24 Jul. 2019 | 05:35
24 Jul. 2019 | 05:35
Opinión

20 de Junio de 1949, a 70 años de la declaración de gratuidad de la enseñanza universitaria

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  • Además de conmemorarse un nuevo año del fallecimiento de Belgrano, aquél abogado que se transformó a la fuerza en General para luchar por la emancipación, también es una fecha significativa para las universidades nacionales. Un breve repaso.

    Por Carlos Ciappina (*)

    El 20 de Junio de 1949 se conmemoraba un nuevo año del fallecimiento de aquél abogado que se transformó a la fuerza en General para luchar por la emancipación: Manuel Belgrano. En ese día – y aún hoy- se conmemora el Día de la Bandera, por ser Belgrano, en el contexto de la guerra independentista quien creara una bandera para diferenciarse de los ejércitos realistas. 

    Pero también es una fecha significativa para las universidades nacionales.

    En aquella celebración de 1949, dirá el presidente Juan Domingo Perón : “En los comienzos de mi presidencia después de más de un siglo de olvido, di cumplimiento a los deseos de Belgrano de resignar recompensa en dinero que le acordara el prócer al gobierno, invirtiendo los fondos necesarios para construir una escuela, como él lo dispusiera, en la ciudad de Tarija…..Interpretando sus ideas y sentimientos, que lo impulsaran a destinar sus bienes y recompensas para construir escuelas en la rudimentaria comunidad Argentina de su tiempo, deseo anunciar que desde hoy quedan suprimidos los actuales aranceles universitarios, en forma tal que la enseñanza sea absolutamente gratuita y al alcance de todos los jóvenes Argentinos que anhelan instruirse para el bien del país. Para honrar a los héroes nada mejor que imitarlos”.

    Las universidades argentinas eran –en ese 1949- todas (Buenos Aires, Córdoba, Cuyo, La Plata, Tucumán y Del Litoral) públicas y aranceladas.

    Las universidades argentinas habían sido –desde hacía décadas- el espacio de formación de las elites. En la Argentina oligárquica; abogados, contadores, médicos, ingenieros surgían de las clases acomodadas y eran, además de su ejercicio profesional, las personas que luego se incorporaban a la conducción política del Estado.

    También habían sido –sobre todo en el interior (Córdoba, Tucumán, Litoral y La Plata)- ámbitos de inmovilismo académico y permanencia de contenidos y posturas conservadoras.

    La reforma Universitaria de 1918 –asociada a la renovación y democratización del país encabezada por el radicalismo Yrigoyenista había logrado conmover las cátedras y a las autoridades universitarias. Habían logrado –los estudiantes- crear e incorporarse al co-gobierno universitario y habían iniciado un movimiento de renovación académica de carácter latinoamericanista. Pero no habían removido el principal obstáculo para el acceso popular y masivo a la Universidad: el arancel universitario.

    Cuando el peronismo llega al poder y comienza a transformar la realidad económico-social de la argentina, las Universidades continuaron con su política de ingreso tradicional; o sea, la persistencia de la Universidad paga con un arancel.

    Pero, ¿cuánto era ese arancel en el contexto de 1940? ¿Era realmente un obstáculo?

    Podemos intentar un cálculo aproximado: el arancel anual (que incluía derechos de matrícula, derechos de enseñanza, certificados de estudio y derecho a rendir materias) de la Universidad de Buenos Aires era de unos 300 pesos anuales promedio. Decimos promedio porque no todas las carreras valían lo mismo: medicina y derecho por ejemplo eran las más caras y las de las profesiones no-liberales menos costosas.

    El salario de una docente promedio en Capital Federal era en ese 1940 de 310 pesos. De modo que si una docente quería enviar a su hijo a la Universidad debía resignar –sólo para estudiar, sin contar gastos de alojamiento, vestimenta y alimentación- un sueldo mensual por año. Y ese gasto se duplicaba si eran dos los hijos.

    Lo mismo ocurría –aún peor-si el que quería enviar su hijo a la Universidad era un obrero: el salario mensual promedio de un obrero calificado en 1940 era de 247 pesos.

    Si a los exiguos salarios les sumamos los gastos de alquiler queda claro por qué las universidades argentinas en esos inicios de la década de 1940 seguían siendo un espacio restringido sólo para unos pocos. Los/as trabajadores no podían enviar a sus hijos a la enseñanza superior universitaria.

    Ese discurso de 20 de junio de 1949 lo modificó todo. El presidente de la República prometió la gratuidad de la enseñanza y con el decreto 29337 del 22 de noviembre de 1949 estableció la gratuidad de la Enseñanza Universitaria de grado en todas las Universidades del país; y lo hizo con retroactividad al 20 de junio de ese año.

    ¿El impacto de la medida?

    Para entender el impacto de la medida baste con decir que el total de estudiantes universitarios en la Argentina de 1945 (antes de la asunción de Juan Domingo Perón) era de 47.000. En el año 1955 (año del golpe de Estado oligárquico contra Perón) los estudiantes universitarios eran 138.000 personas. ¡Un incremento de la matrícula universitaria del 200%!

    Y ya no hubo marcha atrás. A partir del peronismo, la enseñanza universitaria estuvo abierta a todas/os los hijos/as de los/as trabajadores. La Universidad pública se volvió así, masiva.

    Hoy, a 70 años de la gratuidad, y cuando las máximas autoridades políticas de la república llevan adelante políticas económicas y públicas que impactan en las universidades ´nacionales fomentando la exclusión, la limitación del ingreso y permanencia de los/as estudiantes, aquella declaración de 1949 nos propone continuar la lucha por una Universidad cada vez más inclusiva, popular y masiva.-

    (*) Historiador. Docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

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