19 Sep. 2020 | 16:10
19 Sep. 2020 | 16:10
Opinión

Pronóstico: Tiempo tormentoso, pero sin lluvia (de dólares)

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  • Para el autor, la situación económica (con el aumento de la demanda de los comedores y la baja del consumo, entre otros indicadores) solo aproxima tormentas sociales. Duros cuestionamientos a la clase dirigente actual, a la que califica de “resentida”.

    La situación no es buena y están haciendo todo lo posible para que empeore. Las marchas y contramarchas del gobierno no aportan ninguna solución de fondo a la situación que vivimos, sino que mantienen el rumbo (¿cuál?), el camino a través del túnel en dónde la vicepresidenta (Gabriela Michetti) ve una luz al final (¿qué luz?, ¿qué final?).

    La progresiva detención de la rueda económica ya se ve en todos lados, todo el mundo a la expectativa para observar los acontecimientos que se aproximan: las tormentas sociales.

    En nuestro distrito volvieron los comedores escolares, ya no se ven las caravanas de bicicletas, motos y/o autos en dirección a las obras de construcción en nuestra destilería, lo cual se refleja en la baja del consumo en los comercios locales. Aclarando que sólo se realizan compras de alimentos con una menor cantidad y calidad de calorías, que un individuo debe consumir.

    Decir que “los pobres deben conformarse a ser lo que siempre fueron” es un criterio retrógrado, que nos lleva al año 1930. Época en la que para ser atendido en el hospital público había que llevar el carné de pobre, o ser recomendado por algún caudillo conservador o padecer ser vendido como parte de una estancia. Esa manifestación de odio y desprecio solo pueden comprenderse con un motivo: resentimiento.

    Sufrir hambre, frío, coartar la posibilidad de instruirse para poder obtener un empleo mejor remunerado, quien dispone eso muestra la clase de calaña a la que pertenece. Aclaremos que las miserias humanas han existido, existen y existirán, pero parece que solo corresponde achacárselas a las clases menos pudientes, cuando en realidad nadie está exento de ellas.

    Que a un pobre pueda criticársele sus prioridades de compra, es tolerable en parte, dado que aquí la determinación del orden de las necesidades es autónoma. Pero cuestionar que ande bien calzado o vestido, que su nutrición sea buena, o que tenga trabajo… no se puede tolerar. Muchos de los que critican eso no viven en Recoleta o en Puerto Madero, sino en otros lugares menos distinguidos (algunos de ellos dicen ser representantes del pueblo). Podríamos llamarlos “aspirantes a piojos resucitados” o que creen pertenecer a una clase superior (o que aspiran a vivir en lugares bienudos, ¿viste?). La única aristocracia aceptable es la del mérito, cosa de la que están muy lejos.

    Por otra parte, la lluvia de dólares, no se producirá. El cuarto banco más poderoso de los Estados Unidos ha recomendado no invertir en Argentina, lo cual es comprensible. Nadie lo haría en una economía en recesión, como tampoco sin garantías jurídicas. Las únicas inversiones que nos convienen son aquellas en donde se producen bienes de capital que se consuman aquí y parte se exporten, además de reinvertir. Pensar que los poderosos tendrán una conducta filantrópica para con los de abajo, es como esperar un taxi en medio del desierto.

    ¡Despertad! ¡Ellos llegaron para destruir y hacer sus negocios, no les importa la patria, tampoco su gente, como tampoco quienes comparten sus ideales elitistas! Piense ciudadano, ¿no se siente traicionado por muchos dirigentes que se comprometieron a defenderlo?

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