12 Dec. 2018 | 09:53
12 Dec. 2018 | 09:53
Bitácoras bonaerenses

El estado de ánimo de María Eugenia Vidal

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  • El malestar de la Gobernadora con La Rosada no es nuevo, pero el trajín del año, el traspaso del ajuste de Nación y las internas feroces con dos ministros de Macri, hacen que ese enojo ponga otra opción sobre su futuro político.

    “Está ofuscada”. “Está molesta”. “Está cansada”. Son algunas de las frases que muchos dirigentes del oficialismo y la oposición deslizan luego de haber mantenido alguna reunión con la gobernadora, María Eugenia Vidal. No son nuevas esas percepciones, no surgen recién esas deducciones, pero en las últimas semanas, al calor de las negociaciones del Presupuesto y la Ley Impositiva 2019 de la Provincia, se expandieron en los testimonios. Desde el estallido de las crisis del dólar a $ 40 en septiembre y las repercusiones que trajeron al FMI nuevamente a digitar la política argentina, desde el entorno de “Mariu” hicieron trascender el “malestar” que cimentó a causa de varias decisiones que se tomaron desde el Ejecutivo Nacional. Por esos días de fragor, donde la decisión de Mauricio Macri sentenció que la variable del ajuste exigido por Christine Lagarde fuera la provincia de Buenos Aires, el ánimo que la Gobernadora comenzó a cambiar. Pero en una extraña encrucijada, desde el vidalismo se ocuparon de aclarar que la molestia “no incluye” a Macri que, paradójicamente, es quien tiene la palabra final de todas las políticas que llevan adelante sus ministros. El eslabón vidalista.

    Se sabe que el acuerdo que pactaron los gobernadores peronistas con la Casa Rosada, para apoyar el Presupuesto Nacional 2019, tuvo una derrotada: la provincia de Buenos Aires que gobierna Vidal. Ese acuerdo prácticamente licuó la épica victoria que tuvo MEV con la recomposición del Fondo del Conurbano para los bonaerenses. Esa “pelea que nadie se había animado a dar” en más de 20 años, al final no tuvo su efecto trascendental. Con ese sinsabor, sumado a ser la variable del ajuste nacional, Vidal mandó el mensaje. Viejo mecanismo que usaron varios antecesores en el Sillón de Dardo Rocha: las corporaciones mediáticas fueron las elegidas para la notificación. La apuesta de Vidal, de pedir una recomposición de $ 19 mil millones de compensación por el Fondo del Conurbano, por ahora quedó en una promesa de Macri hecha a la mandataria en persona, pero que aún no hay certezas palpables sobre cómo van a ser los mecanismos para obtener esos recursos. Con ese escenario adverso, MEV tuvo que absorber los costos del ajuste, que rondan los $ 34 mil millones (subsidios al trasporte, 25 mil millones; “tarifa social” eléctrica, 8 mil millones; agua, mil millones). Pero, al mismo tiempo, ese paquete le vino bien para poder tener cartas para negociar su propio Presupuesto 2019 con la oposición. Se sabe que ese traspaso que le hizo Nación, y que en su proyecto de la llamada “Ley de leyes” la administración bonaerense pretendió traspasar a los municipios, fueron las fichas con las cuales Gobernación pudo poner a la oposición en un escenario agitado y focalizado en esos puntos. Al final, la Provincia se tendrá que hacer cargo de la mayor parte del ajuste, pero sin que ello no signifique que las comunas no sentirán el impacto. Las secuelas del ajuste de Macri.

    Ese escenario adverso, de malestar, provocó que en la intimidad Vidal culpara directamente a sus “enemigos internos”. Brama broncas contra el superministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el elegido por Macri y Lagarde para cerrar los números del ajuste. La relación entre Vidal y Dujovne siempre fue tensa. De hecho, en plena crisis del fin de semana del 1º y 2 de septiembre, “Mariu” pidió la cabeza de Dujovne en la mesa de urgencia que ordenó Macri, que conformó junto al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y al jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodríguez Larreta. Pero el Jefe de Estado no escuchó a la Gobernadora y el excolumnista de TN sigue firme en su sillón. Las diferencias con Dujovne tuvieron un malestar anterior. Vidal deslizó más de una vez la incomodidad de mantener una paritaria docente con la oferta del 15 por ciento, en momentos que la inflación oficial ya había pasado ese número. En pleno diciembre, ese frente sigue sin resolverse y Vidal ostenta el record de tener la paritaria más larga sin solución de la última década. El fuego amigo.

    Sobre ese plano, también le genera fastidio la vieja interna subterránea que mantiene el tándem Vidal-Larreta contra Peña, de quien pidieron su cabeza en la explosión de la crisis en abril, con la misma negativa de Macri. En Calle 6 se quejaron durante gran parte del 2018: “Vidal siempre le puso el cuerpo a las decisiones más incómodas de Nación y a los avatares de la economía, mientras que la Casa Rosada nunca salió en defensa de la gobernadora”. Como ejemplo, siempre recuerdan con algo de malestar la baja defensa que hicieron desde La Rosada cuando estalló la causa de los Aportes Truchos de las campañas 2017 y 2015, con rumores fuertes, incluso de que el caso había sido fogoneado desde un alto despacho de Balcarce 50. Es por eso que Vidal decidió “provincializar” su perfil y gestión, y dejar de lado las cuestiones nacionales. De paso, trató de esquivar al salvavidas de plomo que representa Macri en todas las encuestas de cara al escenario electoral del 2019. “Menos mal que somos del mismo color político”, se quejó un importante armador político de Cambiemos bonaerense. Otros, con algo de ironía, recuerdan “el trato” que le dio el kirchnerismo a Daniel Scioli durante sus dos mandatos como gobernador. “Con la Provincia como la variable del ajuste, al final estamos en la misma que Scioli”, bramó un “vidalista” en un momento de enojo. Las secuelas que se expanden.

    La ofuscación de Vidal, o su malestar ante la situación, tiene derivaciones difíciles de predecir. En el fondo, ella sabe que “no pertenece” a la mesa chica de los “Newman boys” de donde proviene Macri. “Mariu” no desconoce que ella es una “simple chica de Flores” y, en su interior, que Macri y su séquito la miran con esa marca de clase. Pero, además, existen diferencias en el ejercicio del poder. Vidal apuesta por una “impronta política”, más allá de los formatos new age de Peña y el gurú Jaime Durán Barba. Apuesta a la “continuidad del proyecto”, no a la coyuntura existencial. No tiene reparos en mostrarse con perfil más social o en reclutar peronistas. Esa impronta hace que propios y ajenos deslicen diversas interpretaciones. “Vidal es peor que Macri”, afirman algunos ultra kirchneristas. “Vidal es una peronista de derecha”, afirman otros. “Vidal es conservadora con rasgos populistas”, profesan los más enérgicos. Más allá de esas observaciones, lo cierto es que Vidal tiene muchas diferencias con Macri, no sólo en lo político, sino también en lo ideológico. Pero su suerte está atada a la del Presidente, por ahora. “Sin Macri no hay Vidal”, repiten desde las altas esferas de la Gobernación. Y en esta coyuntura toman el camino acertado. El karma de la provincia de Buenos Aires es depender de la billetera de Nación. Si desde La Rosada cierran la canilla o traspasan los costos del ajuste, el mandato no será un pasar tranquilo. Esto Vidal lo sabe, y de cara a la cercanía del escenario electoral y las chances de una reelección, surgen muchos temores y fantasmas. En la historia bonaerense, se conoce, que un segundo mandato devora la carrera política del Gobernador o Gobernadora. También está “la maldición de los gobernadores bonaerenses”. La segunda mitad del 2018 cambió el estado de ánimo de Vidal. La “falta de apoyo” real de La Rosada, el traspaso del ajuste y el papel de ser la ficha que siempre mueve Cambiemos ante escenarios adversos, se suman a que –aún en la crisis– Vidal es la dirigente de Cambiemos con mejor imagen y la política argentina con la imagen positiva más alta. Una linda paradoja que advierten en voz baja muchos integrantes de Cambiemos, quienes sueñan con su una candidatura presidencial 2019 de Vidal. Salvo un estallido más severo de la crisis o el desplome total de la intención de voto de Macri, hoy el destino de “Mariu” parece ser la búsqueda de cuatro años más en el Sillón de Dardo Rocha. Salvo que rompa o se rebele. Pero ella misma afirmó a su seno íntimo recientemente palabras que dejan mucho que pensar: “Antes de romper con Mauricio, me voy a mi casa”. Irse a su casa, otra de las opciones que deslizan como posibles desde el entorno de la Gobernadora, como un hipotético resultado de su estado de ánimo.

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