05 Jul. 2020 | 04:40
05 Jul. 2020 | 04:40
Bitácoras bonaerenses

La novela de las fugas del massismo y su capítulo extra

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  • Sobre el filo de las elecciones del 25 de octubre, Mónica López plasmó su fuga del massismo para desembarcar en el sciolismo. Se reabre el mercado de pases de la política argentina.

    En el bunker de campaña de Sergio Massa corrían días de mucho optimismo (no el naranja, el massista). Encuestas de distintas consultoras trajeron buenas noticias, el candidato a presidente de UNA se acerca a ritmo acelerado a Mauricio Macri,en lo que ahora es una pulseada mano a mano por el segundo lugar de cara a las presidenciales del 25 de octubre. Los referentes del massismo sonreían con esa buenaventura y más de uno pensaba nuevas chicanas contra el líder del PRO para plasmarlas en gacetillas oficiales o algún que otro tuit. Los sueños de quedarse con el segundo puesto, seguir subiendo y disputar un ballotage con Daniel Scioli fueron las ilusiones que reinaron por esas horas. Un cielo auspicioso a la vista.

    Pero pronto las nubes grises opacarían ese cielo venturoso; sin avisar, las malas noticias caerían sobre la tropa massista y su líder en un nuevo sacudón con signos repetitivos. Si alguien pensó que el trauma de las fugas y los portazos escandalosos eran parte del pasado, se equivocó. La recta final de las elecciones generales presentó una sorpresa (o no tanto), sobre el tablero político. Una nueva balsa huiría de madrugada de las costas massistas para buscar refugio en las sciolistas. El día jueves 1º de octubre, la red social Twitter sacudió sus cimientos con la novedad. Mónica López, actual diputada bonaerense, candidata a diputada por el Parlasur en primer orden y postulante fallida para la Gobernación por el massismo se mostró junto a Scioli; el vicegobernador, Gabriel Mariotto y el jefe de Gabinete, Alberto Pérez en lo que el propio presidente del Senado bonaerense calificó como un “Encuentro con los compañeros del Frente Renovador que apoyan la candidatura de Daniel Scioli”. Mariotto, el ahora hiper-sciolista, tuvo el privilegio de la primicia y, como buen comunicador, no tardó ni dos minutos en mostrar esa postal mediante su cuenta personal de la red social del pajarito. La imagen, esa foto en la que López se muestra con la primera plana del sciolismo, de fondo un enorme cartel azul (el mismo que se usa en la campaña), con la leyenda “Scioli presidente. PJ. Frente para la Victoria”, no dejó de ser sorprendente ni para algún oportunista que haya dicho por algún lado que “se veía venir”. Una fuga plasmada en Twitter.

    El tuit de Mariotto sacudió las redacciones de los portales de noticias, se viralizó y llegó a los ojos de Massa y de todo su equipo. El estupor fue el que reinó en esos momentos. Si bien la relación entre el tigrense y Mónica López estaba distante desde hacía tiempo y la buena onda era cosa del pasado, Massa bramó cólera al ver desde su Blackberry esa foto. Como en toda relación rota –de matrimonio, de noviazgo, de amistad y, en este caso, de política– los afectados se van “ventilando los trapitos al sol”. “Mi intención era disputar, a través de una interna, la gobernación en la provincia de Buenos Aires. Yo no quería que me regalasen nada, si no poder competir políticamente. Pero me enteré que no iba a ser precandidata a través de un programa de televisión”, recordó López cuando empezó a deambular por programas de televisión y radio explicando los motivos de su fuga. En sus argumentos, la legisladora bonaerense dijo que su jugada tiene como objeto lograr que “un peronista gane en primera vuelta” y “evitar un ballotage con Mauricio Macri”. Además, remarcó que observó “un acercamiento muy profundo entre Macri y Massa” y escuchó que “muchos del Frente Renovador decían que en un eventual ballotage entre ambos, votarían por Macri”. Confidencias que dejaron de serlas.

    Es cierto que la legisladora que alguna vez le dijo a la revista Caras que era una “mujer normal” con 240 pares de zapatos y “tres calles” desde hace semanas viene mostrando un distanciamiento de las posturas de Massa, que incluso la llevaron a decir que en un eventual ballotage entre Scioli y Macri “votaría por un peronista”. Pero las rispideces con el tigrense vienen de más tiempo atrás, cuando el Frente Renovador tenía cinco postulantes para la Gobernación bonaerense –entre ellas Mónica López– y era un espacio político con fortaleza. La predilección que Massa mostró por Francisco De Narváez y luego por Felipe Solá como salvataje ante la huida del 'Colorado', provocaron que la legisladora bonaerense se sintiera desplazada e incluso en marzo llegó a decir: “Si yo me corro y me bajo, me voy con todo lo que puse”. Pero esa amenaza se postergó, López no fue precandidata a Gobernadora y durante el cierre de listas no se fue y se conformó con la candidatura a diputada por el Parlasur. Sin embargo –ahora– con su fuga plasmada, López acusó al Frente Renovador de ser “muy misógino”. “Más allá de Marcela Durrieu –la suegra de Sergio Massa y candidata del espacio en San Isidro– no hay mujeres en ese espacio”, declaró la nueva adquisición del sciolismo. Consecuencias de una ruptura.

    A los pocos minutos de conocerse el pase de Mónica López, las miradas apuntaron rápidamente a su marido, el sindicalista petrolero Alberto Roberti, presidente de bloque de diputados nacionales del Frente Renovador. El legislador hizo declaraciones similares a la de su esposa sobre votar por un peronista si es que hubiese un ballotage entre Scioli y Macri, dando a entender que votaría por el actual gobernador. Con los días, Roberti –quizá previendo y conocedor sobre la fuga de su esposa– modificó levemente sus palabras y diagramó: “Yo no votaría otra cosa que no fuera un dirigente proveniente del peronismo, Massa lo es”. Así, el máximo referente de la Federación Argentina de Petróleo y Gas Privado –en una curiosa, extraña y llamativa jugada– ratificó su pertenencia al Frente Renovador. Veamos lo que dijo. “Yo soy el titular del bloque de diputados del Frente Renovador y como tal no tengo novedades en contrario. A menos que me quieran rajar, aunque no creo que eso pueda suceder”, afirmó Roberti en un primer movimiento. “La decisión de ella es personal. Sucede como con la familia Moyano, que no están todos en el mismo espacio”, dijo en su segundo movimiento que deja muchas dudas. Primero, la elección de con qué candidato a presidente comulgar es individual y de cada uno. Sin embargo, el ejemplo de los Moyano (Hugo con Macri y Facundo con Massa), que son padre e hijo, no es homólogo para el caso de Roberti-López, dado que la pareja funcionó de manera simétrica en todas sus decisiones políticas y es sabido que dentro de la política el dormitorio de un matrimonio es el lugar donde se diagraman y definen las jugadas que en el 99,99 por ciento son de los ambos, en bloque. No hay aseveraciones científicas o de jurisprudencia que hagan pensar que Roberti y López sean la excepción que confirma la regla, ni nada por el estilo. Nadie seriamente piensa que la lujosa casa que el matrimonio tiene el country Abril, de Hudson, ahora está delimitado de forma pacífica en el “sector sciolista” y el “sector massista”. La estrategia de un pie en cada plato.

    Por ahora, la reacción de Massa fue hablar de Mónica López sin mencionarla. “Cuanto más látigo y chequera use el Gobierno, más voy a pelear por la Argentina en la que viene”, fueron las palabras del tigrense. La que fue un poco más dura fue la suegra del líder del Frente Renovador, Marcela Durrieu, candidata a intendenta de San Isidro quien, ácida, apuntó: “Scioli o Karina le habrán comprado muchos zapatos”. Desde el Frente para la Victoria, dentro de la política de “recibir a todos los que quieran volver con los brazos abiertos”, las voces fueron de bienvenida para Mónica López. Scioli dijo: “Llegó el momento de optar, lo que está en discusión son dos modelos de país bien diferentes, por eso haremos un esfuerzo en el territorio para que gane en primera vuelta y sea el próximo presidente de todos los argentinos”. Por su parte, Aníbal Fernández, jefe de Gabinete de la Nación y candidato a gobernador, expresó: “Son dirigentes que proceden del peronismo, y en algún momento entendieron que podía haber un camino alternativo. Si ese camino alternativo no lo encuentran, y se dan cuenta que no existe, no me parece ilógico que vuelvan al partido donde iniciaron su gestión política”. Con esa algarabía, en el oficialismo ya empiezan a abrir el libro de pases y anuncian que se prepara una nueva oleada de fugas del massismo hacia el kirchnerismo. Se reabre el mercado de pases.

    Mónica López se anota como otra dirigente política que ostenta en su currículo un nuevo espacio político donde refugiarse: en los 12 años de kirchnerismo, pasó por el denarvaísmo, el massismo y ahora se encuentra en el sciolismo. A Scioli le tuvo que pedir disculpas –según ella misma contó– por las críticas que le hizo durante muchos años y por alguna que otra denuncia judicial que le hizo, que ahora, con el nuevo romance, ya fue hasta Tribunales para retirarlo. El caso de la ahora legisladora sciolista, es uno más de los muchos casos que en esta etapa política surgieron en gran cantidad de dirigentes que migraron una y otra vez de espacios políticos, por oportunismos, equivocaciones, conveniencias o simplemente porque observaron que el barco donde estaban no llega a puerto o el capitán no cumplió con las exigencias que clamaban. De gran parte del arco político que se sumergió en este libro de pases de la política argentina coyuntural, ese mercado que parece tener oferta y demanda, nadie de los que se fugaron puede resistir un archivo. Las apuestas ahora recaen en saber cuánto tiempo durará la estadía de la pareja de López en el sciolismo.

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