14 Dec. 2019 | 14:50
14 Dec. 2019 | 14:50
Bitácoras bonaerenses

Kicillof candidato: El estigma porteño sobre el destino bonaerense

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  • Nuevamente un dirigente político de otro distrito encabeza una fórmula para disputar la Gobernación. Los antecedentes de Scioli y Vidal.

    Los elegidos.
    Los elegidos.

    La novedad no fue nada sorpresiva. Quizás la más anunciada en años. Al final, Cristina Fernández de Kirchner impuso a Axel Kicillof como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. La aspirante a vice será la intendenta de La Matanza, Verónica Magario. El PJ Bonaerense salió rápidamente a alinearse tras la fórmula y todos los intendentes alabaron la decisión. Una vez más, la Provincia tendrá un candidato foráneo para comandar su destino, más precisamente un porteño. No se trata de provincialismos extremos, pero la Constitución Bonaerense es clara cuando pone requisitos para ser candidato: 1) haber nacido en territorio argentino o ser hijo de ciudadano nativo, si hubiese nacido en país extranjero; 2) tener 30 años de edad; 3) cinco años de domicilio en la Provincia con ejercicio de ciudadanía no interrumpida, si no hubiese nacido en ella. El exministro de Economía cumple los dos primeros requisitos, pero el tercero está muy lejos. Nació en la Ciudad de Buenos Aires y, más allá de poseer domicilio los últimos años en Pilar, no tiene el tiempo de residencia necesario en el territorio bonaerense. El marco de la ley.

    En la última década la candidatura para la Gobernación bonaerense se sumergió en una extraña paradoja: es la madre de todas las batallas, por el poder electoral que tiene en su territorio, pero los candidatos que luego se consagraron con el triunfo provienen de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: su vida, estudio y carrera política fueron realizadas allí. Su bendición vino de la mano de una imposición política, “pragmática” diría alguno, “a dedo” esbozaría otro, que lo consagró sobre cualquier competidor bonaerense con todo un historial y pergaminos en el territorio. Así fueron los casos de Daniel Scioli, en 2007, y de María Eugenia Vidal, en 2015. El exgobernador, tras ser vicepresidente de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, tenía todo listo para competir en el territorio donde desarrolló su carrera política, tenía armados los equipos técnicos y políticos para competir por la Jefatura del Gobierno porteño. Pero una decisión de Kirchner, casi sobre la hora, hizo virar el destino del exmotonauta, y lo llevó a disputar el Sillón de Dardo Rocha. Scioli tuvo el mismo problema de residencia en la Provincia pero, después de varias impugnaciones, la Junta Electoral bonaerense habilitó su candidatura. En 2015, el caso de Vidal tuvo sus similitudes. En torno a su armado porteño, Mauricio Macri quería que Gabriela Michetti fuera candidata a Gobernadora, pero la negativa de la exvicejefa de Gobierno porteño hizo que el líder del PRO le ordenara a Vidal “bajar” a la Provincia y comenzar a caminarla, con serias perspectivas de una candidatura. La actual Gobernadora, de residencia, profesión y carrera política en la CABA, quería apuntarle a la Jefatura del Gobierno porteño, pero con algo de rezongo terminó aceptando el desafío. Los antecedentes.

    Lo cierto es que en la última década poco importaron los requisitos legales para que los dos espacios políticos más importantes del país impusieran un candidato a Gobernador. “El que mida mejor”, fue la premisa que usaron para imponer un nombre, por sobre la decisión de los actores del universo político provincial. El estigma porteño sobre el destino bonaerense tiene sus ligaciones históricas y acentuadas en la actualidad. Se elige un ministro de la provincia de Buenos Aires, no un candidato a gobernador surgido de las bases y la cotidianeidad política. Ese rasgo se acentúa si ese candidato se transforma en mandatario: la dependencia del poder central, el látigo y la chequera, los aleccionamientos, son moneda corriente en la relación particular que tienen Provincia y Nación. Alguien hablará de las “fronteras difusas” entre el Conurbano y la Ciudad de Buenos Aires, o que “no existe una identidad o idiosincrasia bonaerense”. Excusas poco valederas que no hacen más que postergar el cambio de mentalidad que necesita la Provincia. ¿O es que acaso un bonaerense puede ir a “caminar” la provincia de Córdoba (San Juan, Salta o Santa Fe) un año antes de las elecciones con la mirada complaciente de los cordobeses? Tampoco se trata de extremismos, pero sí de encontrar o generar dirigentes bonaerenses competidores que conozcan la Provincia, que hayan desarrollado su profesión y derrotero dirigencial en el territorio bonaerense, que conozcan el tablero político de Gobernación, Legislatura y las Intendencias. La porteñización de la política bonaerense.

    Este 2019, Cristina hizo lo mismo que Macri en 2015: nada distinto. Impuso a un candidato foráneo porque “mide más” y a quien un año y pico antes de la campaña mandó a “caminar la Provincia”. En el caso del peronismo kirchnerista surge además el rol de los intendentes quienes, si bien ninguno salió a mostrar descontento en público por el anuncio de la fórmula, en voz baja muestran sus reparos. Desde la derrota traumática de 2015, los alcaldes fueron los que retuvieron el poder territorial del peronismo. Con matices y errores, supieron mantenerse y hacer oír su voz en un extraño rol de oposición que les tocó vivir, tras casi 30 años de ser oficialistas. De hecho, este año los jefes comunales confiaban en que uno de ellos encabezaría la fórmula para buscar el retorno al Sillón de Dardo Rocha. El diciembre de 2018, cuando Cristina recibió en tandas a alcaldes del Conurbano y del interior, les anunció que no quería repetir la mala experiencia de 2015 y no habría una PASO por la Gobernación. Asimismo, les pidió que lograsen consensuar un candidato para ese puesto o, caso contrario, impondría el nombre de Kicillof. Con ese mandato en general, los intendentes impulsaron los nombres de dos pares: Verónica Magario (La Matanza) y Martín Insaurralde (Lomas de Zamora). Pero las contingencias de la política generadas por el anuncio de la candidatura presidencial del binomio Alberto Fernández-CFK modificaron el tablero. Cristina entregó la primera magistratura, no iba a entregar la Provincia; puede ser un análisis de la decisión de ungir a Kicillof. De todas formas, octubre mostrará a los bonaerenses un duelo de porteños que se disputan llegar a la Gobernación. Año tras año, la política y la gestión provincial están cada vez más centralizada en la CABA. Los candidatos vienen de allá y se gobierna desde la Ciudad de Buenos Aires.

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