23 Nov. 2020 | 16:12
23 Nov. 2020 | 16:12
Salud & Nutrición

“Ambiente obesogénico”, el peligro en casa

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  • Se trata de aquellos hogares donde predominen los alimentos ultrapocesados, donde comer es un trámite y donde prevalecen las pantallas en lugar del juego activo ¿Qué hacer para saldar esta deuda pendiente con el bienestar?

    Bomba de tiempo.
    Bomba de tiempo.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) En el Día Mundial contra la obesidad se busca concientizar a la población acerca de este mal epidémico, que es madre de muchas otras enfermedades crónicas no transmisibles y que representa uno de los mayores desafíos para la salud pública a nivel mundial.

    Una buena alimentación y la reducción del sedentarismo son las claves para prevenir el aumento de peso desde la infancia. Pero, ¿qué podemos hacer individualmente para evitar el exceso de peso?

    Como en toda gran batalla, los pequeños cambios también hacen la diferencia. En esta nota te proponemos ideas para sumarte a esta movida desde tu casa y con tu familia.

    Declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedad, la obesidad representa un grave problema de salud pública en todo el mundo, con cifras que podrían crecer de manera alarmante de no establecerse bases firmes para prevenir el aumento de peso desde la infancia.

    Según los expertos el punto de partida debe ser la promoción de hábitos alimentarios saludables y un estilo de vida que incluya más movimiento, en una época en la que las pantallas están captando toda nuestra atención, sobre todo la de los más jóvenes.

    Por eso, más allá de las medidas que adopten los estados y de los programas de educación alimentaria, la adopción de hábitos saludables debe empezar en cada casa, en cada familia.

    De acuerdo a lo reseñado por la licenciada en Nutrición Jacqueline Schuldberg, miembro de AADYND (Asociación de Nutricionistas de Argentina) y del Comité Ampliado Comisión Nutrición SAP (Sociedad Argentina Pediatría), “la obesidad y el sobrepeso se definen en pocas palabras como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.

    En otras palabras, la causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas, aunque también puede llegar a existir una predisposición genética a la enfermedad.

    El mayor problema es que, tal como advierte Schuldberg, “el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, entre las que se incluyen la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer”.

    Esto quiere decir que la obesidad tiene la capacidad de desencadenar nuevas patologías. Por eso, si se previene, también se evita el desarrollo de estas.

    La obesidad en los adultos es muchas veces consecuencia de la infantil. Por eso atacarla desde temprano es la mejor estrategia. Los niños con obesidad pueden tener problemas de salud que antes se consideraban exclusivos de los adultos, como diabetes, presión arterial alta y colesterol alto.

    La obesidad infantil también puede generar baja autoestima y depresión, como explica la doctora Victoria Cavoti (MN 111 677), patóloga con formación perinatal de una maternidad publica y dos sanatorios de alta complejidad de CABA: “como médica sanitarista, al ver un niño o niña con sobrepeso, observo por un lado la punta de iceberg (el bullying, la incomodidad al moverse, al encontrar ropa cómoda y canchera, el aislamiento social con su grupo de pares), pero también la base (hipertensión arterial, riesgo cardiaco, dislipemias -alteración del colesterol-, afectación osteoarticular y diabetes”.

    Y agrega que otra causa de obesidad es el ambiente obesogénico. “¿Qué es un ambiente obesogénico? Un hogar o una familia donde predominan los ultrapocesados (snacks salados, salchichas, tortas de cajita, postres, caramelos, alfajores, bebidas azucaradas, azúcar, medallones de pollo congelados, etcétera), comidas rápidas, donde comer es un trámite y donde prevalecen las pantallas en lugar del juego activo”, señala la médica que, desde su cuenta de IG, brinda herramientas para volver a la cocina un ambiente educativo, amoroso y saludable y propone ir desarmando de a poco estos entornos que entorpecen el crecimiento sano de los más pequeños.

    La prevención es el camino

    Respecto de cómo prevenirla, Schuldberg señala que en principio es necesario trabajar, desde la educación alimentaria, con políticas públicas y promoviendo en la población el control de la salud, y desde casa, estimulando el consumo de alimentos variados y en porciones adecuadas para cada edad.

    En este sentido, el etiquetado frontal, que está en pleno debate, es una estrategia que puede contribuir a una elección consciente de los alimentos, con toda la información que se necesita para la toma de decisiones.

    “Un etiquetado ideal será difícil de encontrar. Pero no es imposible. El objetivo sería encontrar un ´sistema´ que integre o logre un equilibrio entre la matriz del alimento y el nutriente crítico no recomendado (ácidos grasos saturados, sodio y azúcares). Cualquier sistema adoptado deberá contar con un apoyo, desde la educación alimentaria a la población para que aprenda a interpretarlo”, indica la nutricionista.

    ¿POR QUÉ ES URGENTE LA LEY DE ETIQUETADO FRONTAL?

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    Publicada por Ley de Etiquetado YA en Martes, 10 de noviembre de 2020


    Y recalca: “si la población aprende a elegir alimentos con buena matriz, con alta densidad de nutrientes y menores nutrientes críticos, por default elegirán mejor y podremos esperar mejores resultados en las próximas encuestas de salud y factores de riesgo en Argentina”.

    Otro aspecto a tener en cuenta es la microbiota (exflora intestinal), que hoy se sabe puede prevenir el desarrollo de obesidad.

    “Las personas que realizan una alimentación variada y completa, sean vegetarianos o no, suelen tener una microbiota mucho más saludable ya que reciben los nutrientes y microorganismos que estimulan el desarrollo de la microbiota intestinal y presentan menores índices de sobrepeso y obesidad”, contextualiza Cavoti.

    Y abunda: “esa microbiota intestinal sana nos protegerá del ingreso de microorganismos malos (o patógenos) y disminuirá la probabilidad de enfermarnos. En una microbiota intestinal sana se realizan procesos que facilitan la salud como la digestión de carbohidratos, protección a nivel inmunidad, síntesis de hormonas y vitaminas. Cuando existe un disbalance o disbiosis aparecen enfermedades como la obesidad, el síndrome metabólico o el síndrome de intestino irritable, entre otras”.

    Luego la cataloga como “una gran vedette”, pues “nos permite absorber en forma correcta nutrientes y forma parte protagónico del sistema inmunológico. La microbiota está feliz y robusta cuando tiene a su alcance pre y probióticos”.

    “Prebióticos que alimentan a nuestro microbiota (frutas y verduras de estación en especial banana, cebolla y manzana, avena y cereales de grano entero) y probióticos, que permiten incorporar nuevas bacterias intestinales buenas a las que ya tenemos, para diversificar y robustecer nuestra microbiota (probióticos en galletas, smoothies, jugos y más o yogures con probióticos que llevan más de 30 años en las góndolas de los supermercados)”, añade.

    “¿Cómo los reconozco? Leyendo las etiquetas, donde debe decir ‘contiene probióticos’ o ‘con probióticos naturales’ o incluir en la lista de ingredientes dos bacterias con altísima evidencia científica de ser beneficiosas para nuestra salud que son la L.Caseii y la Bifidobacterium Lactis”, completa.

    En tercer lugar es importante combatir el sedentarismo. Las escuelas y las familias deben promover la actividad física, sobre todo en época de pandemia, donde las pantallas se multiplican y reemplazan el contacto con la naturaleza, el esparcimiento al aire libre y los juegos recreativos que implican movimiento. Proponer la práctica de deportes con pares, caminatas al aire libre o bicicleteadas en familia, siempre respetando los protocolos vigentes, es una buena manera de abandonar el encierro y la quietud.

    Para Schuldberg, uno de los factores que atenta contra la pelea para frenar la obesidad es la tendencia “a entrar en ciertas grietas o grupos pro o anti determinados alimentos, olvidando que muchas veces lo que genera es más confusión en la población”.

    A lo que Cavoti suma: “tenemos el futuro de la salud de nuestros hijos en nuestras manos. En relación con la alimentación, la consigna es simple: cocinar sencillo, agregar más frutas y verduras de estación, incursionar con las legumbres, armar platos con arroz, huevos y verduras, hacer licuados de leche con onda, helados de frutas y yogur”.

    “Y si hablamos de movimiento, es esencial activar a los chicos con actividades que incentiven el movimiento del cuerpo. Seamos creativos, en la cocina y en lo lúdico. Así criaremos chicos más sanos, que se convertirán en adultos saludables”, remata la profesional. (ANDigital)

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