18 Sep. 2019 | 17:28
18 Sep. 2019 | 17:28
Bitácoras bonaerenses

La batalla de Buenos Aires (Parte I): Macri y Vidal se juegan el futuro de Cambiemos

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  • El Presidente y la Gobernadora apuntan todos sus cañones al territorio bonaerense. Clima derrotista. La esperanza de una remontada. La necesidad de ir a votar en las PASO.

    Los temores se agigantan a medida que el reloj muestra el tiempo de descuento. El nerviosismo inunda a toda la tropa. Las cavilaciones se multiplican. Los trazados estratégicos van en varios sentidos. Queda menos de una semana para el primer round, esa gran encuesta real que marcará el pulso del escenario electoral. El domingo 11 de agosto, en las PASO, el voto popular dará su primer veredicto, el cual demarcará el último sendero hacia el 27 de octubre. La hora de la primera verdad se acerca. Lo saben en el macrismo, lo saben en el vidalismo, en todo Cambiemos, ahora convertido en Juntos por el Cambio. Hay un clima derrotista, es cierto, pero también es aprovechado por el oficialismo para soñar con números que le sonrían para la elección general de octubre. Como ya se dijo en esta columna, el límite del vidalismo para soñar con una remontada es perder por menos de cinco puntos con el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof. Su ingeniería electoral, con algo de optimismo, augura que una derrota por menos de ese límite, puede darles la oportunidad para lograr la reelección de María Eugenia Vidal. Se sabe, en la elección para la gobernación, no hay balotaje, se gana por un voto. Pronóstico reservado.

    Vidal, la comodín de Cambiemos, la reina sobre el tablero de ajedrez político. La actual Gobernadora es la política con mejor imagen del oficialismo, e incluso, de toda la clase política. Sin embargo, sumado a sus errores propios, tiene un karma: se llama Mauricio Macri, su salvavidas de plomo, quien no sólo la lleva a una hipotética derrota en el terreno bonaerense, sino que hizo valer sobre ella su jerarquía de patrón ante una subordinada. En esta contienda electoral, la suerte de Macri está atada a la suerte de Vidal, y viceversa. El jefe del Pro quiere succionar parte de ese caudal político-electoral que tiene “Mariu” y ella ruega con que el arrastre negativo de su jefe no sea una boya con piedras. Un círculo que tiene más chances de ser vicioso que virtuoso. Durante la campaña, los pasos de la artillería pesada electoral fueron al campo de batalla bonaerense. Vidal y Macri se mostraron juntos en diversos actos. Decidieron intentar sacarle el último jugo a la polarización, a la grieta, que paradójicamente puede ser una jugada en contra. Volvieron a apuntar al “pasado”, como en estos más de tres años de mandato. Evitando mencionarla directamente, apuntaron a confrontar con Cristina Fernández, con el kirchnerismo. Pero en la provincia de Buenos Aires, precisamente, es donde la expresidenta tiene mayor intención de voto, sobre todo en el Conurbano, donde pegó más la crisis económica y social. Esa ecuación es la que ubicó a Kicillof arriba de Vidal en las encuestas provinciales, por 5, 6 y hasta 7 puntos de diferencia, incluyendo el corte de boleta en favor de la Gobernadora. En las candidaturas para presidente, la diferencia se agiganta, Alberto Fernández le saca hasta diez puntos a Macri. Los números previos.

    En ese escenario confuso Vidal comenzó su campaña, de la mano de Macri: marca personal siempre. Decidió apuntar contra su rival, Kicillof, ese que sin mucho esfuerzo canaliza la alta intención de voto de Cristina en la provincia. “Si gana Kicillof, La Cámpora va a gobernar la Provincia”, lanzó desde el sillón de su complaciente amigo Jorge Lanata. La agresividad no tuvo mucho efecto, más que aferrar el voto duro de Cambiemos. El descontento por la economía y la pésima imagen de Macri aún pesan más. Con el pasar de los días, Vidal decidió apelar al sentimentalismo, al estilo de moda en la política “soy una mujer común” y “estoy en el chat de mamis del colegio”. Bajó el tono, se mostró no dispuesta a “responder agresiones”, como el derrape de Aníbal Fernández, quien la comparó con el femicida Ricardo Barrera. Extrañamente, hasta habló de la posibilidad de perder las elecciones en octubre y qué tenía pensado hacer el día después. También evitó confrontar con Cristina, quien la buscó una y otra vez en varios de sus discursos para precisamente polarizar. Hablar de Cristina, para Vidal, es ir contra la marea, es apuntar a la que mejor intención de voto tiene en la gran aldea bonaerense y perder la partida. Paradojas de la escena electoral. En las elecciones legislativas de 2017, Vidal apadrinó a Esteban Bullrich para enfrentar a CFK y le ganaron. Este 2019, la escena parece apuntar a la inversa. Los vaivenes de MEV.

    Durante la semana que pasó, Macri y Vidal salieron a pedir a la gente que asista a votar en las PASO. Más allá de que el voto es una obligación ciudadana, el pedido de los referentes amarrillos parte de ese clima derrotista que se vive en los principales búnkeres. En otra hipótesis de ingenia electoral, en Juntos por el Cambio consideran que gran parte de los votantes que no van a sufragar en las PASO, son los que votan por ellos en las generales. Con alta carga de urgencia, con los números en la mano, Macri y Vidal saben que una derrota holgada el 11 de agosto podría sentenciar de antemano su destino electoral. Por eso el pedido. No está de más recordar que hasta hace no más de un mes, fueron desde el oficialismo quienes intentaron generar un debate en torno a una presunta falta de necesidad de las PASO y los gastos de recursos en vano. Estrategias, tácticas en medio de un sendero que muestra que la primera batalla de Buenos Aires está cerca. La jugada del destino electoral en su primer tiempo.-

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