24 Jan. 2017 | 21:17

Bitácoras bonaerenses

Tambores electorales, bosquejos de unidad peronista y la “pejotización” del vidalismo

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  • El peronismo y los pasos lentos de cara a la búsqueda de su unidad. Vidal y el acuerdo con viejos barones del Conurbano. La carrera electoral ya comenzó.

    El peronismo busca abroquelarse de cara a las elecciones de este año.
    El peronismo busca abroquelarse de cara a las elecciones de este año.

    “Mariu”, los viejos barones y el peronismo ortodoxo

    Mientras cada uno brindaba por la llegada del nuevo año, en varios puntos de la Provincia (también de la Capital Federal), muchos ya pensaban y diseñaban mentalmente los esbozos para el año electoral que comenzó. Se sabe, se ha dicho, que las elecciones de medio término son fundamentales para los Ejecutivos; en este caso son vitales para Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. En la Casa Rosada lo saben, en Gobernación también. “Si no ganamos en la Provincia, vamos a tener problemas en la negociación de leyes (…) Me parece que el triunfo en la provincia de Buenos Aires lo tenemos que garantizar por el bien de todos”, reflexionó el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, viejo conocedor del terreno bonaerense. Ninguna novedad, se sabe que la provincia de Buenos Aires es el terreno donde el Gobierno nacional se juega la elección legislativa y un triunfo es vital para La Rosada. Para ese objetivo, la coyuntural imagen alta que tiene la gobernadora oficia de impulso para transitar ese camino. “Vidal se va a poner la campaña al hombro”, es la consigna que repiten en Calle 6 desde mediados del 2016. Además, dentro de la alianza Cambiemos, desde Gobernación comenzaron a articular las Mesas Seccionales de la mano del ministro de Gobierno, Joaquín De la Torre, y del flamante presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, Manuel Mosca. El armado propio.

    ¿Pero son suficientes todos esos mecanismos? Desde la perspectiva de Vidal y su mesa chica, la respuesta es “no”. Contrario a los pronósticos y augurios, de propios y extraños, MEV no duda en meterse en el barro de la política, no le tiembla el pulso en practicar la realpolitik a la bonaerense. Contrario al “estilo PRO puro”, demostró que sobre la marcha comienza a hacer política y no tiene drama en aliarse hasta con dirigentes más cuestionados de la política. Vidal decidió “pejotizar” al vidalismo. No sólo como una necesidad de estrategia política, sino como una decisión. El desembarco de De la Torre –exrenovador y otrora integrante de la “mesa chica” de Sergio Massa– es parte de ese plan. El intendente de San Miguel en uso de licencia tiene como misión tratar de acercar –bajo el manto del jefe de Gabinete, Federico Salvai– a todos los intendentes peronistas (y no peronistas también) que pueda. De hecho, Cambiemos logró la incorporación de los alcaldes peronistas Ismael Passaglia (San Nicolás), Hernán Bertellys (Azul), el “delfín” de De la Torre Jaime Méndez (San Miguel), Francisco Echarren (Castelli) y los vecinalistas Carlos Berterret (Coronel Pringles) y Adrián Sánchez (Exaltación de la Cruz). Por estas horas, también suena el peronista Walter Torchio (Carlos Casares). Pero, más allá de esa aventura, De la Torre es el enlace para la convocatoria de viejos y añejos Barones del Conurbano, esos que en alguna oportunidad representaban la “vieja política” para Vidal y su tropa. El 23 de diciembre de 2016, para sorpresa de muchos, la Gobernadora compartió un gran acto en José C. Paz junto a exponentes del llamado PJ ortodoxo. Mario Ishii, alcalde anfitrión (alguna vez “caza traidores” al kirchnerismo) y Alejandro Granados, intendente de Ezeiza, posaron con ella, sonrientes, junto a viejos barones y exintendentes como Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), Humberto Zúccaro (Pilar) y el excarapintada Aldo Rico (San Miguel). La “pejotización” hecha foto.

    La novedad, para algunos, fue que estos viejos popes del Conurbano blanquearon y formalizaron su apoyo a Vidal y deslizaron que pueden competir en las elecciones con una lista colectora con el sello de Unión Celeste y Blanco, que alguna vez tuvo Francisco De Narváez y que maneja en la actualidad el ministro de Justicia, Gustavo Ferrari, justamente un exdenarvaísta. Desde hace tiempo, en tertulias a puerta cerradas, realizadas en el mítico restaurant “El Mangrullo”, esta tropa de peronistas ortodoxos (algunos los llaman “los gurkhas peronistas”) viene apuntalando líneas con Gobernación, de la mano De la Torre. El exmassista, ahora devenido en “vidalista”, mantuvo distintos cónclaves con Ishii, Granados, Cariglino, a los que se sumaban otros viejos Barones como Raúl “Vasco” Othacehé (Merlo), Osvaldo Mércuri (Lomas de Zamora) y Baldomero “Cacho” Álvarez de Olivera (Avellaneda) quienes, por ahora, prefieren no figurar en las fotos. Es vox populi dentro del ambiente político que Cambiemos no puede penetrar en el Conurbano, en especial en la poderosa tercera sección electoral, donde incluso Cristina Fernández de Kirchner tiene su mejor intención de voto. Para eso, Vidal y su entorno esperan que el “pejotismo” aportado por los viejos popes sirva para partir al peronismo en su baluarte o, cuanto menos, generarle daño. Un cóctel raro, una mezcla explosiva, pero nada distinto a lo que cualquier otro Gobernador peronista o kirchnerista hubiera hecho. En ese sentido, Cambiemos no modificó los métodos, los aliados y las formas de hacer política en un período electoral.

    El peronismo y otro destello de unidad

    El 2016 fue un año de aprendizaje para el peronismo. El trauma de la derrota del 2015 fue un verdadero cachetazo. Ante un peronismo sin conducción, emergieron los intendentes, los dueños y protectores del territorio, ese que le quedó al peronismo tras perder la Provincia. Muchos aún recuerdan cómo surgieron los distintos grupos de intendentes. Según pudo reconstruir ANDigital, allá por enero de 2016 hubo una cumbre de intendentes de la tercera sección, el único territorio donde el FpV había podido soportar y surfear al huracán Vidal. El presidente del PJ Bonaerense, Fernando Espinoza, y los intendentes Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Fernando Gray (Esteban Echeverría) y Mariano Cascallares (Almirante Brown) analizaban las opciones de un escenario adverso y, sobre todo, la disputa sobre la conducción del peronismo bonaerense. Cuentan que, fiel a su estilo, Espinoza ponía sobre la mesa el hecho de comandar La Matanza, el distrito más grande –por lejos– de la Provincia. Con esa carta negociaba ante los intendentes. “Es la quinta provincia, casi dos millones de habitantes”, repetía el matancero como factor de peso en la reunión. Molestos por la actitud “arrogante” de Espinoza, los tres alcaldes pensaron en la forma de hacer contrapeso a ese discurso. Entonces analizaron y vieron que, en la suma de habitantes de sus tres distritos, llegaban a equiparar el peso que ostentaba La Matanza. Es así que, en la siguiente reunión, comenzaron hablando en bloque. Con los días, y ante la estrategia efectiva, decidieron sumar más intendentes para actuar en bloque y así se fueron acercando Juan Zabaleta, de Hurlingham; Gabriel Katopodis, de San Martín; Leonardo Nardini, de Malvinas Argentinas; Gustavo Menéndez, de Merlo, entre otros. Así nació el primer Grupo Esmeralda. Ante esa jugada, Espinoza no quiso perder influencia y se propuso partir a ese espacio. Convenció a Menéndez, Nardini y otros más a armar otro espacio, junto a la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, y así nació el Grupo Fénix. Los egos, los duelos de cartel entre varios alcaldes y la forma de encarar las relaciones políticas con Vidal también fueron determinantes para la creación de dos grupos. Las internas peronistas.

    Grupo Esmeralda, Grupo Fénix. Luego el Estabo, los Patria, como espacios de intendentes; FpV, Bloque PJ, Bloque Peronista en el Senado; FpV, FpV-PJ, Peronismo para la Victoria-FpV, en Diputados, fueron todas las divisiones que explotaron en el peronismo en el año de asimilación de la derrota del 2015. Para la discusión del Presupuesto 2017 de Vidal, intentaron lograr la tan ansiada “unidad”. Estuvieron cerca, salvo por la votación dividida de La Cámpora, el resto se enfiló. En el Congreso del PJ bonaerense, todos los sectores (inclusive los camporitas) lograron tener apoderados. El partido cimentó doce apoderados con poder de firma (nueve políticos y tres técnicos). Un gran número, sin dudas. Asimismo, habilitó la disputa electoral a resolverse en las PASO. Dato no menor, acordaron que en distritos donde el peronismo es oficialismo se “va a respetar el territorio” y la lista local depende del intendente. No así en los distritos donde se es oposición: allí la posibilidad de múltiples listas está sobre la mesa. En cuanto a las nóminas seccionales, se anuncia una feroz batalla por ubicar nombres. Y en las listas para legisladores nacionales, el peronismo –pese a gustos y disgustos– todavía tiene que esperar qué es lo que va a hacer Cristina. La expresidenta es quien mejor mide dentro del espacio, sobre todo en el Conurbano. ¿Si no es CFK, será Florencio Randazzo? Paradójicamente el exministro del Interior y Transporte no termina de arrancar motores. Irrumpió en el escenario de negociación del Presupuesto pero, sin un éxito notable, al final tuvo que correrse del tablero. Por ahora se muestra de vacaciones en la playa de Valeria del Mar. Muchos dicen que “juega”, otros desconfían y sólo ven amagues y pocas garantías de querer ser el “nuevo conductor del peronismo”. Pero también está el temor de Florencio, a los “carpetazos” que le puedan tirar desde el Gobierno nacional en conjunción con el Partido Judicial. Por su lado, pese a las causas judiciales y al divorcio con el Grupo Clarín, otro que en reuniones con intendentes afirma que será candidato es Daniel Scioli. “Está convencido que va a ser”, resume un alcalde. El peronismo sabe que la unidad es el único camino que puede devolverle el sillón de la Gobernación. Para eso, las legislativas de octubre son la plataforma que necesariamente tienen que sortear. Por ahora son sólo ensayos de unidad. Dato no menor, durante la semana que pasó, fue que todos los bloques de diputados bonaerenses posicionaron un rechazo conjunto al veto de Vidal a la participación y decisión de la Comisión Bicameral en el Fondo para Infraestructura.