24 Sep. 2017 | 12:37
24 Sep. 2017 | 12:37
Bitácoras bonaerenses

Duelo de titanes para el escenario legislativo 2017

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  • Los candidatos ya están en las listas y el escenario muestra nombres de mucho peso para disputar las bancas en el Senado de la Nación. Cuáles son las perspectivas y obstáculos que tienen que transitar CFK, Bullrich, Massa y Randazzo.

    Al final la elección de medio término será de pesos pesados de la política argentina. Al final, como se vino conjeturando desde finales del 2016, los principales candidatos y líderes de sus espacios serán los que compitan por las bancas en el Senado de la Nación. Cristina Fernández de Kirchner y su novedosa Unidad Ciudadana, Esteban Bullrich como el bendecido por Mauricio Macri y María Eugenia Vidal para Cambiemos, Sergio Massa como cabeza de la alianza 1País y Florencio Randazzo con el Frente Justicialista. En este gran reparto, sólo faltó el nombre de Elisa “Lilita” Carrió, quien sonó para ser candidata del oficialismo, pero por pedido de Vidal, Macri la convenció de competir por la Ciudad de Buenos Aires. Titanes sobre el ring.

    Una elección de medio término es muy importante, claro. Primero se toma como un examen de la mitad del mandato presidencial, una especia de voz de la sociedad, que se manifiesta en conformidad o disconformidad con las políticas gubernamentales. Segundo, posiciona las perspectivas de la elección siguiente, la general y presidencial. Si el oficialismo le va bien, puede soñar con una reelección o con bendecir algún sucesor, si es que el ganador/ra es de la oposición, rápidamente se perfila como puesto fijo para candidato a presidente, en este caso en el 2019. Pero primero hay que pasar el tramo de la campaña, que en este escenario será casi de cuatro meses, hasta la elección del 22 de octubre. Es cierto que las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) serán el 13 de agosto, pero como los precandidatos no tienen internas -salvo Randazzo, pero las va a ganar- serán estos nombres que en la segunda parte del año se sumerjan en una de las campañas más largas y calientes de los últimos años de la política argentina. Al menos, eso se ve en los papeles, por el renombre de sus figuras. La puesta en escena.

    Cristina será candidata a senadora (como en el 2015), eso ya es una realidad. La expresidenta eleva el nivel político de la elección por obvias razones, el país y el mundo tendrán los ojos puestos en la provincia de Buenos Aires. Desde principios de año, diversos allegados a CFK dejaron trascender que la exmandataria hubiera preferido ser espectadora en este tramo electoral, lo manifestó en privado en reiteradas ocasiones. Sin embargo, al acercarse la fecha de definición, los motivos que la llevaron a presentarse nuevamente apuntan al peso de su figura electoral en las encuestas del Conurbano, al pedido de los intendentes del Gran Buenos Aires y, en parte, al desafío que Randazzo y sus escuderos lanzaron mucho antes de la discusión por las listas. La nueva forma de Cristina llegó de la mano de Unidad Ciudadana, una “instancia superadora” al Frente para la Victoria.

    El acto del 20 de junio en Arsenal, CFK mostró que había cambiado su estilo. No sólo el nombre de su espacio apunta a una amplitud por fuera de las fronteras del casi extinto FpV-PJ, sino a generar algún tipo de adhesión por fuera de ese núcleo duro que conserva en el electorado (entre 28 y 33 puntos). La forma con la que se presentó Cristina en Arsenal será base de su campaña. Seducir a ese ciudadano “decepcionado” con el gobierno de Mauricio Macri, que aunque no lo admita públicamente, está buscando otras opciones. Además, en un claro ejemplo de lo que es el “nuevo formato” de hacer política, Cristina dejó de hablarle a la masa en su conjunto y comenzó a particularizar a cada ciudadano por su nombre, por su experiencia, como fueron los ciudadanos que subieron al escenario de ese martes a contar sus problemáticas. Un estilo similar al que usaron en campaña Macri y Vidal, y que fomentan desde sus gobiernos, que no fue precisamente invención de Jaime Durán Barba, pero que sí fue instalado en la arena política argentina. El desafío de CFK es romper el techo que tiene y llegar a más votantes para poder asegurarse una victoria en octubre, teniendo en cuenta que hay un amplio margen de la ciudadanía rechazar su figura, ya sea por convicciones o creaciones mediáticas de sentidos comunes. Un nuevo round para la expresidenta.

    Desde principios de año el objetivo de Cambiemos fue el de achatar la elección a legisladores nacionales. Buscaron las formas de que no sea una elección de grandes nombres y sortearon con las ganas de Carrió de hacer un gran desembarco en el territorio bonaerense. Más allá de la baja del neuriciéntifico Facundo Manes, como el dato más picante de este tranquilo cierre de listas, el oficialismo de la mano de Macri, Vidal y el poderoso jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, optó por figuras “puras” del espacio para “enfrentar al kirchnerismo”. El ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich y la titular de ACUMAR, Gladys González, serán los encargados de defender la boleta de Cambiemos ante nombres con más peso de los otros espacios políticos. Pero en un episodio repetido para todo oficialismo, será la gobernadora quien comande la campaña bonaerense, de la mano de sus aún jugosos números imagen positiva que conserva. Macri también se acoplará en la campaña, pero Vidal será la que ponga toda la carne al asador. El objetivo del oficialismo es claro, polarizar con Cristina y el kirchnerismo, plasmar la dicotomía “pasado versus futuro” y la “lucha contra las mafias”, que arguye como principal política de gobierno. Más allá de las sonrisas de la ruptura del peronismo, con Cristina y Randazzo por dos espacios distintos, tanto en la Casa Rosada como en gobernación saben que el 51,34 por ciento del balotaje de 2015 son números prestados y que el núcleo electoral de Cambiemos ronda el 30 por ciento. Vidal es la que menos pierde en esta elección, en la Legislatura bonaerense pone menos bancas en juego que el resto, algo similar sucede en el Congreso. Pero una victoria de Cristina complicaría la figura presidencial de Macri en los dos años de gobierno que le quedan, como cualquier medida que quiera llevar adelante en el parlamento. Para eso, antes del cierre de listas, Vidal comenzó con el operativo polarización contra Cristina y el kirchnerismo. Un esquema táctico defensivo sobre la cancha.

    Sumergidos en la “ancha avenida del medio”, Massa y Margarita Stolbizer conjugan una alianza electoral que corre el riesgo de quedar atrapada en la polarización Cambiemos-Unidad Ciudadana. El tigrense dejó trascender por sus principales referentes que decidió ser candidato para “frenar a Cristina”, un comienzo de campaña particular, teniendo en cuenta que la expresidenta ya no es más oficialismo, una especia de postura oposición a la oposición del oficialismo representado en Cambiemos. Desde 2015 Massa deambuló, a veces con éxito, otras rodeado de confusión, en las aguas de lo algunos jocosos llamaron el “opoficialismo”, porque los acuerdos legislativos que selló con Vidal en la provincia y con las proyecciones positivas que deslizó en el Congreso en favor de la Rosada. El desafío de Massa es romper con “la grieta”, por eso el nombre de su espacio, 1País. Difícil tarea para su campaña, ya que los análisis señalan que con una postura no muy clara, será complicado sacarle votos a Cristina. Quizá su fuerte sea quitarle votos a los decepcionados de Cambiemos que no votarían por CFK ni aún en sus peores pesadillas. El aporte que le hace Stolbizer, más allá de su figura mediática-periodística es girar su discurso contra Cristina y las denuncias que tiene en su contra. Sin embargo, a diferencia de 2015, donde Massa quedó apartado por la polarización, en este tramo legislativo el votante sabe que hay otras cosas en juego y pude haber una luz para que el tigrense tenga el favor electoral. De no ser así, será el padre de una derrota y él, tanto como Stolbizer pone todo en sus figuras, en un camino electoral que arrancan terceros. Además, 1País es el espacio que más bancas juega en el Congreso, como en la Legislatura bonaerense. El dilema de superar la polarización.

    De todos los mencionados, Randazzo y su Frente Justicialista es el que más difícil tiene el escenario. Las mediciones lo ubican cuarto debajo de los 10 puntos. Además, la creación de Unidad Ciudadana con gran parte del peronismo en ese espacio, complicó en gran medida su armado electoral. El “Flaco” eligió como compañera de fórmula a Florencia Casamiquela, un ignota abogada de Florencio Varela, que aspiraba solo a ser candidata en ese distrito. Sin embargo, en una elección, donde las “nuevas caras” (en algunos espacios) parece ser la impronta, puede sumarle puntos a la hora de profundizar su discurso de “renovación” del peronismo. Randazzo se quedó con el sello de PJ bonaerense, pero un sello que en lo concreto sólo servirá para los papeles. El dilema del chivilcoyano es cómo ubicarse en un escenario polarizado, con Massa-Stolbizer tratando de meterse y romper esa dicotomía. Hasta ahora, “Florencio” y sus espacio manifestaron que no reniegan del kirchnerismo y hasta reivindican la “década ganada”. En las pocas declaraciones que se conocieron del chivilcoyano por las redes sociales, está claro que va a tener un perfil opositor al gobierno de Macri. Sin embargo, muchos analistas sostienen que Randazzo y su espacio le sacan muy pocos puntos a Cristina, sino más bien -pese a las diferencias- podría restarle puntos a Massa y su 1País. La aventura de Randazzo y sus espartanos tiene más bien un objetivo en el 2019. En la política a largo plazo, el chivilcoyano, más allá de salir cuarto en la elección, se posicionará como un actor relevante dentro de la arena política argentina y un líder dentro del peronismo, que incluso, para este 2017, está enfilado bajo la figura de CFK. Si la expresidenta pierde, siendo segunda o tercera, el camino de Randazzo estará más despejado para sus aspiraciones individuales. El objetivo de fondo.-

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