29 Oct. 2020 | 12:45
29 Oct. 2020 | 12:45
Opinión

El obsecuente encanto de la burguesía (servun pecus)

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  • Una punzante reflexión sobre la reciente visita a nuestro país del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el recibimiento por parte de su par local, Mauricio Macri. Fue una visita, ¿a cambio de qué?. 

    Veamos los antecedentes: en 1910, en el 1er Centenario, la visita de la Infanta Isabel de Borbón; en 1925 la visita del Príncipe de Gales; 1960 fue el turno del presidente Eisenhower; ya en 1964 la visita de De Gaulle; para 1978 la vista de Juan Carlos I y la Reina Sofía… en cada uno de los eventos mencionados la clase dominante sin la prosapia de sangre, sino de nuevos ricos se arremolinaba y rendía pleitesía a los visitantes.

    Días atrás se produjo el encuentro Mauricio MacriBarack Obama. Nuestro presidente mostró su obsecuencia a niveles nunca alcanzados, danzando alrededor del visitante. Haciendo gala de su inglés, el mandatario local se deshacía en deseos de concretar negocios con el Imperio (más o menos “hacé de mi lo que quieras”, rodeado solo de banderas del Tío Sam en la Casa Rosada).

    En política se aplica el principio “doy para que tu des”. Se firmaron acuerdos, ¿a cambio de qué? De sometimiento al mercado, entrega de lo poco que queda, volver a una economía primaria, ser patio el trasero de USA y de nuestra miseria.

    Hay idiotas que todavía creen que nos van a regalar algo. Son relaciones carnales peores que en los 90. El Cardenal Richelieu, primer ministro del Rey Luis XIII expresó: “En política, la traición es cuestión de tiempo”, lo podemos comprobar en nuestra historia. ¡Cuántos panqueques hemos visto en todos estos años! El giro en las RREE se debe a las elecciones ganadas por el PRO que responde a la ciudad puerto: Buenos Aires, aquellas manzanas cercanas a la Casa Rosada, conocida como la City Porteña (léase: bancos, la bolsa mercantil, importadores y exportadores, cerealeras, la Sociedad Rural, la UIA y los medios de comunicación), para ellos el país es un medio para medrar, no les importa en absoluto la industrialización, solo los negocios priman. El Presidente, un puesto menor. Los ciudadanos somos meramente consumidores que pertenecen a un mercado, de los cuales viven y expolian en connivencia con los representantes del pueblo (no todos). Si no se entendió, échele agua y recuerde “si los traidores volaran, no se vería la luz del Sol”. ¿Y de nuestra Patria, qué? Aldo Ferrer proponía: “Vivir con lo nuestro” ¿Por qué no?

    Piense conciudadano, piense.-

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