26 Sep. 2020 | 21:44
26 Sep. 2020 | 21:44
Bitácoras bonaerenses

La rebelión de la Policía Bonaerense y sus secuelas sobre Kicillof

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  • Se vivió una inaudita y tensa protesta policial. Tembló el tablero. Se abrió otro escenario por la disputa de recursos. Pero quedan sobre el terreno, efectos sobre la figura del Gobernador. Las internas del peronismo.

    Sin dudas, el análisis más rápido de la inédita insubordinación de la Policía Bonaerense dice que la consecuencia fue el anuncio de Alberto Fernández de otorgar a la Provincia de Buenos Aires un punto más de coparticipación, quitado a la Ciudad de Buenos Aires. Las secuelas, dicen esas observaciones, dieron el papel principal a la grieta y a una “guerra” política entre bonaerenses y porteños por los recursos. Otros, además, apuntan a la ultra kirchnerización de Alberto y a la entronización nacional de Horacio Rodríguez Larreta, en este duelo por los recursos. Sin embargo, en el denso y siempre volátil terreno bonaerense, las secuelas que dejó la protesta policial abren una serie de escenarios en torno al lugar en el cual quedó parada la administración de Axel Kicillof. Efectos internos.

    La postal más sobresaliente es un hecho que nunca antes había pasado en la reciente historia bonaerense. Es cierto, efectivos policiales en su mayoría de menor rango y jóvenes con pocos años de servicio, se manifestaron en varios puntos de la provincia, con uniformes, con armas enfundadas, con patrulleros y sin una conducción clara que los aglutine. Es cierto, también, que muchos policías retirados o exonerados (muchos de ellos simpatizantes del PRO), aprovecharon la confusión e intentaron tener cartel en las protestas. Pero eso no quita que la mayor tensión vivida en la gran aldea bonaerense haya destapado una serie de hechos que dejan tela para cortar. El primero es la cachetada a su poder político que recibió Kicillof. Más allá de alguna chicana de coyuntura sobre “Alberto se convirtió en Gobernador” al resolver el conflicto, su autoridad ha sido duramente golpeada. Los efectivos rebelados no solo protestaron, sino que rodearon las calles aledañas a la Gobernación y la Residencia Oficial en La Plata, fueron uniformados, con las armas reglamentarias y con patrulleros. No sólo eso, fueron a protestar toda la noche hasta las mismas puertas de la Residencia donde Kicillof y su familia viven. Sobre ese punto, cabe mencionar un detalle no menor: ¿por qué ningún intendente o dirigente nacional o provincial reaccionó ante esa situación que estuvo al borde de atentar con la institucionalidad, como sí pasó cuando fueron a manifestarse a la Quinta Presidencial de Olivos? El shock en el mandatario provincial y sus ministros fue lo que dominó durante esas largas y densas horas. La soledad del Gobernador.

    La otra postal es la ausencia pública total del ministro de Seguridad, Sergio Berni durante el conflicto que era por demás público. Afecto hasta ese momento de las cámaras y los shows mediáticos, no sólo no canalizó el conflicto, sino que brilló por su ausencia. Con la protesta resuelta, Kicillof salió a ratificarlo en el cargo. Incluso, el jueves 17, al anunciar el aumento para la Policía Bonaerense y otros beneficios, en un gestó más humano que político, el Gobernador dejó una postal que fue reproducida en las tapas de los principales diarios: "¡Sergio, Sergio!", gritó el Gobernador al concluir el acto. El ministro se acercó y se saludaron con los codos (el saludo que nos deja la pandemia). Sin embargo, fuera de micrófono, en los principales despachos de la platense calle 6 las sensaciones son distintas. Primero, hay una demanda de una “fuerte autocrítica”. “Lo que pasó fue que claramente se rompió la cadena de mando”, admiten en los principales despachos. “El Gobernador tuvo que ponerse al frente de un conflicto que debería haber solucionado el ministro”, agregaron con algo de fastidio fuentes del entorno de Kicillof. Muchos pronostican que “Rambo” Berni tiene los días contados, incluso ponen en danza nombres de intendentes que ocuparían su lugar, otros apuestan a la banca que tiene el funcionario de Cristina Fernández, para sobrevivir a esta tormenta. Lo cierto es que algo va a suceder en el mediano plazo. No solo en ese (más que nunca) fierro caliente que es el Ministerio de Seguridad Bonaerense. Dato no menor, es la situación del actual jefe de la Policía, Daniel García. El uniformado intentó negociar con los insubordinados en Puente 12: fracasó rotundamente en su intento y hasta se fue abucheado. Presentó su renuncia, pero Berni no se la aceptó. Todo este combo explosivo no marca un buen precedente. No solo se cuestionó la autoridad del Gobernador, sino la del Ministro y la del Jefe de la Policía. Debilidades a resolver.

    Una tercera postal para no dejar de mirar es el silencio de los intendentes peronistas del Conurbano. Se sabe que desde la llegada de Kicillof al Sillón de Dardo Rocha y el armado de su gabinete, los alcaldes no miraron con buenos ojos al gobernador. No sólo por “no tener un solo ministerio”, sino porque la desconfianza primó en la relación desde tiempos de la campaña. Esas tensiones internas fueron guardadas en el ropero al fragor de la pandemia de coronavirus, aunque con el tiempo y con una “cuarentena que no existe”, poco a poco fueron sacadas. Tampoco es secreto que los caciques bonaerenses no se bancan a Berni y sueñan con verlo eyectado del sillón ministerial. Pero sobre el denso conflicto policial, los intendentes también brillaron por su ausencia, salvo hasta que los policías fueron a manifestarse a la Quinta de Olivos. Hasta ese hecho no hubo un apoyo público hacia el Gobernador ante la asonada policial, ni un tuit, ni siquiera un retuit. En Olivos, con el presidente al mando de la Provincia por unos minutos, los intendentes se sintieron cómodos. Se sabe, ellos se sienten más contenidos por Alberto que por Kicillof. Pero para ponerle trama al asunto, aún con el conflicto policial irresuelto, más de una docena de intendentes peronistas de la Primera Sección y algunos de la Tercera, se reunieron con la ministra de Gobierno, Teresa García, en un predio deportivo llamado “La Torcaza”, ubicado en Ituzaingó. Fuentes consultadas, confirmaron que el encuentro estuvo marcado por la queja de los jefes comunales a la forma de gobernar y relacionarse que tienen Kicillof y sus ministros con ellos. En medio de la catarsis, la ministra, que no es parte del kicillofismo que componen los ministros que acompañan al gobernador desde sus tiempos como funcionario nacional, sorprendió con una confesión: “A mí tampoco me abre el juego”. Reflotan las internas.

    La inédita rebelión policial pone sobre la mesa no solo la discusión con la Ciudad sobre el punto de coparticipación ,o si ese excedente se repartirá con los municipios. La figura del gobernador ha sido cuestionada y esto, sino se hace una fuerte demostración de autoridad, puede derivar en alargar la debilidad política que generó el conflicto. Se sabe que gobernar la Provincia es tener temple de hierro para sentarse y mostrar autoridad con los jefes policiales, los sindicatos y los caciques del Conurbano propios y ajenos, pero también para contenerlos y hasta manejarlos. Hay que andar sobre el barro, hasta el fondo. No parecer un “el delegado de la Provincia de Buenos Aires”, sino el Gobernador de la provincia más grande y más importante del país. La política, ante todo.-

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