19 Nov. 2019 | 05:08
19 Nov. 2019 | 05:08
Bitácoras bonaerenses

Alarma en el vidalismo y el factor Aníbal F que preocupa a Kicillof

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  • Por un lado, en la mesa chica de la gobernadora temen por una derrota por más de 5 puntos en las PASO de agosto. Por el otro, en el Frente de Todos se lamentan la anibalada lanzada por el otrora funcionario K, que le dejó un plato servido al oficialismo.

    Vidal, Kicillof, y un mar de preocupaciones.
    Vidal, Kicillof, y un mar de preocupaciones.

    Dos semanas para las PASO, dos semanas para el primer gran manto de realidad sobre el escenario. Ese tiempo de descuento es el que queda para ver cómo toman forma los resultados del gran testeo electoral, esa gran encuesta de proyección en la que se convirtieron las primarias en general. Los últimos tramos siempre son los más complicados, sujetos a contingencias, errores garrafales y jugadas maestras que pueden dar vuelta un escenario, sobre todo uno de fina polarización como el que protagonizan el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Hay un fantasma que acecha desde al año pasado a la gobernadora María Eugenia Vidal y que amenaza con convertirse en una pesadilla hecha realidad. Mauricio Macri es el “salvavidas de plomo” de Vidal y su arrastre negativo hace que todas las encuestas muestren arriba a Axel Kicillof. En el vidalismo son concientes de esta realidad, no la esconden y hasta algunos se animan a decirla en público. Vidal no, claro. Pero desde Gobernación dejaron trascender que están “abajo por más de cinco puntos” y que el límite para soñar con una remontada en octubre es “cinco puntos, no más”. La esperanza del corte de boleta en favor de “Mariu” también tiene sus complicaciones. Los más optimistas en Calle 6 recuerdan que la mandataria logró más de 6 puntos con el corte de boleta en 2015. Sin embargo, las mejores proyecciones de este año apuntan a que ronda los 4 puntos, lejos del límite que demarcaron en el vidalismo para remontar en octubre. El 2015 no es el 2019, eso está claro. Ese año MEV era la figura nueva de la política, prácticamente una desconocida para los más de 16 millones de bonaerenses que vieron en ella una “esperanza de cambio” ante un modelo que estaba fisurado. Pero pasaron casi cuatro años, y en el actual Vidal es una de las caras más representativas del modelo económico nacional que implementó Cambiemos, con las derivaciones de una crisis profunda que no se va. Además, con errores y con aciertos, Vidal ya tiene un trecho suficiente como para ser evaluada sobre un sendero de desempeño propio y no una proyección de que lo sería. Fantasmas que acechan al vidalismo.

    Este espectro también preocupa a los intendentes de Cambiemos (sobre todo en las grandes ciudades), quienes adquirieron viejas prácticas de antaño y “peronistas”: mandaron a esconder la boleta de Macri entre las que reparten en sus municipios. ¿Cómo es el sistema? Sencillo, la boleta tiene seis cuerpos, precandidaturas a presidente y vice, a legisladores nacionales, a gobernador y vice, a legisladores provinciales, y a intendentes, concejales y consejeros escolares. El objetivo es esconder a Macri y acoplarse a Vidal. Para eso doblan para adentro las de presidente y legisladores nacionales, para que quede visible la de gobernadora. Del otro lado, doblan por la mitad la de los legisladores provinciales y, así, quedan juntas las boletas del candidato a intendente con la de Vidal. Los jefes comunales de Cambiemos también saben y le temen al arrastre negativo de Macri. El juego de los alcaldes.

    Del otro lado de la calle electoral, pese al arrastre positivo que tiene Cristina Fernández de Kirchner en la provincia de Buenos Aires, y que lo traslada a su candidato Kicillof, el peronismo/kirchnerista no logra aceitar la campaña profesional que se requiere para una elección de tamaño calibre. Si bien Axel comenzó a salir de su rol de tecnócrata y a mostrarse como un hombre que busca sentarse a conducir el Poder Ejecutivo de la provincia más grande del país, las viejas mañas del kirchnerismo duro vuelven a irrumpir y a poner en peligro la ventaja que aún tiene sobre Vidal. Primero fue la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, quien también es precandidata a vicegobernadora. En una de las entrevistas que dio a medios porteños, la matancera pisó demasiado el acelerador, rozó el derrape y se metió con cuestiones personales de la mandataria. “Vidal es una madre que no tiene sensibilidad”, dijo en una extraña comparación y analogía sobre la madre y la candidata a gobernadora. Pero en la vida, dicen, siempre hay alguien que te supera. A Magario la superó Aníbal Fernández, y por mucho. El exjefe de Gabinete de Cristina, y candidato a gobernador derrotado en 2015, se quiso hacer el vivo; él sí derrapó. Preso del rencor, Aníbal quiso recordar en una entrevista radial el spot de campaña que Vidal usó en el duelo por la Gobernación: “Se acuerda que había una publicidad qué decía: '¿Con quién dejarías a tus hijos: con María Eugenia Vidal o con Aníbal Fernández?', ¿sabés a quién no se los confío yo? ¡A ella! Después veo con el resto, por ahí se los dejó a Barreda, a ella no”, lanzó sin filtro la anibalada que repercutió en segundos en toda la campaña electoral. El exfuncionario kirchnerista le hizo un flaco favor a Alberto Fernández y a Kicillof al poner a Vidal en un plano similar, o aún inferior, a de uno de los asesinos más célebres de la Argentina del último siglo: el odontólogo platense Ricardo Barreda, condenado a cadena perpetua en 1995 por haber asesinado a sus dos hijas, su esposa y su suegra. Tal fue el efecto que Kicillof se vio obligado a salir a diferenciarse de esas declaraciones y afirmar: “La comparación fue penosa”. El exabrupto también generó una crisis interna en el Frente de Todos, con diversos posicionamientos respecto a la anibalada del ahora precandidato a concejal en Pinamar. Errores que, se sabe, muchas veces pueden resultar caros.

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