15 Aug. 2020 | 01:29
15 Aug. 2020 | 01:29
Opinión

Alberto, el Nombre del Padre

  •   |  
  • En el marco de la Emergencia Sanitaria dispuesta para el control de la pandemia de coronavirus, una mirada que articula psicoanálisis y política sobre la figura del presidente.

    Lacan introduce el concepto del “Nombre del Padre”, considerando el “Complejo de Edipo” freudiano y más precisamente trazando una continuidad conceptual con la “función paterna”.

    El complejo de Edipo es un concepto central en la teoría freudiana. Tiene una función normativa en la asunción del sexo en el sujeto, como también en su estructura moral y en sus relaciones con la realidad. Freud explica que la función paterna (la denomina función ya que no necesariamente tiene que ser ejercida por el padre real, sino que la puede ejercer cualquier otro) como aquella que corta, limita, separa y frustra el vínculo primordial del niño con su madre. Con este acto introduce al niño en la cultura y la ley. Esta función es ejercida primero por otro que viene del exterior, más tarde será introyectada y funcionará como superyó, instancia psíquica que tiene la función de ordenar el deber ser y el deber hacer. La consolidación de esta instancia es el gran logro que se constituye con la salida del complejo de Edipo.

    Cuando Lacan se refiere al Nombre del padre, está hablando de una función simbólica, regulada por el lenguaje, por las palabras. Sirve como ejemplo de esto la canción de Joan Manuel Serrat, “esos locos bajitos”, cuando dice “…niño que eso no dice, que eso no se hace, que eso no se toca…”. En estos versos se representa como el padre real ejerce su función simbólica.

    El Nombre del Padre debe ser encarnado en una figura que soporte la autoridad de la ley, sin SER la ley, ni PRESCINDIR de ella. Ya que tanto el exceso de autoridad, como su ausencia pueden ser nocivas. Este difícil equilibrio es el que permitirá una estructuración sana del sujeto.

    Por tanto que el Nombre del Padre articula y estructura la realidad del sujeto.

    Y así como nos constituimos en sujeto (dimensión psicológica), también nos constituimos en ciudadanos (dimensión política). Ser un ciudadano significa participar en la vida social, política y económica del lugar en donde vivimos. Además de tener derechos y responsabilidades. Aquí también se juega la figura de la autoridad, como quien articula y estructura nuestra realidad. Al igual que el Nombre del Padre lo hace en nuestra constitución subjetiva.

    Estamos atravesando un suceso excepcional, casi una realidad distópica, la aparición de un virus que está provocando una de las peores crisis sanitarias a nivel mundial en la historia de la humanidad.

    En el marco de esta contingencia, Alberto Fernández, como máxima autoridad política de nuestro país, tomó medidas para disminuir los riesgos de transmisión del virus y por lo tanto evitar sus consecuencias. Decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio para minimizar el riesgo de contagio de la población. Es aquí donde emerge como padre real y potente que encarna la función simbólica de autoridad.

    Alberto Fernández NO es la ley, no es una figura autoritaria. Tampoco prescinde de ella, no es una figura desaprensiva.

    Alberto Fernández encarna la ley en cuanto es su función, soporta la autoridad que le fue conferida mediante el voto popular. Lo hace privilegiando la salud de la población en lugar de privilegiar los intereses de los grandes conglomerados económicos. Postura ideológica diametralmente opuesta a la de personajes nefastos como el presidente de los EE.UU., Donald Trump, el primer ministro británico, Boris Johnson, o el brasileño Jair Bolsonaro, quienes de manera irresponsable ponen en riesgo a las poblaciones de sus países solo por no tomar medidas que puedan perjudicar intereses económicos.

    Vivimos tiempos donde se debe elegir, priorizar entre la salud y la economía. Entre el bienestar general de la población o los intereses de los conglomerados económicos. Esas decisiones que afectan nuestra realidad las deben tomar las autoridades que para eso fueron elegidas.

    Alberto Fernández es claro al respecto: “Una economía que cae, siempre se levanta. Pero una vida que termina, no la levantamos más”.

    Aquí es donde emerge su figura como la de un Padre (simbólico) que no falla (en lo real).-

    volver arriba

    Política

    Economía

    Gremiales

    Municipios

    Interés general

    Policiales y Judiciales