18 Oct. 2019 | 01:46
18 Oct. 2019 | 01:46
Opinión

Sobre injerencias, genuflexiones y arrugadas

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  • El autor reflexiona sobre las acciones y modos del presidente Mauricio Macri respecto a sus acciones en materia política exterior, y su reflejo al accionar interno. 

    Por Héctor Luis Pomini (*)

    Las relaciones político-diplomáticas constituyen un arte de por sí. Las formas predominan, no menos las palabras empleadas. Se debe tener en cuenta que cada gesto o acción deja una imagen que representa al país. Y del acierto o error en el empleo puede significar un éxito diplomático, un fracaso o el ridículo.

    Una regla de oro es no meterse en asuntos que no le competen y viene como anillo al dedo, el empleo de la injerencia en los asuntos internos de otros países., doctrina muy bien comprendida y ejecutada por el presidente Arturo Íllia. En la reunión del UNASUR, nuestra máxima autoridad patinó en forma al inmiscuirse en problemas propios de Venezuela. La ministra de RREE de ese país, ni lerda ni perezosa, lo puso en su lugar. Nuestro Presidente quedó sin palabras que contestar, al mismo tiempo que su cara estaba más colorada que bragueta de ladrillero.

    No le fue mejor en Davos, repartiendo sonrisas, mendigando una ayuda y arrodillándose frente al FMI. No sólo eso, tener instrucción universitaria no significa ser culto. El papelón frente al ministro Daved Cameron ha corrido como reguero de pólvora. Esto es la comidilla del mundo diplomático y de los periódicos del Reino Unido.

    Sí es dable destacar que hable inglés, sólo un presidente argentino lo hablaba fluidamente, el Dr. Arturo Frondizi. Juan Domingo Perón hablaba italiano y alemán.

    Para completar la trilogía de papelones, ya sabemos que nuestro presidente no concurrirá a Ecuador por su costilla fracturada, lo cual no fue impedimento para viajar a Suiza. ¿Cómo se entiende? Pero, recordemos que el presidente Nicolás Maduro lo esperaba para “ajustar cuentas”. Arrugó como cuero puesto al sol.

    Mucha soberbia con los locales y humildes, y arrodillarse frente a los poderosos. Vale decir que carece entre otras cosas, del roce diplomático necesario, que el dinero y el poder por sí solo no dan, además de una personalidad bastante oscura. La política internacional no es para improvisados, para eso están los diplomáticos de carrera. Todo se puede simplificar con este ejemplo: “No es lo mismo ser toro en rodeo propio que en rodeo ajeno”. Pero aun siendo local, es necesario ser humilde. Me pregunto: ¿No venía con un nuevo estilo?, ¿dialoguista?, ¿en busca de consenso?, ¿humilde?, ¿sincero?, ¿mejor que CFK?

    Me parece que el traje de presidente le queda bastante grande. ¿Qué le parece a usted lector? Tal vez le haga falta un retoque, un cambio de apuntador o de titiritero. Pero al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen. Piense un poco conciudadano (sin miedo).-

    (*) Médico. Columnista colaborador de ANDigital.

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