28 Oct. 2020 | 13:30
28 Oct. 2020 | 13:30
Bitácoras bonaerenses

Reflotan internas subterráneas en el peronismo bonaerense

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  • La rebelión policial trajo a escena las disputas internas que mantienen intendentes del Conurbano, Berni y Kicillof. Con la cuarentena más que flexibilizada, vuelven a escena las desconfianzas mutuas.

    Axel Kicillof, en medio de una importante disputa interna.
    Axel Kicillof, en medio de una importante disputa interna.

    Septiembre, mes clave, bisagra de movimientos políticos y tensiones sobre el tablero. El noveno mes del año también trajo un cambio de paradigma en cuanto al enfoque y la comunicación sobre la pandemia. Sobre este denso clima reflotaron las disputas y diferencias dentro de peronismo bonaerense enrolado en el Frente de Todos. Esas internas político-territoriales que el coronavirus postergó o guardó –por unos meses– en el ropero. El 2020 comenzó con los coletazos del armado del Gabinete de Axel Kicillof y la “ausencia” de intendentes en algún sillón ministerial. Por lo bajo, los alcaldes del Conurbano y los legisladores que los representan dejaban correr sus quejas –fuera de micrófono– y sus recelos a las maneras de ejercer el poder que evidenciaba Calle 6. Allá por enero, los caciques bonaerenses se mostraban inquietos y disconformes por la forma en que Kicillof y sus ministros llevaron adelante las negociaciones con Juntos por el Cambio para la aprobación de la Ley Impositiva 2020. “Fuimos meros espectadores”, afirmaban diputados y senadores en torno al “hermetismo” del kicillofismo a la hora de discutir el proyecto, que finalmente tuvo como resultado un empate con sabor a derrota, dado que la oposición hizo vale su mayoría en el Senado e introdujo varias modificaciones al pretendido texto original. El antecedente prepandemia.

    La llegada del COVID-19 a la Argentina generó una aplaudible, pero transitoria paz y comunión entre oficialismo y oposición, y las internas que estos espacios tienen. Esa postal se diluyó al calor de los efectos económicos que trajo la pandemia, así como la larga duración del aislamiento. La grieta volvió a hacer su negocio y la clase política eligió ponerla como protagonista. Juntos por el Cambio pidió pista antes y evidenció las pulseadas entre moderados y duros en cuanto al posicionamiento del espacio respecto de las políticas que diagramaron en Nación, Provincia y Ciudad. Pero en el Frente de Todos, de a poco, las diferencias postergadas volvieron a sonar, de la mano de la rebelión policial que sacudió los cimientos de la Gobernación. En la columna de la semana pasada se habló del silencio de los intendentes ante el alzamiento policial y las protestas nocturnas, que se dieron con cortes de calle de policías uniformados y con armas enfundadas, que después fueron a reclamar a las mismas puertas de la Residencia Oficial de la Gobernación, donde viven Kicillof y su familia. Con el paso de los días, en varios despachos de Calle 6 reafirmaron ciertas sospechas sobre ese silencio o, en todo caso, la actitud de los intendentes de “mirar para otro lado” ante la escalada del conflicto. El festejo de varios alcaldes (en especial los de la primera sección electoral), ante la intervención de Alberto Fernández sobre el conflicto, con mensajes de WhatsApp jocosos que decían “¡Grande Alberto, tenemos Gobernador!”, no fue un dato menor que en La Plata pasaron por alto. Actitudes sobre el conflicto.

    Se sabe, se ha escrito, que los intendentes del Conurbano tienen marcadas diferencias con el ministro de Seguridad, Sergio Berni, y más de uno sueña con verlo eyectado del sillón ministerial. Se sabe que los intendentes –en más de una ocasión– le sugirieron a Axel que desplace a su ministro y su alto perfil ultramediático. Kicillof lo ratificó una y otra vez, aún en los momentos más tensos de la relación con la Casa Rosada y ante las declaraciones fuertes de Cristina Castro, la madre de Facundo Astudillo Castro. Axel se reporta solo ante Cristina Fernández de Kirchner y Berni tiene la banca de la vicepresidenta. Sin embargo, el efecto de la rebelión policial sigue trayendo novedades sobre el tablero. La semana pasada el ministro de Seguridad anunció el fin de las Policías Locales que, dentro de todo, son manejadas por los intendentes. Esto provocó una rápida reacción de los alcaldes, que salieron a retrucar esa idea. Con Martín Insaurralde a la cabeza, pidieron “fortalecer” esas fuerzas e incluso recordaron el proyecto que presentaron en la Legislatura bonaerense para que las Policías Locales pasen directamente a las órbitas municipales, y que nunca se trató. Incluso Sergio Massa se postuló en favor de los jefes comunales. Este combo se completa con un curioso hecho desarrollado la semana pasada. Desde distintos despachos del Ministerio de Seguridad salió la versión sobre la renuncia del jefe de la Policía Bonaerense, Daniel García que, minutos después, y ante la rápida difusión de la noticia, fue desmentida por el propio Ministerio. García ya había presentado su renuncia, luego de fracasar en su intento de negociar con los policías rebeldes que reclamaban en Puente 12 (La Matanza), pero Berni no se la aceptó. En la Policía también se viven los coletazos de esta interna. No es ningún secreto que García salió muy debilitado del conflicto reciente. Dato no menor, su segundo al mando, Jorge Oscar Figini, responde directamente a Hugo Matzkin y éste trabaja en Ezeiza con Alejandro Granados, de fuertes influencias sobre el Ministerio de Seguridad y cuyo nombre sonó más de una vez para reemplazar al propio Berni. Las disputas subterráneas.

    El objetivo de fondo siempre son las elecciones y la disputa territorial. Es esa “amenaza” que ven los intendentes en Berni y Kicillof. El ministro de Seguridad comenzó hace rato con su armado político bonaerense, no sólo con el deseo de sentarse en el sillón de Gobernador, sino con participar con una lista en las internas del PJ Bonaerense. Por el lado de Axel, el 2023 abre la posibilidad de jubilar a varios intendentes y ubicar candidatos surgidos de La Cámpora o del kirchnerismo duro, de la mano de la ley contra la re-reelección que en su momento plasmaron Massa y María Eugenia Vidal. Éste es otro punto clave en las internas subterráneas que reflotaron en el peronismo bonaerense. No es casual que hace unas semanas, en una entrevista, la vicegobernadora Verónica Magario (exintendenta de La Matanza) haya cuestionado el límite a las reelecciones de los intendentes: “Es el pueblo el que tiene que decidirlo”, dijo. Con una “cuarentena que no existe más” y la flexibilización de hecho que gran parte de la población ejecuta, más la agenda política redirigida hacia la economía y la grieta, vuelven al foco de disputa los recelos y las pulseadas que la pandemia sólo postergó.

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