10 Aug. 2020 | 08:04
10 Aug. 2020 | 08:04
Proyecto documental

La épica de los bares poco notables

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  • En “La ruta del café con leche”, Martín Paladino y Edgardo Kevorkian recorren buena parte de la identidad cultural porteña. Historias de vida, entrevistas, información gastronómica y un registro fotográfico con el foco puesto en la singularidad de cada lugar. Ante ANDigital, coinciden: “lo sentimos como un lugar de pertenencia”.

    La ñata contra el vidrio.
    La ñata contra el vidrio.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) En tiempos de un sinfín de variedades y sabores excéntricos de café, la Guía azarosa de bares pocos notables se propone como una simple reivindicación al viejo cafetín de barrio, aquel que forjó amistades, amores y proyectos.

    La ruta imaginaria, trazada casi por el azar, recorre también gran parte de la identidad cultural y la bohemia de -en primera instancia- la Ciudad de Buenos Aires.

    “No somos somelliers de café ni críticos gastronómicos, pero nos une el placer de sentarnos a compartir en una mesa de un bar”, introducen los creadores de esta guía, el baterista y periodista Martín Paladino y el fotógrafo y diseñador gráfico Edgardo Kevorkian.

    El mapa nos lleva por barrios y visita zonas de distinta fisonomía, pero con un denominador en común: los mozos suelen tener gestos adustos y palabras cortantes; los habitués a veces se expresan casi con la mirada y por lo general sobrevuela en cada espacio esa extraña sensación de que las horas no avanzan.

    “Sentimos al bar, principalmente al de barrio, como un lugar de pertenencia. Allí donde estamos cómodos y con el cual nos sentimos identificados. Que el mozo te conozca o que la persona encargada de la barra ya sepa lo qué querés, son detalles que en otras propuestas no están tan a mano”, dice Edgardo en diálogo con ANDigital.

    “Al cielo le pondría canchitas y un par de bares, porque en el bar estás en tu casa y a la vez estás balconeando la calle”, decía el Negro, Roberto Fontanarrosa y Martín suscribe y aclara categóricamente: “no intentamos romantizar la dejadez o algo melancólico, no es esa la búsqueda”.

    “Empezó con la idea de un libro, pero le dimos vida al Instagram, son dos mundos que pueden convivir, inclusive se pueden generar otros contenidos como videos. Hay miles de cosas dando vuelta sobre bares pero encontramos esta mirada desde otro lado, una cuenta que tiene mucha información e historias de vida”, añade Paladino, baterista de la banda de Pablo Sbaraglia, quien fue el nexo de contacto con Kevorkian, una de las lentes fotográficas más agudas del rock nacional.

    Justamente el fotógrafo asevera: “es bueno revalorizarlos y darles un lugar en parte de la cultura porteña. Una buena oportunidad para no dejarlos desaparecer y darle un encuadre documental al proyecto, atravesado por alguna historia, porque allí suceden muchas cosas, para nosotros tiene mucho valor y por eso nos aventuramos en este libro”.

    A la espera de la reactivación del sector en medio de una “angustiante” realidad, ambos aguardan con avidez la reapertura de estos cafetines. Se destaca de todos modos el intento de muchos para seguir brindado servicios a sus clientes con la modalidad para llevar (pena capital para quien al llamar consulte si tienen “take away) y hasta ofreciendo algún amigable menú por la noche.

    “Varios se están adaptando a los tiempos que corren, mejorando el café, sin llegar a ser de especialidad, claro, pero le están dando más bola al grano, a la máquina y a la materia prima en general”, completa el músico.

    Para ellos, y tanto otros, no importa la hora, no importa el lugar, sentarse en la mesa de alguna de estos bares puede ser considerado como una declaración de principios, un acto de homenaje a lo que fuimos y a lo que seremos. En suma, una Guía que se consolida también como un tratado para salvaguardar este patrimonio inmaterial: la cultura del bolichito. (ANDigital)

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