23 Feb. 2020 | 17:25
23 Feb. 2020 | 17:25
Bitácoras bonaerenses

La hora del “kicillofismo”: Nacimiento, primeros pasos y los desafíos a superar

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  • A casi dos meses de gobierno, la forma de negociar con la oposición y el armado de su gabinete muestran una marca personal del Gobernador y el equipo que lo acompañó en el Ministerio de Economía de la Nación, que permite hablar de un “ismo”. La relación con los intendentes y el massismo.

     

    Axel Kicillof y su gabinete en plenitud.
    Axel Kicillof y su gabinete en plenitud.

    Los “ismos” no son un invento del periodismo o de sectores políticos que quieren reivindicar un líder o una manera de hacer gestión y política. No. En parte, son la marca personal que un gobernante le da a su gestión, pero -sobre todo- el tamaño de su tropa que le responde fielmente y que conforma su círculo de confianza sobre la acción política. No hay un número exacto para demarcar el nacimiento de un “ismo”, pero en el caso del gobernador, Axel Kicillof, claramente se puede observar que existe un “kicillofismo”: primero por el alto porcentaje de ministros de su riñón que integran el gabinete y, segundo, por el estilo de negociación que imprimieron en dos paradas complejas en la Legislatura bonaerense. El nacimiento del kicillofismo.

    De los 16 ministerios, más la vicegobernación, ARBA y el BAPRO, diez se pueden nombrar como “kicillofistas puros”, una como “cercana” y el resto que viene de otros sectores dentro del peronismo/kircherismo. Según la información oficial vertida desde la actual administración, los ministros Carlos Bianco (Jefatura de Gabinete), Federico Thea (Secretaría General), Jésica Rey (Comunicación), Augusto Costa (Producción), Pablo López (Hacienda), Agustina Vila (Educación), Augusto Simone (Infraestructura), Mara Ruiz Malec (Trabajo), Juan Cuattromo (BAPRO) y Cristian Girard (ARBA), provienen del equipo que acompañó a Axel en sus tiempos de ministro de Economía de la Nación, durante el segundo mandato de CFK. El jefe de Estado bonaerense los convocó y eligió personalmente por ese pasado común, y son la base sólida de su gobierno. El kicillofismo puro.

    María Teresa García (Gobierno) no llegaría a ser “pura”, no trabajó con el gobernador en sus tiempos como funcionario nacional, pero en los últimos años su relación se fortaleció a tal punto que la senadora bonaerense en uso de licencia fue una de las armadoras de la campaña de Kicillof en la Provincia. Los ahora cercanos son Julio Alak (Justicia), exintendente de La Plata, exministro de Cristina Fernández y conocedor del peronismo platense. Daniel Gollán (Salud) también viene de ser ministro nacional durante el segundo mandato de Cristina. Siguen Javier Rodríguez (Agrario), también fue funcionario de CFK, aunque no se desempeñó como ministro. Fernanda Raverta (Desarrollo), proviene de La Cámpora, aunque hace tiempo alejada de la mesa de conducción de esa agrupación. Estela Díaz (Mujeres), viene de la CTA y de cumplir tareas en Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Sergio Berni (Seguridad), un caso especial: en su entorno afirman que su “única jefa es Cristina” y él mismo se reivindica como “kirchnerista de primera hora”. En los pasillos de la política bonaerense sostienen que su elección -en el ministerio más caliente de la Provincia-, se debe a un pedido especial de la actual vicepresidenta. Por último está la vicegobernadora, Verónica Magario, que técnicamente pertenece al gabinete. La exintendenta de La Matanza supo tener su armado durante el macrismo con varios intendentes peronistas (sobre todo el Interior) y siempre demostró un alineamiento a la figura de Cristina. Los no puros.

    Más allá de la presencia de un alto porcentaje de “kicillofistas puros” en el gabinete, la forma que el Gobernador y su mesa de conducción llevaron adelante -hasta ahora- las negociaciones en la Legislatura, agregan condimentos para realmente comenzar a hablar de un kicillofismo en la Provincia. Para la aprobación de las Emergencias y la prórroga del Presupuesto 2019 y, después, para la compleja aprobación de la Ley Impositiva 2020, un empate con sabor a derrota para Calle 6, las formas de negociar el proyecto fueron kicillofistas en un alto porcentaje. Errores novatos, falta de un diagnóstico profundo del tablero, fallas de cálculo, falta de conocimiento del terreno y el barro bonaerense fueron parte del combo explosivo de este verano político. “Van a ir aprendiendo, por ahora son sus formas”, comenta un peronista del otro lado de la plaza San Martín de La Plata. “Son todos tecnócratas, muy preparados intelectualmente, pero para la política hace falta otra cosa”, opina un experimentado legislador del Frente de Todos. Las primeras batallas.

    Ya no es ningún secreto que el armado del Gabinete de Kicillof dejó varios heridos. Los intendentes peronistas del Conurbano dejan trascender, en reiteradas oportunidades, la ausencia de uno de ellos en el equipo del Gobernador. “Son todos kicillofistas”, afirma con algo de lamento un alcalde mientras toma su café ante ANDigital. Con ese tono se quejan de que el Gobernador “no los consulta”. “¿Y la política, para cuándo?”, desliza con tono irónico un legislador que responde a los intendentes. No hay que olvidar que los intendentes aceptaron que Kicillof proyecte su sendero para sentarse en el sillón de Dardo Rocha. Durante el 2018 y 2019 afirmaban a los cuatro vientos que uno de ellos tenía que ser el candidato y que ellos lo elegirían. Nada de eso pasó, la magistral jugada política de Cristina al ungir a Alberto Fernández como candidato a presidente terminó con ese sueño. La lógica era sencilla: Cristina entregó la esfera nacional, pero no así la provincial. En la gran aldea bonaerense CFK se abroqueló, de la mano de el que se perfila su gran heredero: Axel Kicillof, un cristinista fiel, que trajo su tropa fiel para gobernar la provincia más grande y compleja del país. Kicillof es el experimento exitoso que no fue Aníbal Fernández en 2015. Kicillof es el primer gobernador kirchnerista que responde directamente a CFK. Una relación siempre difícil de llevar.

    Dicen en los pasillos de la política bonaerense que Kicillof no confía en la rosca, no es afecto al peronismo pragmático. Los intendentes tildan al kicillofismo de “hermético” y no hay día que evoquen las diferencias que hay con Alberto Fernández, su “apertura” y la contención que hizo con los alcaldes. El massismo se queja de lo mismo. No es para sorprenderse, Kicillof es un economista hecho y derecho, el kicillofismo también. Son afectos al trabajo, laburan hasta altas horas de la noche y son milimétricos en sus decisiones. ¿Alcanza con esas aptitudes para gobernar la Provincia? Néstor Kirchner, en sus tiempos de presidente de la Nación siempre repetía que la economía no tenía que dominar a la política. Por eso revalorizó a la política, por eso degradó el poder y figura del ministro de Economía. Kicillof tiene su libro bonaerense sin llenar para poder demostrar un éxito sobre la pantanosa aldea bonaerense. Kicillof quiere cambiar el discurso cómodo que todos los gobernadores de este siglo XXI apelan: la Provincia es inviable. Kicillof, más allá de ser porteño y de haber hecho su carrera política en CABA, reivindica el ser bonaerense. Son señales más que aplaudibles. Sobre el tablero a corto plazo, el Gobernador tiene dos paradas bravas: las negociaciones sobre la deuda bonaerense, que de tener éxito será un gran empujón para su gestión y el Presupuesto 2020. Fuentes calificadas dicen que la hora de la política se verá sobre ese escenario y lo primero que Calle 6 va a mandar hacer es romper el bloque del Senado de Juntos por el Cambio, que con sus 26 integrantes tiene mayoría y, por ahora, le reescriben las leyes al Gobernador.-

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