21 Sep. 2017 | 00:01
21 Sep. 2017 | 00:01
Bitácoras bonaerenses

La hipercentralidad de Cristina y el efecto de las PASO: riesgos y ventajas

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  • Después del papelón de la carga de datos, Cambiemos apostó a salir a chicanear a la expresidenta por su “tibia” victoria. CFK sigue siendo el eje de la campaña, pero cada espacio tiene que concentrarse en su interior para encarar las generales de octubre.

    Los ecos de las PASO del 13 de agosto aún resuenan por todo el universo bonaerense, siguen mostrando efectos que, antes de la elección, eran impensados para cualquier análisis previo. Como se dijo en la columna anterior, con la irresponsable y polémica demora en la carga de datos del escrutinio provisorio, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Cambiemos le regalaron un victoria épica a Cristina Fernández de Kirchner, más allá de que la expresidenta se consagre finalmente por medio punto, uno o dos. No sólo alargaron su aparición estelar cerca de las 4 de la mañana del lunes 14, sino que si el escrutinio definitivo que anunciaron estará terminado a fines de esta semana muestra que CFK ganó formalmente las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, la líder de Unidad Ciudadana tendrá su segunda victoria épica servida en bandeja por el oficialismo por el hecho de alargar una espera que podría haber sido superada la misma noche del domingo. Ese efecto pondrá distintos condimentos a la cercana campaña, que se desarrollará de cara a las generales de octubre, en la que a nadie se le escapa que se juega el todo por el todo. El regalo impensado.

    Al analizar las consecuencias de esa jugada novata, “quisimos hacer peronismo, pero no nos salió”, confesaron en Gobernación, desde Cambiemos rápidamente comenzaron con el operativo de confrontar contra Cristina. Vidal y su candidato Esteban Bullrich, reconocieron que Cristina “podría” haber ganado la elección, pero al mismo tiempo (un poco tarde), lanzaron chicanas sobre el “nerviosismo” de la exmandataria al haber sacado “menos votos que Aníbal Fernández”, el peor candidato del peronismo en la Provincia en los últimos 12 años. La chicana, por momentos agresiva y replicada en la Casa Rosada, muestra que la maniobra de la noche de las PASO con la carga de datos tuvo un alto grado de temor ante una eventual victoria, aunque exigua, de Cristina. Es que la imagen de la expresidenta sigue siendo el centro de la escena de la política provincial, y también nacional, porque todos los ojos están puestos en el territorio bonaerense, donde se desarrolla la “madre de todas las batallas”. La hipercentralidad de Cristina.

    El camino muestra que hay dos competidores que se perfilan hacia octubre, un mano a mano entre Cristina y Esteban Bullrich-Vidal, Unidad Ciudadana versus Cambiemos. Las proyecciones en principio sostienen que el escenario más complejo es para el espacio de CFK, que en los análisis previos a las PASO –tanto internos como externos– se sabía que una victoria ajustada por menos de tres puntos presentaba un escenario adverso para las generales. Quizá la victoria épica regalada por el oficialismo pueda mover algo el perímetro, pero no lo suficiente como para despegarse del contrincante. Algunos afirman que Cristina “tocó su techo” en las PASO, otros sueñan con que se pueda llegar a los 37 puntos. Lo cierto es que, tomando en cuenta los resultados de las PASO de 2015, la expresidenta sacó muchos menos votos que Daniel Scioli, quien logró ese año 39,49 por ciento (los 35,18 por ciento de Aníbal Fernández fueron en las generales). El dato es preocupante para la expresidenta y su equipo. Ellos arguyen que se hizo una campaña sin el sello del PJ, sin grandes desembolsos de dinero en redes sociales, sin los grandes sindicatos y con un espacio nuevo. Pero los datos muestran, por ejemplo, que de los 135 distritos bonaerenses, Cristina perdió en 105. Cambiemos ganó en 101, 1País y Cumplir, dos cada uno. El mapa comparativo muestra que el territorio bonaerense está casi en su totalidad pintado de amarillo. También es cierto que el caudal electoral de Cristina es la poderosa e inquebrantable tercera sección electoral (la más poblada de la Provincia) y parte de la primera sección. En ese Conurbano sur CFK arrasó en los distritos más populosos y logró equiparar con la avalancha de votos que obtuvo Cambiemos en casi todo el interior bonaerense y en ciudades grandes como Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca. El bastión resistente.

    Por otro lado, muchos observadores sostienen que la campaña de las PASO de Cristina fue dirigida –en parte– a los propios y que, obviamente de cara a octubre, tendrá que ampliar la línea discursiva si es que se pretende superar el porcentaje obtenido en las primarias. Atentos a esas críticas, desde Unidad Ciudadana adelantaron que la campaña rumbo a octubre tendrá otros componentes, será “más propositiva” y con más presencia de los candidatos y los intendentes. Para eso, dato no menor, se comenzará una estrategia de dar entrevistas a medios del interior, como así también a medios nacionales. Incluso, no se descarta que Cristina dé algunas entrevistas, fuera de los “canales amigos”. Nuevos objetivos.

    Por el lado de Cambiemos, su camada de candidatos entre quienes sobresale Esteban Bullrich, pero siendo Vidal la cara de la campaña, el porcentaje obtenido por ahora en las PASO, y una eventual derrota, debería ser un motivo de gran preocupación. Si bien en Gobernación afirman que el “balance es positivo”, basan su análisis en los votos que sacó Cristina y no en los de su propio candidato. Cambiemos perdió su primera elección de medio término a dos años de ser gobierno. Para cualquier gestión este dato tiene que ser un llamado de atención. ¿Por qué? Porque significa que una mayoría, aunque por poco, no está conforme y desaprueba las políticas del Gobierno nacional, y en igual modo las del Provincial. El segundo punto para el oficialismo es más preocupante aún que el resultado, porque fue Vidal quien se puso al hombro la campaña, siendo ella la cara visible, siendo ella “la candidata”, como lo reconoció en su momento Gladys González. La Vidal que hizo campaña este 2017 no es la del 2015, novata y debutante en la arena política bonaerense. Hoy es la Gobernadora, la que según la mayoría de las consultoras tiene la más alta imagen positiva dentro de la clase política. Pero a la hora de la verdad, cuando la gente decide mediante su voto, el acompañamiento no es el mejor. Con los porcentajes provisorios de hoy (34,19 por ciento), cerca de un 65 por ciento del electorado eligió otra opción y, de algún modo, mostró disconformidad con Cambiemos, más allá de la presencia avasallante de Vidal. En Calle 6 ahora ponen paños fríos y sostienen que la elección de octubre va a ser “muy reñida”. La cautela a la hora de las proyecciones.

    En el reparto de cartas para octubre, a Sergio Massa y 1País le tocaron muy bajas. El tigrense no frenó a Cristina ni le puso un límite a Macri y es muy difícil que lo haga en octubre. Por estos días, Massa analiza primero cómo conservar ese por ahora 15,53 por ciento logrado y soñar con aumentarlo algunos puntos. Pero lo cierto es que al tigrense, al igual que en el 2015, lo acecha el fantasma del tercero sin posibilidades y los ruidos internos dentro de su espacio truenan a cada instante. Para la estrategia de Cambiemos, de polarizar con Cristina en una simulación de ballotage en octubre, los votos de 1País son fundamentales para su crecimiento y hará todo lo posible para succionarlos. Puertas adentro, en el massismo aún cavilan si “fue un error” haber plasmado el acuerdo con Margarita Stolbizer, que gran parte de su caudal político es sólo hablar de Cristina. A la vista de los resultados: mastican bronca. De todas formas, nunca hay que dar por muerto al tigrense, es poco probable que se caiga a pedazos. Eso sí, su “ancha avenida del medio”, cada vez es más parecida a una peatonal. Los dilemas y realidades del tigrense.

    Desde Cumplir, Florencio Randazzo, el de la “renovación” peronista, busca ser gobierno en el 2019 con el 5,90 por ciento de los votos en 2017. Difícil. En un extraño discernimiento, el randazzismo ve como “positivos” los resultados de las PASO. “No ganamos, ni perdimos, nacimos”, repiten a coro. Pero lo cierto es que el porcentaje es mucho menor de lo que esperaban y la realidad de los números afecta su tímido armado político, donde hasta ahora, por lo menos, tres intendentes randazzistas ya hicieron las valijas y esperan acordar en el municipio con Unidad Ciudadana. En algunos despachos de la tercera, afirman intendentes ganadores: “Randazzo ya tuvo su enfrentamientos con Cristina y la expresidenta lo aplastó”. Pero, paradojas de la política bonaerense, el daño que le hizo el chivilcoyano a Unidad Ciudadana y a Cristina fue quirúrgico. De esos 5,90 puntos, al menos 2,5 o hasta 3 podrían haber ido para CFK. No por nada en Gobernación festejaron el lanzamiento de Cumplir a mediados de junio y en el fragor de la campaña lo llamaron socarronamente el “candidato muletto de Vidal”. El desafío de Randazzo es más grande que el de Massa, porque tanto Cambiemos como Unidad Ciudadana van a ir por sus votos. El chivilcoyano primero tiene que cuidar lo obtenido, para luego crecer y no terminar la noche del 22 de octubre con 2 ó 3 puntos que, más allá de si Cristina pierde y lo festeje, con ese porcentaje no puede aspirar a nada en el 2019. El andar del chivilcoyano.

    Se viene la segunda parte, se viene la campaña en la que los candidatos pondrán todas sus armas electorales en juego para enfrentarse en la batalla final. Cada uno con su particularidad, cada uno con su análisis, la mayoría girando sobre la figura de Cristina. Pero ojo, en todo proceso electoral hay un factor que manda e inclina la balanza hacia un lado o el otro: la economía.

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