22 Oct. 2019 | 15:38
22 Oct. 2019 | 15:38
Opinión

Un nuevo y “desdibujado” uso del paro nacional docente

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  • En un año signado por el cierre temprano de paritarias en la mayoría de las provincias, el conflicto en una provincia deja sin clases, por segunda vez en lo que va del mes, a todos los niños del país. Julio Durand, especialista en Educación de la Universidad Austral, insiste en los perjuicios del mal uso de la medida de fuerza.

    El anuncio de la huelga.
    El anuncio de la huelga.

    Por Julio Durand (*)

    El país tuvo un trimestre sin paros nacionales de junio a agosto, luego de que la mayoría de las provincias logren cerrar paritarias en forma temprana en relación a 2018, según se desprende del Informe del Conflicto Docente 2019, elaborado por la Escuela de Educación de la Universidad Austral.

    El paro de este jueves 19, originado en el accidente que tuvieron dos docentes de regreso de un plenario y movilización, y el paro nacional del 5 de septiembre último -en respuesta a los actos de violencia que se produjeron también en Chubut- se convierten en los dos únicos paros que afectaron a las escuelas de la mayoría de las provincias argentinas durante este mes.

    Sólo se produjeron paros provinciales en Santa Cruz, que decretó un paro de 48 horas, para miércoles y jueves, y en la propia Chubut, que lleva 15 días de paro en la provincia en lo que va del mes.

    Con 47 paros docentes en este año, Chubut lleva la delantera en cuanto a cantidad de paros en las provincias, además de constituirse en desencadenante de la vuelta del conflicto a la escena nacional.

    La ya dramática situación en Chubut se ve ahora agravada por un desgraciado accidente y la respuesta vuelve a ser el uso desdibujado de una herramienta que debería ser el último recurso y que se viene usando indiscriminadamente desde hace años.

    El conflicto con el incumplimiento de paritarias en Chubut es un claro ejemplo de irresponsabilidad populista: ganar elecciones con promesas incumplibles, generando caos y deterioro social.

    Los docentes fallecidos merecen respetuoso duelo en los establecimientos educativos y no la manipulación del hecho para ejercer presiones y hacer un uso político de los acontecimientos.

    No corresponde dejar a los niños y niñas de todo el país sin clases y transmitir un mensaje confuso y desvirtuado.

    Se sigue potenciando el impacto político y de campaña partidaria del conflicto, en lugar del privilegio del lugar de los niños y su derecho a la educación.

    Los dirigentes sindicales no asumen el compromiso ante la sociedad de no dejar a los chicos en la calle sin clases y de elaborar otros medios para hacer escuchar sus legítimos reclamos.

    Toda la sociedad debería reclamar a los candidatos a las próximas elecciones, nuevas estrategias de anticipación al conflicto docente, sobre todo teniendo en cuenta que el tema educación viene siendo postergado y relegado de sus agendas.

     

    (*) Investigador del Centro de Investigación en Política Educativa y Educación Superior - profesor titular de Administración y Liderazgo Educativo - Investigador del CIPEyES - director de la Maestría en Dirección de Instituciones Educativas, Escuela de Educación de la Universidad Austral.-

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