17 Nov. 2019 | 19:04
17 Nov. 2019 | 19:04
Salud

Uveítis, una enfermedad poco frecuente que afecta a casi 300 mil argentinos

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  • Es fundamental obtener un diagnóstico en el corto plazo desde la aparición de los primeros síntomas porque si no es tratada a tiempo, puede causar serias complicaciones como cataratas, glaucoma, desprendimiento de retina e incluso ceguera.

    Entre el 70 y 90 % de los casos sucede entre los 20 y 60 años de edad.
    Entre el 70 y 90 % de los casos sucede entre los 20 y 60 años de edad.

    CAPITAL FEDERAL (ANDigital) La uveítis es una inflamación de la parte interna del ojo que causa malestar y dolor en el paciente.

    Existen dos grandes grupos: las uveítis infecciosas y las autoinmunes (o no infecciosas). Las primeras son difíciles de diagnosticar, pero su tratamiento suele ser por un período corto, en comparación con las autoinmunes que pueden volverse crónicas y requerir tratamiento por años, y hasta de por vida. Dependiendo de a qué parte interna del ojo afecte se subdividen en: anterior, intermedia, posterior y panuveítis .

    Si bien no existe un registro de la cantidad de afectados en nuestro país, si se extrapolan los datos de prevalencia mundial, casi 300 mil argentinos podrían desarrollar uveítis.

    Se presenta en una edad en la que los pacientes están en el período más activo de su vida profesional y laboral. Entre el 70 y 90 % de los casos sucede entre los 20 y 60 años de edad, y en la mitad de los pacientes se inicia entre la tercera y cuarta década de la vida.

    Entre los principales síntomas se encuentran la “disminución de la visión, ojo rojo, fotofobia, visión de flotadores o neblinas, y dolor en el globo ocular”, enumera el doctor Pablo Franco, jefe del Servicio de Uveítis del Hospital Oftalmológico Santa Lucía y Jefe del Grupo Argentino de Uveítis (GAU).

    Pese a que las molestias del ojo son fácilmente reconocibles, la consulta a veces no es inmediata, lo que retarda el inicio del tratamiento cuando la inflamación ya está avanzada.

    “Lo que sucede muchas veces es que si bien el paciente reconoce el malestar tarda en ir a la consulta con el profesional médico; incluso, muchos acuden a un médico generalista, que lógicamente no está entrenado en esta patología, motivo por el cual el diagnóstico y tratamiento puede demorar su inicio”, explica el especialista.

    Y sintetiza: “a veces se llega tarde a la consulta porque los síntomas pueden confundirse con otras molestias como ojo seco, conjuntivitis, o mismo cansancio y dolor de cabeza después de un día de trabajo”.

    Existe un momento en el que, si la persona es diagnosticada, tiene mejores probabilidades responder al tratamiento. Los especialistas lo llaman “ventana de oportunidad del tratamiento”, refiriéndose a las dos o tres primeras semanas siguientes al inicio de la inflamación.

    “Es el momento inmediatamente posterior al inicio de la enfermedad, momento en el que aún no se sabe bien qué la produce. Si la persona es diagnosticada dentro de este período hay mejores posibilidades de tratarla y evitar complicaciones en el futuro”, prosigue Franco, quien además remarca que “el éxito del tratamiento de la uveítis depende en gran medida del diagnóstico temprano y el inicio rápido del tratamiento. El tratamiento correcto, más allá de reducir molestias y dolores, evita la recurrencia y esto es fundamental ya que con cada recurrencia crecen las posibilidades de tener complicaciones”.

    La falla o retardo en el diagnóstico, tratamiento y controles insuficientes son una causa importante de discapacidad visual y ceguera potencial. Como consecuencia, el paciente puede presentar complicaciones como: glaucoma, cataratas, desprendimiento de retina, edema macular y membrana neovascular, las cuales llevarán a una pérdida de visión transitoria o permanente (ceguera).

    La inflamación intraocular puede generar complicaciones en más de la mitad de los casos, ocasionando un déficit visual severo en el 35 % de los pacientes afectados.

    La pérdida de visión causada por la inflamación y/o por sus complicaciones, aumentará los costos de la enfermedad para el paciente, su obra social y el sistema de salud. Estos costos serán directos como, más medicación, más tiempo de tratamiento, cirugías, interconsultas con otros especialistas y costos indirectos como lucro cesante, disminución en la productividad, pérdida de habilidades y capacidades para conducir, leer y escribir. Esto puede causar en el individuo un retiro laboral anticipado.

    La uveítis tiene tratamiento y en muchos casos se logran disminuir los síntomas y mejorar notablemente la calidad de vida del paciente. Si bien por el momento no existe una cura para esta enfermedad, existen nuevas opciones terapéuticas para acompañar a los pacientes.

    “Los tratamientos biológicos actúan más específicamente y logra en un alto porcentaje disminuir la inflamación ocular. El objetivo del tratamiento siempre es mejorarle la calidad de vida al paciente, evitar o disminuir cuanto sea posible las molestias y controlar la salud del ojo a lo largo de los años. Trabajamos para acompañar a todos los pacientes, aún a aquellos que hayan logrado remisión de su uveítis, debiendo controlarse toda su vida”, concluye el médico. (ANDigital)

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