10 Dec. 2019 | 00:02
10 Dec. 2019 | 00:02
Bitácoras bonaerenses

Las debilidades y flaquezas de Vidal y Kicillof en campaña

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  • Los candidatos bonaerenses de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos mostraron severos traspiés a la hora de enfrentar entrevistas con preguntas con algo más de profundidad de lo común. El “modo Scioli” de Vidal.

    Vidal y Kicillof, contracaras.
    Vidal y Kicillof, contracaras.

    “En la cancha se ven los pingos”, reza el viejo refrán, un saber popular impregnado en el tiempo que grafica situaciones que se pueden trasladar a las acciones reales de María Eugenia Vidal y Axel Kicillof en esta campaña electoral de cara a las PASO del 11 de agosto. Flaquezas, debilidades, contingencias que los precandidatos de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos comenzaron a mostrar en el fragor de las recorridas y entrevistas que hacen por las corporaciones mediáticas. En los duelos y cruces discursivos, por los medios o por Twitter, es fácil para los competidores apuntar a su rival y responderle mediante un arroba en la red social del pajarito. Pero lo cierto es que en tiempos de la política 3.0, de marketing y redes sociales, las preguntas con cierto grado de profundidad dejaron en un claro offside a ambos precandidatos. De la campaña agresiva y peyorativa, pasamos a una en que las debilidades de Vidal y Kicillof quedaron expuestas. Los flancos débiles.

    Desde que Vidal apostó a mostrarse encabezando su campaña en tierra amiga, debutó en el programa PPT de Jorge Lanata, donde lanzó artillería pesada contra su rival y la frase “si gana Kicillof, gobierna La Cámpora”. Con el pasar de los días, Vidal optó por dar entrevistas en tierras menos afines o no tan condescendientes. La pasó mal, mostró una versión distinta a ese perfil milimétricamente fabricado. En el programa Corea del Centro, que conducen Ernesto Tenembaum y María O'Donnell, la gobernadora divagó, se enojó, no fue clara en sus respuestas ante preguntas y repreguntas puntuales, y con datos sobre diversos escenarios políticos y económicos de las gestiones nacional y bonaerense. “¿Por qué tenés más desocupación? Porque tenés el crecimiento de la población, de gente que no trabajaba y ahora es más grande y sale a buscar trabajo”, fue una de las confusas respuestas de “Mariu”. El mismo malestar y falta de reacción tuvo en el programa “A dos voces”, tierra amiga de TN. Vidal sintió en mucho tiempo el rigor de un periodismo que la contradice con datos, con cifras, con repreguntas. Un escenario distinto a las respuestas automáticas ante preguntas previsibles que supo cultivar en estos casi cuatro años de protagonismo en la escena pública bonaerense. El “modo Scioli” que patentó el exgobernador se potenció con Vidal. Ese político que evadía los mano a mano difíciles o respondía lo que quería ante una pregunta puntual, fue afinado y perfeccionado por la mandataria y su carisma en las sensaciones que menaje en una entrevista, producto de un extremo coaching. Más periodismo y menos show.

    La suerte de Kicillof en la semana que pasó no fue la mejor. El candidato del Frente de Todos decidió despegarse de su compañera de fórmula, la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, ante las rispideces que evidenciaron al aire en un duelo inconciente de protagonismo en las entrevistas. Pero el porteño joven candidato aún está preso de su rol de exministro de Economía y no termina abrazando el papel político que requiere buscar el sillón de la Gobernación bonaerense. Kicillof pisa el palito, una y otra vez, en toda entrevista que da y se concentra en hablar de cifras, datos y análisis económicos teóricos y complejos que el ciudadano medio, y por ende votante, está lejos de comprender. Le cuesta salir de ese rol, no se muestra como un hombre que pretende pugnar la conducción de un Estado y que es capaz de comandar un Ejecutivo. En la vieja política se pregonó un concepto (incluso en el llamado nestorismo): “La política no puede ser conducida por economistas”. Kicillof no deja de ser un tecnócrata y aún queda en evidencia su falta de timming político en el mano a mano con los periodistas. El mal momento que vivió en el programa Polémica en el Bar, ante la pregunta de la modelo Virginia Gallardo que lo dejó sin respuesta, es parte de esa falta de reacción ante una escenario fuera de un protocolo técnico, pero también ante la ausencia notoria de un coaching, no a lo Vidal, pero sí necesario para disputar una campaña en todos los terrenos. Más política, menos tecnicismos.

    Hasta ahora, Vidal y Kicillof sólo han demostrado que apuntan a retener el voto propio y no apuestan a buscar ese sufragio que pueda desequilibrar la balanza en una elección que, ya avisa, será mano a mano. Dato no menor, desde el vidalismo, por lo bajo, muestran gran preocupación ante los números que manejan de cara a las PASO del 11 de agosto. En algunos medios se publicó que una derrota por cuatro puntos para Juntos por el Cambio en la Provincia no sería catastrófica y que –en base a los antecedentes del 2015 y 2017–, se podría remontar en octubre. Sin embargo, en la mesa chica de Vidal, según pudo saber ANDigital, sostienen que en la actualidad están más de cinco puntos debajo del Frente de Todos. El arrastre negativo de Mauricio Macri sigue siendo lapidario para Vidal, aún a costa de un leve repunte y el llamado “veranito económico” que se fogonea. Por otro lado, con un manto de realismo crudo, desde la Gobernación dejaron trascender que el límite para una remontada en octubre son “cinco puntos abajo, no más”.

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