lunes a viernes hasta las 21 horas.-

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