19 Nov. 2018 | 12:28
19 Nov. 2018 | 12:28
Opinión

Castigados

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  • El kirchnerismo sufrió una derrota aplastante. La abstención, el voto en blanco y nulo fueron la primera fuerza, perforaron los bastiones que los K creían haber blindado y limitaron las ilusiones de las derechas opositoras.
    • Escrito por ANDigital

    Por Ricardo Fierro (*)
    Especial para ANDigital

    La gran derrota K

    El kirchnerismo sufrió una paliza aplastante. Pusieron todo a la parrilla: el gobierno, la jefatura del PJ, Scioli y muchos intendentes, pero la derrota los “acostó”. Aún con las cifras truchas que dio Cristina Kirchner en la conferencia de prensa, tuvieron el 18% del padrón, perdieron casi tres millones de votos en el último año y medio de gobierno (de 8.651.066 a 5.871.345).

    La decisión masiva fue castigar a los K: “A estos había que pararlos”, se escuchó el lunes 29. Se esfumaron las ilusiones de Néstor Kirchner de ser “el gran elector” del PJ en el 2011. Ahora, lo que está por delante es un gobierno en crisis y una fuerza política en descomposición.

    Los K ya habían perdido las capas medias de las grandes ciudades. Ahora, su venganza infinita con el campo les ganó el odio –mucho mayor de lo que imaginaron–, de las ciudades chicas de provincia vinculadas al agro. Creían tener garantizado un 20% por encima de las otras fuerzas en el segundo cordón del Gran Buenos Aires, adonde chantajearon a los más pobres. Ahí fracasaron, como dijo Artemio López, porque gran parte de los más pobres no los votaron. Ese cordón fue perforado por la gran corriente abstencionista, y de votos en blanco y nulos. También por el corte de boletas de muchos intendentes del Conurbano Bonaerense que advirtieron que la foto con los K los llevaba a la derrota, y acompañaron a los Kirchner hasta la puerta del cementerio, pero no entraron: negociaron listas colectoras.

    Los K perdieron en Buenos Aires casi un millón de los votos que tuvieron en el 2007. Perdieron el control del aparato partidario del PJ de esa provincia, que creían que lo habían “comprado”, por eso Kirchner habló de “traición”, ignorando que ese aparato “se alquila” a los ganadores con “caja”, y “salta el cerco” antes de la derrota.

    Perdieron su base territorial, Santa Cruz; muy grave para su futuro. Sufrieron una derrota aplastante en Mendoza y perdieron en Entre Ríos. Su fuerza quedó raquítica en Córdoba, Capital Federal y Santa Fe. Se perdió en todas las grandes ciudades. Sobre 69 diputados kirchneristas y aliados que finalizan su mandato, perdieron 23, y la mayoría en esa cámara.  Tampoco pudieron renovar 4 de los 12 senadores K.

    Néstor Kirchner es el gran mariscal de la derrota, arrastrando a los que como Scioli apostaron a “acompañar a Kirchner adentro del cementerio”. Por eso, es infantil el análisis de Cristina Kirchner al sumar como “propios” los votos de provincias cuyos caudillos ya venían enrolados en la disputa del “poskirchnerismo”, o se apresurarán a hacerlo ahora, como Das Neves y varios más.


    Primera fuerza: el voto bronca

    La principal fuerza política del 28 fue, lejos, el abstencionismo, sumó 7.791.055 argentinos. El domingo, hubo el ausentismo más alto desde 1983, con el retorno al sistema electoral. Sumado a los votos en blanco y nulos llega a 8.779.789 personas. Votaron así 900.000 argentinos más que en el 2007, cuando fue de 7.987.981. Una corriente que fue creciendo a medida que las luchas obreras, chacareras y populares fueron calando la mentira kirchnerista y enfrentando su política de hambre y entrega.

    Como dijo, con razón, Jorge Lanata, desde 1983 a hoy, lo que crece es el ausentismo. Llegó el domingo pasado al 45% en Santiago del Estero, el 30% en Santa Cruz y en Tierra del Fuego, el 33% en Formosa y el 37% en Catamarca.

    Es erróneo hablar de “desinterés por la política” de los que no votaron. Los cortes de ruta de estos dos años superaron el pico histórico del 2002, crecieron los escraches, los movimientos democráticos, las movilizaciones contra la inseguridad o en represalia a golpeadores y violadores, etc. El encuestador Artemio López considera que esta vez fueron los jóvenes los que se volcaron a esta posición.

    Descontando el no voto por edad, enfermedad o distancia, es una inmensa corriente que se llenó de bronca y rechazo al kirchnerismo. La CCC y el PCR han sido las únicas fuerzas nacionales que han trabajado activamente para fortalecer esta corriente, haciendo campaña y poniendo fiscales en acuerdo con fuerzas amigas. Contribuyeron así a dar una opción política que perforó el aparato clientelista del kirchnerismo en los barrios donde castiga la pobreza y el hambre, y también influyó en las zonas agrarias más combativas. Así, el kirchnerismo no pudo hacer “la diferencia” que buscaba, y las derechas opositoras tampoco pudieron atraer todo el “voto castigo” que deseaban.

    Un hecho emblemático del no voto de los más pobres al kirchnerismo, es la rebeldía en Formosa de los wichis contra el tradicional robo de documentos.

    Es muy posible que la cifra real de abstenciones, votos en blanco y nulos sea mucho mayor. “La Cámara Nacional Electoral advirtió ayer sobre los altos índices de ausentismo, en pleno acto electoral. A solo una hora de que cerraran las mesas de votación, la máxima autoridad electoral señaló que solo había votado el 50% del padrón nacional”, (Ambito Financiero, 29/6). ¿Cómo hicieron para que en una hora votaran todos los demás?

    Ninguno de los candidatos promocionados por el sistema consideró “sospechoso” que en una hora “votara” la mitad del padrón. Como tampoco hicieron ninguna denuncia, en el 2007, cuando en el recuento definitivo (cuando ya nadie se acordaba de las elecciones), “aparecieron” 500.000 abstenciones, votos en blanco y nulos que no figuraban en el escrutinio provisorio que realiza el Ministerio del Interior K. Hay razones, entonces, para pensar, que el derrumbe político electoral del kirchnerismo haya sido mucho mayor a lo que se publica.


    La complejidad del voto opositor

    “En los comicios ganaron los candidatos que supieron interpretar, por izquierda o por derecha, el voto bronca a un gobierno que no escucha ni siquiera a su propia base electoral”, (La Nación, 29/6). El 57% del padrón “se define como volátil” y “se siente impotente” frente al aparato electoral del sistema (La Nación, encuesta de la Universidad de Belgrano, 27/6).

    La llamada “volatilidad” electoral, muestra el crecimiento de una masa que usa el voto para castigar. Castiga, en algunos casos, votando a candidatos de derecha, como ocurrió con Macri en el 2007 (que llegó al 60% en la segunda vuelta y ahora Michetti sacó el 31%), y ahora con De Narváez, sin tener las posiciones reaccionarias de esos candidatos. Lo mismo ocurre en el llamado “pan radicalismo” (Carrió, UCR, Cobos y otros) y el centroizquierda. De ahí el fracaso de los que se ilusionan con el sistema parlamentario, que ven las elecciones como una escalera ascendente, y luego se sorprenden con los resultados.

    Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que, aprovechando la situación, se han fortalecido derechas rivales al kirchnerismo, muy peligrosas.

    En esas condiciones, la alianza Macri, De Narváez y Solá fue segunda fuerza en Buenos Aires y la Capital Federal (primera fue la corriente que se abstuvo, votó en blanco o nulo). Pero el macrismo perdió un tercio de los votos de la primera vuelta del 2007, y casi la mitad de los votos de la segunda vuelta que lo consagró. Lo mismo ocurre con gran parte de los votos a De Narváez. No hay “votos cautivos”. De hecho, el llamado “peronismo disidente” renovó mandatos de 11 diputados y solo aumentó uno.

    Triunfó Reutemann, pese a ganar muy ajustado como senador y su lista de diputados fue segunda. Quedó colocado en la grilla presidenciable del PJ, pero no es Gardel. Rodríguez Saá ratificó su fuerza en San Luis y dio algunos pasos en otras provincias.

    En la Coalición Cívica y Social, Elisa Carrió pagó por imponer a la cabeza de la lista porteña al ex funcionario de la usura, Prat Gay, y por sus posiciones derechistas. Quedó muy debilitada para la carrera presidencial del 2011. Creció en Buenos Aires Margarita Stolbizer, con posiciones más cercanas al centroizquierda. Cobos se impuso en Mendoza, con lo que va a disputar encabezar las listas de la oposición no peronista.

    La trepada de Pino Solanas a segunda fuerza en la Capital Federal, al igual que el triunfo de Juez en Córdoba (más allá de muchas de sus posiciones), los guarismos del socialismo en Santa Fe, y la emergencia de Sabatella como cuarta fuerza en Buenos Aires, muestran que la mayor parte del centroizquierda, que antes votaba al kirchnerismo, no avala el chantaje de “votar a los K para que no venga la derecha”.

    La izquierda testimonial cosechó un nuevo fracaso, sus candidatos rondan el 1,7% de los votos.


    La crisis política

    El kirchnerismo, muy débil en desbande, debe ahora gobernar un país convertido en un tembladeral. Las consecuencias de la crisis castigan brutalmente: cientos de miles de despedidos que no encuentran trabajo, negocios y fábricas que cierran y no se reabren, chacareros que no tienen plata para sembrar, tamberos que venden sus vacas para carne, empresas y tierras que se extranjerizan, inflación que devora los salarios y agranda la hambruna y la pobreza.

    Las epidemias han puesto en evidencia los indignos objetivos electoralistas por los que el gobierno las ocultó. La asfixia presupuestaria de la salud pública deja al pueblo indefenso frente a las epidemias que lo azotan: la gripe porcina castiga más en la Argentina que en México donde se inició. Allá, un gobierno de derecha tomó medidas drásticas. Acá no se hizo nada. El resultado de muertes y contagios está a la vista. La ministra Ocaña debió renunciar antes, cuando su portazo hubiera obligado al gobierno a hacer algo, y no esperar de manera oportunista hasta el 29.

    Un país golpeado por la crisis económica y social y por las epidemias, y un pueblo al que no pudieron sacar de las calles, que votó con bronca y castigó. En esas condiciones las clases dominantes, divididas como también se evidenció el 28, buscan una transición controlada.

    Las elecciones aplastaron al kirchnerismo, sin instalar a ningún gran ganador en condiciones de unificar a los de arriba y abrir expectativas en lo de abajo. Por eso todos hablan de garantizar la gobernabilidad. Pero la situación es muy precaria. La crisis política que se abrió con la rebelión agraria se agravó al extremo con el resultado electoral.

    El kirchnerismo se atrinchera tratando de aprovechar la división de sus rivales. Néstor Kirchner cedió la jefatura del PJ a Scioli (un perdedor) al que no se van a subordinar otros caudillos políticos y sindicales de un PJ en crisis. Cristina K “no ve razones para un cambio de gabinete”. Todo apunta a que la cancha se embarre cada vez más.

    Hasta ahora, el gobierno se financió con la postergación de pagos a sus proveedores, demoras en la devolución del IVA, el saqueo de los ingresos de la Anses y transferencias del Banco Central (La Nación, 28/6). Rascó la olla para las elecciones. Ahora va al ajuste. Tienen que “licuar los salarios y jubilaciones”, con devaluación o con inflación, lo que aumentará la fuga de capitales y la crisis. Se vienen los tarifazos, junto con las olas del tsunami de la crisis mundial que provocarán más despidos y hambre (como el cierre de la cadena de tiendas de ropa CyA).

    Ahora vendrán reagrupamientos por arriba que habrá que seguir con atención. Pero en una situación caliente por abajo que abre enormes perspectivas.


    La crisis de hegemonía

    Como ya habían demostrado las luchas obreras, chacareras y populares, el kirchnerismo, y con él las clases dominantes, fracasaron en su objetivo estratégico de cerrar la crisis de hegemonía que estalló en el Argentinazo y volvió a estallar en la rebelión agraria y federal. Las brasas del 2001 se multiplicaron en los grandes combates obreros, del campesinado, de los estudiantes y el pueblo. Las calles y las rutas siguieron siendo la gran herramienta para enfrentar las políticas de hambre y entrega, el voto es usado como instrumento de castigo, y las multisectoriales como forma de confluencia y unidad.

    Ahora, el kirchnerismo tratará de usar los cartuchos que le quedan hasta diciembre, y las derechas opositoras trabajarán para acorralarlo desde el Congreso. Unos y otros quieren sacar al pueblo de las calles e impedir los estallidos de bronca.

    El país va hacia grandes tormentas, económicas, sociales y políticas. El gran balance del voto bronca, es haber castigado al gobierno kirchnerista y haber limitado las ambiciones triunfalistas de las derechas opositoras.

    La gran corriente de votos bronca ha creado muy buenas condiciones para reagrupar a las fuerzas obreras y populares, patrióticas y democráticas, sin importar de qué forma hayan castigado al kirchnerismo. También a los sectores populares que votaron al kirchnerismo por temor a las otras derechas.

    Reagrupar fuerzas para la lucha. En primer lugar, la lucha por las urgencias de los trabajadores ocupados, desocupados y jubilados; de los campesinos pobres, originarios y chacareros, de los estudiantes y el pueblo. Movilizarse frente a las epidemias, enfrentar las medidas de ajuste que se preparan, etc.

    En la lucha, reagrupar fuerzas para terciar, debatiendo en las masas un programa con las medidas necesarias para hacerle pagar la crisis a los monopolios, especialmente los imperialistas, los bancos, los grandes pooles y terratenientes. Avanzando en la unidad popular a través de las multisectoriales, como se vio en Armstrong, Paraná Metal, y en el reciente plenario realizado en La Matanza.

    En la lucha, reagrupar fuerzas en el movimiento obrero para reorganizar y recuperar los cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos, para que la clase obrera juegue su rol histórico, avanzando por el camino del Argentinazo y la rebelión agraria, para conquistar un gobierno de unidad popular, patriótico y democrático, que abra el camino a la liberación nacional y social.-

    (*) Analista político de ANDigital y Semanario HOY del PCR.

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