20 Oct. 2019 | 10:46
20 Oct. 2019 | 10:46
Bitácoras bonaerenses

El peor momento de Vidal: Una derrota abrumadora ante Kicillof

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  • La Gobernadora sufrió un impensado y aplastante golpe. El escenario previo. Las broncas con La Rosada. Un escenario lleno de obstáculos. La voz del vidalismo.

    Preocupación. Vidal en la rueda de prensa brindada esta tarde de lunes.
    Preocupación. Vidal en la rueda de prensa brindada esta tarde de lunes.

    Ni en sus peores pesadillas soñó con esa posibilidad. Ni los más agoreros anunciaron esas desventuras. La realidad golpeó y muy duro. María Eugenia Vidal vive sus peores horas como gobernadora, intenta digerir lo que fue una aplastante derrota frente a su rival, Axel Kicillof, del Frente de Todos. Se rompió –lejos– ese límite de cinco puntos abajo que planteó el vidalismo como para ilusionarse con una remontada en las generales de octubre. Fueron más de 5, fueron 16,78 puntos de diferencia. Cuatro veces más del peor escenario proyectado antes de las PASO. El resultado fue 49,34 % para Kicillof, contra el 32,56 % de Vidal. ¿Qué pasó con el “fenómeno Vidal”? ¿Dónde está la política con mejor imagen del país? Son interrogantes que se hacen en todos los rincones del universo político. Nadie, pero nadie, se imaginó una derrota de la Gobernadora con tal magnitud. La pesadilla de “Mariu” hecha realidad.

    Como se escribió en columnas anteriores, desde el vidalismo antes de las PASO reconocían que iban abajo por más de cinco puntos. Pasadas las 20 horas del domingo 11 de agosto, con resignación, desde el entorno de la gobernadora reconocían que iban abajo por “más de diez puntos”. Al cierre del escrutinio, ante la realidad de los números y sobre el escenario de octubre, confesaron que “va a ser muy difícil” remontar esa situación. En el discurso que dio Mauricio Macri para reconocer la derrota, y en la posterior conferencia de prensa, se vio en vivo a una Vidal ofuscada, molesta, contenida en bronca. Una imagen que con las horas se iban a transformar en palabras. Desde el vidalismo miraron de reojo al jefe de Gabinete, Marcos Peña (el enemigo interno de Vidal). En busca de explicaciones volvieron a lamentar que, allá por enero, Macri y Peña enterraron la idea de la Gobernadora de desdoblar las elecciones bonaerenses. Como consuelo afirman que, si Vidal competía sólo por la Gobernación antes de las nacionales, tenía un 80 por ciento del triunfo asegurado. Una situación que nunca se sabrá, aunque en las últimas encuestas antes de las PASO varias consultoras midieron a Vidal y Kicillof en una mano a mano: la mandataria bonaerense también perdía en ese escenario, aunque por menor margen. Bronca y reproches.

    Por si fuera poco, el dólar quiso ser otro protagonista más y llegó a picos de 61 pesos en distintos bancos. “Hay que gobernar, aguantar esta crisis que generaron hoy los mercados y luego volver a la campaña para octubre”, afirmaron desde la plana mayor de la Gobernación bonaerense. Aún en caliente, responsabilizan a Macri por la dura derrota: “Fue un voto castigo a Mauricio muy fuerte”, afirman. Un dato muy cierto, aunque no se puede obviar que el mentado corte de boleta, la carta de fuerte de Vidal antes de las PASO, fue exigua: apenas un 0,48 en favor de la Gobernadora. El arrastre negativo de Macri, quien hizo valer su condición de “salvavidas de plomo” de Vidal, fue un factor más que trascendental para la aplastante derrota. Pero hay gran cuota de errores propios de Vidal que no están siendo tomados en cuenta. Vidal quedó sujeta a las malas decisiones económicas tomadas por Macri, que llevaron a la crisis económica que padecen los bonaerenses. “La gente no come asfalto”, dijeron alguna vez desde el vidalismo. Pero si bien no está en poder de cualquier gobernador o gobernadora tomar y ejecutar las medidas económicas de un país, Vidal pecó de subordinada y por momentos híper alineada a Macri: ratificó y apoyó todas las medidas del Ejecutivo nacional en forma explícita o en silencio. Vidal no sólo mostró docilidad ante la negativa de desdoblar elecciones, sino también ante los manejos de la economía que en privado decía estar en contra. Vidal ató su suerte a la de su jefe y así le fue. Está el límite de dilapidar ese gran caudal político-electoral que la alumbró en 2015, y se expandió en 2017, cuando derrotó a Cristina Kirchner en las legislativas.

    Vidal recibió una verdadera paliza y una lección que aprender. De ser candidata a presidenta para asegurar una victoria de Juntos por el Cambio, pasó a ser una mandataria “débil”, que cuatro meses antes de terminar su mandato parece tener el boleto picado. Durante lapsos en su mandato, Vidal demostró que podía pisar el barro, dejar de lado las estrategias new age de Marcos Peña y Jaime Durán Barba, apelando a la política tradicional. Pero fue dócil y no se plantó como tenía que haberlo hecho para cuidar a los bonaerenses, y a su propio caudal político. Dejó que Macri y el superministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, trasladasen el costo de la crisis a la provincia de Buenos Aires. Y, al igual que su antecesor, Daniel Scioli, bajó la cabeza a cualquier mandato que salió desde la Casa Rosada. Distinto a Scioli, Vidal sí se encargó de repetir que con “Mauricio somos un equipo” y nunca atinó siquiera a rebelarse. Además, eligió quedarse con la gobernadora del coaching, del acting, del producto de marketing político que la volvió poco creíble y hasta sobreactuada. Vidal decidió gobernar desde oficinas ubicadas en la Capital Federal, y no desde la Gobernación bonaerense. Detalles mínimos de una derrota que marca la corta por ahora carrera política bonaerense de “Mariu”. Queda el interrogante de cómo encarará su campaña hacia octubre, con un escenario que se perfila como extremadamente complejo.

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