12 Jul. 2020 | 05:37
12 Jul. 2020 | 05:37
Opinión

Pagar creciendo

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  • Los autores efectúan un paneo de la realidad económica que vive el país. En el marco de crisis de la deuda argentina, y en medio de una dura pandemia, plantean lo que se debe hacer de cara a un futuro de desarrollo productivo.

    Carlos Brown y Eduardo Duhalde.
    Carlos Brown y Eduardo Duhalde.

    Por Eduardo Duhalde y Carlos Brown (*)
    Especial para ANDigital

    Desde 1824, con el préstamo de un millón de libras esterlinas de la Baring Brothers solicitado por Bernardino Rivadavia (el dinero nunca llegó y se pagó un siglo después) nuestro país se debate entre el pago o el default. Y, consecuentemente, en la problemática de su permanente endeudamiento.

    Han pasado casi 200 años y mucho no hemos cambiado; nuestro endeudamiento a diciembre del 2019 llegaba al 91 % de nuestro PIB, un número por demás condicionante y preocupante. Podemos, tal vez, consolarnos pues no estamos solos.

    En el mundo, la deuda de los países también es significativa. En el continente americano encabeza el “ranking” EE.UU con el 107 % de su PIB; Canadá con el 89,94 %; Brasil con el 87,89 %. Y si nos trasladamos a Europa podremos ver a España con el 95,5 %; Portugal con el 117,7 %; Grecia 176,6 % o Italia 134,8 %, por dar algunos ejemplos. Es entonces cuando nos surge una pregunta: ¿cuál es la situación de los habitantes de cada uno de estos países con respecto a su nivel de ingresos per capita y nos asombra observar que en ejemplos como EE.UU, Canadá, España, Portugal sus habitantes tienen ingresos de u$s 65.060; u$s 48.000; u$s 31.910; o u$s 23.490, respectivamente, mientras que nuestra renta per capita con relación al PIB es de sólo u$s 9.050.

    Más allá del análisis de la deuda en sí, es necesario saber si nuestro país tiene suficiente capacidad económica productiva para ser diferente a lo que es hoy y generar mejores condiciones de vida. ¿Estamos creciendo de acuerdo a nuestras posibilidades o sólo somos meros pedigüeños internacionales y malos pagadores seriales? Creemos que nunca hemos comprendido el valor productivo de nuestro país y, al margen de las posiciones políticas, sólo hemos sabido ser rentistas sin incrementar el valor de nuestros activos.

    Fuera del discurso simplista, la Argentina podría haber cuadriplicado su actividad productiva con la industria vinculada al sector agroproductivo y haberse lanzado con fuerza a responder a la creciente demanda del Asia Pacífico. Ni qué decir de la actividad minera, subexplotada con relación a nuestros vecinos. La pesca y nuestro extenso litoral marítimo. Las producciones regionales intensivas, olvidadas y castigadas sistemáticamente. La fuerza y el potencial vigor de la industria y el comercio de nuestros aglomerados urbanos. El turismo con su actividad multiplicadora, por sólo dar unos ejemplos, todas ellas actividades generadoras del más genuino empleo digno.

    Nosotros podemos hacerlo, estamos en capacidad, sólo necesitamos un cambio de mentalidad. En los últimos 200 años el endeudamiento del Estado, su pago o su default, nos ha condicionado extremadamente. Han sido muy pocos los períodos donde ello no sucedió y fue ahí cuando crecimos en serio.

    Hoy estamos inmersos en una nueva coyuntura, preocupantemente crítica, pero en esta ocasión sumada a la pandemia internacional del COVID-19. El panorama que se nos presentará en breve, a la salida de la pandemia, es la mayor razón que tenemos para cambiar. Para producir un gran cambio. La prioridad debe ser la producción y la generación de riqueza con justa distribución. Crecimiento económico y pleno empleo. Eso se llama Justicia Social en nuestra doctrina política y en la Doctrina Social de la Iglesia.

    Para alcanzarlo la estructura de los estados nacionales, provinciales y municipales deben estar direccionados en ese sentido. Somos un país federal que funciona unitariamente, debemos transformarnos en un país integrado. Los sistemas impositivos, financieros y logísticos deben priorizar este concepto.

    Suena difícil pero pensemos todo lo que hemos hecho. La producción en la Argentina es un riesgo y debe dejar de serlo. Hoy comenzar una actividad es empezar a pagar y sólo recibir trabas burocráticas; no existen incentivos impositivos que premien la actitud de iniciar un emprendimiento productivo, mucho menos desde el sector financiero. La aventura suele concluir en el abandono o en la actividad clandestina en perjuicio de todos, empezando por sus trabajadores en negro.

    ¿Cómo se resuelven estas cosas? Empezando un día. Claro que si ese día nunca llega, tampoco lo vamos a lograr. Si lo hubiéramos iniciado y continuado como política de Estado hace muchos años, hoy sería diferente. Pero marche preso.

    Podremos pagar o salir de la deuda, podremos evitar el endeudamiento en el futuro o sólo utilizarlo debidamente, pero el principio indiscutible debe ser crecer, producir y trabajar en un país federal, integrado y, como dijimos antes, con el principio de Justicia Social como objetivo.

    Para eso será necesaria una nueva institucionalidad. Si se sigue pensando que un solo partido, aunque obtenga el 51 % de los votos, puede gobernar –y más aún enfrentando y atacando a la oposición, y viceversa–, no saldremos jamás del largo período de decadencia en que estamos. Unirnos todos detrás de un gran programa productivista de largo aliento, con gobiernos de coalición y con leyes que impidan la corrupción en el Estado y que fortalezcan los tres poderes del Estado, tendremos una mejor democracia y una salida definitiva a los males que padecemos.


    (*) Expresidente de la Nación Argentina y exdiputado nacional, presidente y director ejecutivo del Movimiento Productivo Argentino (MPA), respectivamente.

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