05 Jul. 2020 | 16:14
05 Jul. 2020 | 16:14
Bitácoras bonaerenses

La “maldición de los gobernadores” y el gran sendero amarrillo de Vidal

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  • Scioli ganó la elección general pero lejos de sus expectativas y ahora encara el difícil tramo de cara al ballotaje. La sombra de Dardo Rocha y la imposibilidad de que un mandatario provincial llegue a ser presidente asoma sobre su imagen. La embajadora de Macri hizo historia en el terreno bonaerense y rompió con 28 años de hegemonía peronista.

    Cuenta la leyenda que en 1882, año de la fundación de La Plata, una bruja de la localidad de Tolosa echó una maldición a la urbe naciente. Se dice, que la “bruja tolosana” fue contratada por el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca -quien en su feroz interna con el entonces gobernador bonaerense, Juan José Dardo Rocha- quería impedir a toda costa que llegue a la Casa Rosada y poder él buscar nuevamente la Primera Magistratura. Cuenta la leyenda, que la noche de ese 19 de noviembre, la “bruja tolosana” y una turba de enardecidos fueron hasta la actual Plaza Moreno, se posaron sobre la piedra fundacional de la ciudad y en un extraño rito se robaron unas botellas de vino y champaña que habían sido sepultadas con el propósito de que fueran desenterradas un siglo más tarde. La bruja bebió de ese vino, giró sobre la piedra en sentido contrario a las agujas del reloj, lanzó distintos conjuros y maleficios. Según cuentan, la mujer culminó su rito orinando sobre la piedra de fundación de la ciudad. Leyendas urbanas que son parte de la historia.

    Dicen, los que saben, que allí terminó de germinar la denominada “maldición de los gobernadores”, un estigma que no sólo afectó a Dardo Rocha (quien nunca pudo ser presidente), sino también a Oscar Alende, Antonio Cafiero y el caso particular de Eduardo Duhalde, entre otros. En junio de 1999, en esa misma Plaza Moreno, un grupo de entusiastas peronistas que promovían la candidatura presidencial del entonces gobernador Duhalde, realizó una ceremonia de exorcismo para romper con el hechizo comandada por el parapsicólogo, brujo y vidente Manuel Salazar (peronista de cuna, quien justamente era conocido como “El brujo de Duhalde”). El intento de romper la maldición fracasó, en las elecciones presidenciales de ese año perdió las elecciones contra Fernando De la Rúa. Sin embargo, en enero de 2002, “el cabezón” -en medio de la gran crisis económica e institucional que vivía el país-, fue designado por la Asamblea Legislativa para ser el presidente interino del país. La llegada indirecta que no rompió la maldición.

    Hay quienes hurgan más en la historia y observan antecedentes más lejanos sobre esta maldición. Se dice que empezó a plasmarse en 1862, cuando se empezaba a consolidad la República Argentina, con el inesperado triunfo de Bartolomé Mitre sobre Justo José de Urquiza en Pavón. Desde ese año, nunca un gobernador bonaerense pudo ser presidente mediante el sufragio. Otros dicen que nació con Adolfo Alsina, quien tras ser gobernador de Buenos Aires fue vicepresidente de Domingo Faustino Sarmiento en 1868, e intentó llegar a la presidencia después, pero la muerte lo sorprendió en 1878 cuando se candidateaba y terminó con esa posibilidad. Año 2015, 153 años después, la “maldición de los gobernadores” amenaza nuevamente hacer efecto. Esta vez, Daniel Scioli, actual gobernador, es el protagonista de esa leyenda con mescla de conjuros, mitos urbanos y brujerías. Fantasmas que amenazan.

    Estupor, sorpresa, enojo y confusión fueron las sensaciones que inundaron el bunker de Scioli el domingo por la noche tras conocer los resultados oficiales de la elección. Es que ni en sus peores pesadillas el equipo sciolista soñó con tener la mínima diferencia con el candidato de Cambiemos, Mauricio Macri (36,86 a 34,33 por ciento). En sus análisis previos a la elección el objetivo recaía en lograr pasar el 40 por ciento, sacarle más de diez puntos a actual jefe de Gobierno Porteño y fantasear con ganar en la primera vuelta. Pero la realidad pegó y pegó duro, ahora Scioli corre de atrás -pese a haber ganado- y el panorama se torna gris. Macri sorprendió a propios y extraños con el porcentaje de votos alcanzados, ni en sus más frescos delirios imaginaron que la diferencia con el actual gobernador bonaerense sería de tan sólo de 2,53 puntos. El líder del PRO arrasó en Córdoba y Capital Federal, le sacó mucha ventaja a Scioli en Santa Fe y Mendoza, todos estos distritos de peso en el reparto de votos a nivel nacional. Pero sobre todo, de la mano de María Eugenia Vidal, perforó la provincia de Buenos Aires y consiguió -pese a haber perdido 37,13 a 32,92 por ciento- una importante cosecha electoral en el principal bastión del país. Ganó en 81 de los 135 distritos bonaerenses. La ola amarrilla inundó la Argentina.

    “Es una victoria con sabor a derrota”, dijo algún referente sciolista. “Nos dieron una piña y nos están contando, van por 7. Nos vamos a levantar”, pronosticó un intendente de peso de la 3ra Sección Electoral. Aún se viven las secuelas del golpazo del domingo en el equipo naranja, pero la campaña de cara al ballotaje ya comenzó. “No hay dos sin tres, ganamos las PASO, ganamos el 25 de octubre y vamos a ganar ahora el 22 de noviembre”, dijo Scioli en palabras que ahora repite toda su tropa de cara al mano a mano con Mauricio Macri. Las horas corren y ambos candidatos comienzan sus operativos de seducción hacia los votos de los candidatos que quedaron afuera de la contienda (Sergio Massa, Nicolás del Caño, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saá). Pero el gran elector de esta pelea será el tigrense con sus 5.211.705 de votos obtenidos. Quizá la consigna “Massa al ballotage” que quisieron imponer desde su tropa ahora sea una realidad con otra cara, ya que tanto para Scioli, como para Macri esos votos son fundamentales. Pero todo dependerá de cómo cada candidato comunique sus posturas y propuestas de cara a la segunda vuelta. Más allá de lo que cada dirigente pueda hacer o pedir, el electorado será quien discierna su voto. Mientras tanto las negociaciones y rosca política serán uno de los platos fuertes de este tramo inédito de ballotaje que vive la Argentina democrática. Desde el sciolismo ensayaron un acercamiento con referentes massistas, mediante emisarios, al ofrecerle a Roberto Lavagna ser ministro de Economía, propuesta que rechazó de forma categórica (según trascendió y luego se negó). De todas formas, la tropa naranja intentará sobre todo captar el voto peronista desencantado con el kirchnerismo que aglutina Massa, como así dirigentes massistas que no en suban a un posible tren de apoyo de su líder a Macri. De todas formas, Massa tiene más para ganar que para perder y más allá de su papel como “gran elector”, ante una caída de Scioli y peronismo bonaerense, puede erguirse como el nuevo conductor de ese partido político. El juego de opciones sobre la mesa.

    Vidal, la mujer que destronó al peronismo bonaerense

    Porteña, 42 años, actual vicejefa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. María Eugenia Vidal hizo historia el pasado 25 de mayo al convertirse en la primera mujer que gobernará la provincia de Buenos Aires. El “vidalazo”, como calificaron algunos, arrasó en el territorio bonaerense en una elección que sorprendió las propias expectativas de la embajadora de Macri en la provincia. Vidal tuvo un triunfo contundente sobre Aníbal Fernández, no sólo por el 39,4 por ciento sobre el 35,1 por ciento, sino porque arrasó con su victoria en 111 distritos de los 135 que hay en la provincia. Además, Cambiemos aportó a la jubilación de varios “barones del Conurbano” e intendentes del FpV, y ahora tiene en su poder 65 comunas, para el oficialismo quedaron 55 intendencias. La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca, Lanús, Morón, Tres de Febrero, Quilmes, Pilar son algunas de las grandes ciudades que ahora tienen el color amarrillo. Vidal rompió con 28 años de hegemonía peronista en la provincia de Buenos Aires. Tsunami amarrillo en la Provincia.

    Aníbal, derrotado, en su fracaso, atinó a seguir con sus formas de verborragia altanera y echar culpas internas. “Por alguna razón no querían que yo llegara a la provincia de Buenos Aires; a quién le quitaba yo negocios, sería bueno saberlo”, dijo este martes en sus habituales charlas con los medios periodísticos en la Casa Rosada. El lunes, habló de “fuego amigo”, aunque no se explayó en nombres y agregó: “No tengo duda que hubo gente que pateó en contra (…) No me hagan decir nombre de todos los que han colaborado para esto”. Más allá de la extraña autocrítica del actual Jefe de Gabinete de la Nación, lo cierto es que hubo un importante corte de boleta en los distritos en desmedro de su candidatura. Si bien pasó del 21,2 por ciento conseguido en las PASO de agosto al 35,2 de la elección general, sólo retuvo el 87 por ciento de los votos totales -40,3 por ciento- que el FpV (en la interna con Julián Domínguez) logró en las Primarias. Pero también es cierto que Aníbal cometió sus propios errores, pensó que con tener una amplísima imagen de conocimiento le bastaba para ganar en la madre de todas las batallas. No caminó la Provincia como se camina en una verdadera campaña y sólo apeló a raid mediáticos y el anuncio de lo que sería su gabinete que ahora nunca será. Aníbal se probó el traje de gobernador mucho antes de la elección, presentó ministros como si ya habría ganado y hasta concretó reuniones con funcionarios sciolistas para preparar la transición. Pero la realidad pegó duro y en su historial estará el peso de haber perdido la provincia de Buenos Aires en manos de lo que muchos llamaban un “partido vecinalista porteño”. La grieta que se gestó en la feroz interna que mantuvo con Domínguez y las operaciones periodísticas que sufrió por parte del periodista Jorge Lanata ayudaron a su debacle. Aníbal y su mayor sueño incumplido.

    La provincia vive momentos de cambio. Vidal ya anunció que quiere una “transición rápida y ordenada”. Envió gente de su confianza para comenzar a monitorear lo que será el Presupuesto 2016. Scioli ya se comunicó con ella y ordenó a su ministra de Economía, Silvina Batakis, decir que ya “está trabajando en lo que será la transición con la nueva gestión que gobernará el territorio bonaerense a partir del 10 de diciembre” y destacar que "la gobernadora electa se encontrará con una Provincia con equilibrio fiscal, desendeudada y con un sistema tributario progresivo y pro productivo”. La embajadora de Macri de a poco arma su gabinete. Figuran muchos nombres porteños, y no por su lugar de nacimiento, sino porque son funcionarios del Gobierno Porteño. Adelantó la posibilidad de que Jorge Macri sea su jefe de Gabinete. En los pasillos del PRO se dice que Hernán Lacunza, actual gerente general del Banco Ciudad y ex del BCRA, tendría un lugar asegurado al frente de Economía. El peronista Cristian Ritondo es mencionado para el Ministerio de Gobierno, desde donde intentará encauzar la relación con el complejo PJ bonaerense. El ingeniero agrónomo Leonardo Sarquís, director de la consultora Confiagro y exgerente de Monsanto, tendría los números puestos para hacerse cargos de Asuntos Agrarios. Además, para el Ministerio de Seguridad, suena con fuerza Eugenio Burzaco, ex jefe de la Metropolitana. Entre las versiones, también se dice que Pablo Clusellas, apoderado del PRO en la Provincia, podría recaer en la Justicia, en caso de que Macri no gane la presidencia (porque podría ser secretario de Legal y Técnica nacional), aunque también suena para ese lugar el actual procurador porteño Julio Conte Grand. En la conflictiva Dirección General de Cultura y Educación, las fichas se posan sobre el actual funcionario porteño Alejandro Finocchiaro, un abogado que funge como segundo del ministro de Educación de la Ciudad, Esteban Bullrich. A todo esto, se dice que es número puesto Federico Salvai, mano derecha de Vidal, actual legislador porteño y el encargado de armar en la 3ra Sección electoral para el PRO. También suena otra integrante de su mesa chica, la actual ministra de Desarrollo Social porteña, Carolina Stanley. Borrador de Gabinete.

    De todas formas, Vidal tiene por ahora una preocupación más, que Macri se consagre presidente el 22 de noviembre, porque más allá de gobernar un gran provincia donde se tiene que lidiar con gremios docentes y estatales, la Policía Bonaerense y los intendentes, tener un Jefe de Estado de distinto color político sería toda una tragedia.-

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