22 Oct. 2019 | 15:42
22 Oct. 2019 | 15:42
Bitácoras bonaerenses

Sálvese quien pueda: Habilitados por Vidal, intendentes de Cambiemos se pegan a Alberto y Cristina

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  • Los alcaldes del Conurbano y de las grandes ciudades de Juntos por el Cambio despliegan distintos métodos para soñar con retener sus distritos. La mano de la gobernadora y el reconocimiento de que la elección provincial ya está perdida.

    Vía libre para las campañas comunales.
    Vía libre para las campañas comunales.

    No hubo lugar para simulaciones, no hubo que disimular nada. Las veces que María Eugenia Vidal se reunió o habló por teléfono con algún intendente, el manto de realismo impregnó la escena. La suerte para la gobernadora está casi echada. Eso lo sabe ella, lo sabe su mesa chica, lo saben los alcaldes. La digestión de esa derrota aún cuesta. Quienes se reunieron con ella afirman que hay un “clima denso” que sobrevuela su despacho en las oficinas porteñas del Museo Nacional Ferroviario, en Retiro. Pero con ese dolor, con esa incredulidad hacia la realidad, Vidal tuvo que actuar y, presa de su presente, comenzó a pensar en su futuro. No sólo diagramó los primeros trazos de lo que será el vidalismo pos Mauricio Macri, sino que habilitó, empujó y hasta financia a los intendentes de Cambiemos (de las grandes ciudades) a promocionar el corte de boleta y hasta hacer campaña pegados a las figuras de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. El vale todo para sobrevivir.

    La realidad cruda habilitó el “sálvese quien pueda”, pero con un objetivo claro: si Vidal quiere soñar con un vidalismo opositor a un eventual gobierno de Axel Kicillof, que le permita proyectarse para una candidatura a diputada nacional en 2021, necesita construir o retener un poder territorial mínimo que le sirva de plataforma para esas aspiraciones. Es por eso que habilitó a los intendentes que actualmente gobiernan las grandes ciudades del Conurbano, La Plata y Bahía Blanca a despegarse de la figura de Macri y de la suya propia, a promover las viejas mañas del corte de boleta, pero con el agregado de hasta promocionar su candidaturas junto a las de Alberto y Cristina. Ni el Barón del Conurbano más añejo se hubiera animado a tanto. Los viejos caciques peronistas, hábiles en el arte de jugar al corte de boleta, ante la caída de su candidato nacional, utilizaron sólo el método de repartir sus boletas cortadas junto al candidato de otro espacio que se proyectaba como ganador. La superación de las “malas costumbres”.

    Con la venia de Calle 6, los alcaldes de Cambiemos rompieron todos sus manuales puritanos y se metieron en barro pegajoso de la vieja política. El jefe comunal de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, no sólo mandó a cortar boleta, sino que se animó –sin ruborizarse en entrevistas a medios nacionales– a pedir por el voto opositor y a evocar que a él lo votaron kirchneristas. Un poco más osado, el alcalde de Pilar, Nicolás Ducoté, cantó “envido” y mandó a imprimir cartelería de campaña donde su nombre aparece claramente junto a Alberto y Cristina, con una sutil línea punteada que sugiere el corte de boleta. Sus colegas Martiano Molina, de Quilmes, Julio Garro, de La Plata, o Néstor Grindetti, de Lanús, también abrazaron la estrategia y en sus carteles borraron por completo cualquier referencia a los colores de Juntos por el Cambio.

    Obviamente, en ningún afiche se animan a posar junto a Macri o Vidal. Para sumar al empuje deseado, la gobernadora optó por no hacer el raid de entrevistas en medios nacionales amigos, para pedir el lugar para sus alcaldes. Las apariciones de los intendentes en diversos programas de aire y de cable se deben al financiamiento que la gobernadora hace de los municipios que desea conservar para Cambiemos. Un reconocimiento implícito a que su elección ya estaría marcada por la derrota. El armado de la tropa a futuro.

    Las acciones de Vidal y los intendentes, de claro rechazo y reniego de Macri, tienen sus antecedentes. Fueron los alcaldes del Conurbano de Cambiemos quienes pidieron a gritos desde el 2018 por el desdoblamiento de las elecciones provinciales y, luego, con menos fervor ante el rechazo rotundo de la Casa Rosada, ensayaron el pedido para desdoblar las elecciones municipales. Sus pedidos no fueron oídos, ellos detectaron que en sus distritos, al ritmo de la crisis económica, y del rechazo a la figura de Macri, crecía día a día la imagen de Cristina. Fue una ola que la vieron venir, quizá no tan grande, como fueron los amplios resultados en las PASO de agosto, pero los alertas de un fortalecimiento del peronismo ya estaban. El camino a octubre es por demás espinoso, las chances son pocas y las tracciones nacionales y provinciales ya no funcionan. Los intendentes están sujetos a la habilidad o no de municipalizar su campaña y lograr retener la Jefatura Comunal ante la avalancha del Frente de Todos.

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