11 Dec. 2017 | 21:34
11 Dec. 2017 | 21:34
Bitácoras bonaerenses

Los intendentes vuelven a la carga: objetivo PJ Bonaerense

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  • Comenzaron las disputas por el control del partido. Los sectores en pugna y los espacios que se posicionan. La búsqueda postergada de la “unidad” y el escenario 2019.

    El rompecabezas que significa el rearmado del peronismo a nivel provincial.
    El rompecabezas que significa el rearmado del peronismo a nivel provincial.

    Déjà vu aterrador, un mismo capítulo que no gustó, reiteración de sensaciones. El peronismo bonaerense (más bien el peronismo en general) volvió a digerir el amargo sabor de la derrota. Ese impacto del gran trauma del 2015 volvió a inundar la gran aldea peronista. Pero algo cambió, en el fondo: la del 22 de octubre fue una derrota anunciada que, desde la misma noche de las PASO, el 13 de agosto pasado, muchos observaron como inevitable. La nueva derrota electoral del peronismo, en su terreno, en esa comarca que lo vio nacer, en esos distritos donde hasta hace dos años era imbatible, esa derrota volvió a brindar un nuevo cachetazo. Las viejas rencillas volvieron a salir a la luz al mismo tiempo que Cristina Fernández de Kirchner reconocía –a su estilo– la derrota electoral. La derrota del peronismo traspasó las fronteras bonaerenses, tuvo sus ecos hasta en la Salta peronista y conservadora (con lenguaje similar a Cambiemos). Los liderazgos peronistas también fueron derrotados, el de Cristina, que tantas pasiones y condenas desata; el de Sergio Massa, atrapado en la “ancha avenida del medio” que ni siquiera se pudo sostener en Tigre, donde salió tercero; el de Florencio Randazzo, que intentó asomar y al que muchos intendentes lo llamaron el “candidato muletto de Vidal”, y hasta el propio Emilio Monzó reitera agradecimientos por haber servido a las victorias de Cambiemos en 2015 y 2017. Los candidatos derrotados.

    Pero no todas fueron pálidas, hubo ganadores que quedaron parados ante la nueva “ola amarilla”. Hubo quienes tuvieron el sabor de las urnas victoriosas. Los intendentes del Conurbano, esos que se mostraron como la “renovación del peronismo”, tras la traumática derrota del 2015. Esos que se dividieron en Grupos (Esmeralda, Fénix, Patria y El Establo) para disputar poder y egos. Esos que negociaron mano a mano con María Eugenia Vidal los Presupuestos 2016 y 2017. Esos que coquetearon con Randazzo y lo endulzaron para que se posicionarse como el “nuevo líder” del peronismo. Esos que cuando al mirar todas las encuestas que les llegaban, y al escuchar las voces de los barrios, fueron a pedirle a Cristina que sea candidata a senadora nacional. Esos mismos intendentes son los que ahora vuelven a protagonizar el escenario pos derrota electoral y quieren hacer valer su voz. En este tramo, el primer paso apunta a la conducción del PJ Bonaerense, ese órgano que quieren conservar y revitalizar para lograr la tan ansiada “unidad” que buscan los peronistas, y volver a los sillones del poder. Los nuevos senderos, que ya piensan en el 2019, son los que los intendentes tienen en mente de la mano de la renovación de la conducción del Partido Justicialista. La herramienta política.

    El jueves 26, en la tradicional sede la Calle Matheu en la Capital Federal, el Consejo del PJ Bonaerense tuvo su primera reunión luego de la derrota electoral, donde se definió la convocatoria a las elecciones internas a realizarse el 17 de diciembre. La previa al encuentro no estuvo ausente de miramientos, desconfianzas y algunas diferencias entre la actual conducción de Fernando Espinoza y un grupo de intendentes de la primera y tercera sección electoral, quienes temían que el matancero postergase los comicios para marzo. Los llamados, mensajes de WhatsApp y presiones al final provocaron que se llegase a un primer acuerdo y, por ahora (siempre por ahora), la fecha se pactó para el último mes de este año. Pero ese detalle es una mínima cuestión del marco de la verdadera disputa. Es que existen tres sectores del peronismo que quieren quedarse con el sillón de la conducción, aunque y por las dudas, aclaran –todos– que “buscarán llegar al candidato de consenso”. Las fichas se posan sobre el tablero.

    Los movimientos son frecuentes sobre la gran aldea peronista. Desde La Matanza no perdieron el tiempo y activaron la idea de una reelección de Espinoza. Aseguran que el diputado nacional electo “tiene el apoyo de varios intendentes y legisladores” y se ocupan de aclarar que la intendenta local, Verónica Magario, “no tiene” aspiraciones a conducir el partido. En principio, la primera idea del matancero fue que su sucesora en la intendencia también lo sea en la jefatura del partido. Pero ese plan tuvo tres inconvenientes: Magario no quiso ir por el PJ bonaerense; los intendentes no aprobaron la idea y adujeron que la jefa comunal ya tiene la conducción de la FAM y, la derrota de Cristina en las elecciones legislativas. El último punto fue fundamental, dado que Espinoza apostó todas sus chances a una victoria de la expresidenta en las urnas, lo que le hubiera otorgado mayor poder de negociación a la hora de poner sobre la mesa su reelección e imponer condiciones. Los sueños truncos de Espinoza.

    Por otro lado, desde otro distrito de la poderosa tercera (zona de la principal resistencia peronista a la oleada de Cambiemos), tres intendentes intentan posicionarse como un polo de contrapeso a la figura de Espinoza y La Matanza. Se trata de los alcaldes Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Mariano Cascallares (Almirante Brown) y Fernando Gray (Esteban Echeverría). Este tridente de jefes comunales pretende poner uno de los suyos al frente del partido y para eso piensan en el nombre del intendente de La Costa, Juan Pablo De Jesús. “El próximo presidente tiene que ser un intendente”, aseguran con fuerza. También se barajó el nombre de Gray como “candidato de consenso”. Lo cierto es que los tres alcaldes vuelven a enfrentarse a Espinoza, como en 2015 –en plena crisis del peronismo– cuando se abroquelaron para contrapesar a La Matanza y terminaron conformando el Grupo Esmeralda. Duelos y pujas del vecindario.

    El marco de disputa se completa desde la primera, donde el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, blanqueó sus intenciones de ser el próximo titular del PJ provincial, idea que dejó correr desde principios de 2015. Según afirman desde su entorno, el “Tano” tiene “el apoyo de diez intendentes”, tanto del Conurbano, como del interior. Algunos observadores sostienen que el alcalde de Merlo es el que “más chances tiene” y que incluso desplegó líneas de contactos con los jefes comunales que hace poco tiempo fueron escuderos de Randazzo. Pero, como Plan B, también surge como “candidato de consenso” el nombre del intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo. Menéndez –coqueto, extravagante y amante de las redes sociales– es quien más gestos desliza en torno a sus intenciones. El viernes estuvo junto a sus colegas de la primera en el acto donde mostró que recuperó el control de la Universidad Nacional del Oeste, último bastión de Raúl “Vasco” Othacehé. El dato, que no pasó desapercibido, fue la presencia del jefe comunal de San Martín, Gabriel Katopodis, quien estuvo con Randazzo y Cumplir hasta último momento, aunque porque no le quedó otra. Los muchachos de la primera.

    El escenario de disputa aún se está gestando. La primera reunión del Consejo del PJ bonaerense sólo oficializó la fecha de las elecciones, que son necesarias para hacer cumplir la ley. Las tertulias son permanentes, los contactos frecuentes; los cafés, reuniones y asados son más constantes. Los espacios en pugna quieren hacer imponer su plan o, en todo caso, acordar en base a beneficios consensuados. En la búsqueda de la “unidad del peronismo”, la mesa también tendrá sillas para la tropa de Sergio Massa y Florencio Randazzo.

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