20 Aug. 2018 | 01:53
20 Aug. 2018 | 01:53
Bitácoras bonaerenses

Los “desencantados” y los dilemas de Macri y Vidal

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  • El humor social da indicios de un cambio generalizado en su percepción en cuanto a los gobiernos de Cambiemos. El sector que desempata la grieta comienza a sentir los efectos de la crisis. Escenarios de cara al 2019.

    El sexto mes del año llegó, el segundo semestre del 2018 espera su turno y el humor social ya no encuentra en estas expresiones un símbolo de esperanza. Este año el malestar económico de la sociedad, en especial en las clases medias, comenzó a crecer al punto de que esa porción de población que votó a Cambiemos en 2015 se muestre desencantada de su elección. Si bien los tarifazos y las inclemencias económicas fueron sacudiendo el tablero desde mediados del 2016, este año el aumento de las tarifas penetró con fuerza en esas clases medias que suelen ser las que inclinan la balanza ante la paridad generada por la grieta o los polos opuestos de la sociedad pos 2001. La pelea perdida contra la inflación, lo baja del consumo, los despidos en órganos del Estado (bajo el nombre de “reducción del gasto político”), como cierres de varias Pymes y fábricas, formaron un cóctel explosivo que se fue macerando lentamente. Los tarifazos de abril de este año se posaron sobre el límite de la paciencia de varios votantes de Cambiemos, no de “los puros”, que son parte de los famosos tercios que se reparten el oficialismo y el kirchnerismo con la grieta. Son esos a los que podríamos llamar los “esperanzados” del 2015, quienes apostaron por “el cambio”, por el “sí se puede”, que quizá en 2013 votaron por Sergio Massa y en 2011 por Cristina Kirchner; son esos que no sienten odio por el kirchnerismo, pero sus simpatías o conveniencias se fueron desgastando. Esos esperanzados de “una vida mejor”, son los que ahora comienzan a transformarse en los desencantados. ¿Se vuelve a inclinar la balanza?

    Los tarifazos 2018 rompieron con el discurso de “hacer el esfuerzo” que pregona Mauricio Macri y, por si fuera poco, la corrida cambiaria del dólar en mayo, que generó la crisis política del Gobierno Nacional, los niveles históricos de suba de la moneda estadounidense (22,1 por ciento), la mayor caída de las reservas en doce años, la irrupción del FMI y, obviamente, una brusca devaluación del peso argentino, generó que ese malestar social se acrecentara y que la confianza en la gestión nacional (que ya venía en caída) baje a niveles más que preocupantes. El desencanto comenzó a hablarse en voz alta, comenzó a sentirse en la calle, en los bares, en los kioscos, en los supermercados y las redes sociales de las grandes ciudades, como así también de los pequeños pueblos. No es suficiente para lanzar pronósticos aventureros o para afirmar que esa sensación se traslade al voto. Pero el termómetro social, ese que los periodistas, consultores, expertos y cualquier ciudadano escucha en su día a día, cambió. Muchas personas reales que votaron por Cambiemos en 2015 ahora comienzan a mostrar su decepción, su bronca, su desencanto. Manifestaciones públicas en otra sintonía.

    Las diversas encuestas también muestran ese termómetro social. Con más solidez, las consultoras coinciden en que la imagen de Macri no para de caer y está en su nivel más bajo desde que llegó a la presidencia. Además, sostienen que la proyección que tiene cada encuestado sobre su futuro económico es negativa y la confianza en los planes del Gobierno Nacional también está en baja. En las últimas semanas, el dato que resaltó en la mayoría de las encuestas fue que el efecto dólar y tarifazos también afectaron la imagen de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Si bien aún conserva importantes niveles de imagen positiva, la que fue creciendo en las últimas mediciones fue la negativa, donde en varias muestras se posicionó en el mismo porcentaje que la positiva. El diagnóstico en la Gobernación es serio y no piensan descuidar la situación, aunque saben que sin diferenciarse mucho su suerte está atada a la imagen de Macri. El peso de los números encuestados.

    Hasta finales del 2017, en los principales despachos de la Casa Rosada y de la Gobernación se mostraban confiados en el 2019: las proyecciones de reelección de Macri eran muy optimistas. Incluso desde el propio peronismo/kirchnerismo resignaban la llegada de la elección presidencial y apenas soñaban con hacer una “buena elección”. Pero las crisis del dólar, los tarifazos, la caída de la imagen de Macri y Vidal, los desencantados; sumado al reciente veto presidencial a la “ley anti tarifazos” que sancionó el Congreso, de la mano del peronismo unido, son factores que hicieron que el 2019 tenga otras proyecciones y por estas horas se esté comenzando a hablar de un ballotage en las presidenciales (Vidal aún se cotiza imbatible en la provincia). Ahora, los analistas hablan de los tres tercios que pueden pugnar por la presidencia el año que viene: Cambiemos, el peronismo kirchnerista y el llamado peronismo “racional”, “federal” o “dialoguista”. Dentro del peronismo kirchnerista, Agustín Rossi ya ha manifestado que puede llegar a ser candidato y sus recorridas por la provincia de Buenos Aires fueron la antesala de ese plan. En el peronismo “federal” la jugada del camaleónico Miguel Ángel Pichetto en el Senado de la Nación hizo acelerar el cambio de timón y desde ese espacio, donde también rumbea Sergio Massa, apuntalan más proyectos para incomodar a Macri. Dentro del peronismo “racional”, cuyos integrantes son opositores, pero no tanto, convergen tres variantes: Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Omar Perotti, aunque el salteño sea la figura más reconocida e incluso ya haya empezado a recorrer el país. En Cambiemos se sintió el cimbronazo, el ruido se dispersó por todo el espacio y los cuestionamientos a la “mesa chica” del Jefe de Estado se desataron en muchos despachos. Sobre ese ruido, fue el propio jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, quien bajó a Vidal de una hipotética candidatura presidencial, ratificado a los días por la propia gobernadora que hasta pronosticó que Macri sería reelecto. El llamado “Plan B” quedó sepultado, aunque muchos integrantes de Cambiemos apostaban a la carta Vidal para las presidenciales del 2019. Por ahora sigue el “Plan A”, Macri, pero algunos armadores del oficialismo se animan a deslizar el “Plan C”: Macri candidato a presidente, Vidal candidata a vicepresidenta. Falta poco más de un año para saber las candidaturas de las elecciones del año venidero. El Mundial de Rusia oficiará de un leve calmante para el humor social, atado al desempeño de la Selección en la competición. Mientras tanto, los desencantados se van sumando y sus bolsillos sienten el efecto de la crisis.

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