15 Nov. 2019 | 20:50
15 Nov. 2019 | 20:50
Bitácoras bonaerenses

Pichetto, Massa y Cornejo: Los efectos sobre el tablero electoral bonaerense

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  • La candidatura a vicepresidente del oficialismo, la incorporación del tigrense al peronismo K y la rebelión de los radicales, tienen sus consecuencias en el territorio provincial y las candidaturas por la Gobernación.

    Pichetto, Massa y Cornejo.
    Pichetto, Massa y Cornejo.

    Los apostadores mastican bronca, los oráculos miran sus tarots ante la falta de predicciones certeras, los analistas se reacomodan frente a las contingencias. Ya se dijo, este año electoral está cargado de sorpresas, especulaciones y artimañas sobre el tablero que hacen que cualquier pronóstico no dure más de 24 horas. Se definieron las alianzas que disputarán en octubre la Presidencia y la Gobernación bonaerense y, como corolario de esa primera etapa, las sorpresas fueron parte de la escena. En un hábil movimiento, y rompiendo todos los viejos esquemas puros del PRO y el duranbarbismo, Mauricio Macri puso al camaleónico Miguel Ángel Pichetto como su candidato a vicepresidente. Un hombre que supo pasar por el menemismo, el duhaldismo, el kirchnerismo, el cristinismo y, ahora, el macrismo. La elección de un peronista ortodoxo de derecha generó un impacto positivo para las perspectivas del alicaído presidente. Pichetto, el “Frank Underwood argentino”, es un experto en el arte de la rosca política, en meter los pies en el barro, en tejes y manejes subterráneos, en la retórica y el debate político. Si bien no suma ni dos votos, su posición tiene otro sentido. El macrista de última hora.

    Pichetto, el camaleón, mete de lleno en la disputa electoral el discurso peronista, algo que hasta la semana pasada era exclusivo del peronismo K y el massismo, quienes buscaban lograr la unidad. Paradojas de la política, Macri se tuvo que tragar el discurso acusatorio de que la culpa de los males del país fue por “los 70 años de peronismo” y, en una especie de fuego contra fuego, tuvo que recurrir a un peronista para salvar su golpeada imagen. Con esa impronta, Pichetto viene a correr al Frente de Todos por el lado peronista. Por eso, tras el asado en la Costanera que compartió con los “peronistas macristas” (Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Cristian Ritondo, Federico Salvai, Diego Santilli, Marcelo Daletto, entre otros), se metió de lleno en la campaña bonaerense y apuntó: “El peronismo de la provincia de Buenos Aires lleva a un hombre del PC como candidato. Estoy hablando de Axel Kicillof, que tiene sus orígenes en el Partido Comunista”. Nada casual, si bien sus declaraciones son peyorativas, retrógradas y con alto grado de macartismo (la Guerra Fría terminó hace 28 años), en lo simbólico Pichetto apunta a dañar el discurso del peronismo K en el principal bastión del peronismo, precisamente: la provincia de Buenos Aires. Hay que embarrar la cancha.

    Sergio Massa, el hombre que se dio cuenta que la “ancha avenida del medio” era una ilusión, quedó preso de su ego y su afán de ser el centro de atención del ambiente político-periodístico. Al final, su gran retorno a las filas del peronismo K, ahora englobado en el Frente de Todos, no tuvo el efecto esperado, porque Macri lo madrugó con la incorporación de Pichetto y toda la centralidad que recogió en su nueva conversión. Más allá de la aguda negociación que tiene el tigrense con Alberto Fernández por la confirmación de las listas y el lugar que ocupará en esta coalición, el aporte que puede hacer el líder del Frente Renovador es trabajar duro para que gran parte de sus votantes logren trasladar su voto al espacio que ahora integra. El dato que puede traer secuelas en el territorio bonaerense es la fuga del massismo de Graciela Camaño, quien ahora asesora a Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey en Consenso Federal. La histórica armadora suena como candidata a gobernadora de ese espacio, una situación que –en medio de una discusión generalizada por peronismos– puede afectar la proyección en votos del binomio Axel Kicillof-Verónica Magario y su carrera contra María Eugenia Vidal. El efecto Massa.

    Por si alguien se olvidó de la UCR, los correligionarios rebeldes aún generan tensión en el ahora denominado Juntos por el Cambio. Si bien los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza) y Gerardo Morales (Jujuy) fueron pilares para la incorporación de Pichetto al oficialismo –bajo su premisa de “ampliar Cambiemos” a otros sectores– les quedó pendiente un lugar estratégico para el radicalismo en un hipotético nuevo gobierno nacional. Con la candidatura a vicepresidente ocupada, los boina blanca ahora presionar por garantizarse la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación, un deseo que choca de lleno con el plan del PRO, sobre todo dentro del vidalismo. Es que la mandataria bonaerense pretendía ese lugar para su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, uno de los primeros adelantados en confirmar hace meses su candidatura a legislador nacional. La gobernadora tiene cerrado de palabra con la Casa Rosada que una de sus principales figuras ocupará la estratégica silla de la presidencia de la Cámara Baja, lugar que históricamente es reservada para la provincia de Buenos Aires, ante el desbalance que hay en el Congreso en el reparto de bancas (aporta el 40 % del electorado, pero recibe apenas el 27 % de las bancas). La tensión con el radicalismo nacional nuevamente tiene sus derivaciones en el universo bonaerense. Por estas horas surgió la versión de que Vidal tiene sobre la mesa la opción de replicar la jugada de Macri y poner un peronista como candidato a vice, ante las presiones de los radicales. Sin embargo, ANDigital pudo saber, por altas fuentes de Gobernación, que esa especie “no tiene chances”. El rumor se enmarca en las negociaciones y presiones con las que juegan el PRO y la UCR. Como ya se mostró en esta columna, la misma estrategia usó el vidalismo cuando los radicales pedían una PASO presidencial: “Si quieren PASO, vamos a la PASO, pero en todos los niveles: gobernación y los 135 municipios”, advertían horas antes de la Convención de Parque Norte. Más allá de los amagues, una de las posibilidades que se manejan en el PRO es ubicar al actual vicegobernador, el radical Daniel Salvador, como cabeza de la lista de diputados nacionales, para que se siente en el sillón de la presidencia de la Cámara Baja, y así se pagaría a los radicales y a la Provincia. Pero quedaría pendiente el lugar de Ritondo. Pulseadas irresueltas.

    Mientras tanto, los diagramas y cálculos están a la orden del día. Se dijo que si Camaño avanzara con su candidatura a Gobernadora, podría sacarle puntos a Kicillof. Sin embargo, para el vidalismo hay una contraparte: si Consenso 2030 lleva a la renacida Margarita Stolbizer como candidata, sucede a la inversa y puede restarle puntos a Vidal. El juego de los arrastres presidenciales sigue teniendo efectos sobre las candidaturas bonaerenses, pero ahora también se mete de lleno el tercero en discordia. Condimentos de un tablero que no para de moverse.

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