29 Jun. 2017 | 07:48
29 Jun. 2017 | 07:48
Opinión

“Tengo mis principios, si no le gustan, tengo otros”

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  • Con la reconocida frase del cómico estadounidense Groucho Marx como disparador, el autor carga contra la hipocresía ideológica del Gobierno nacional, así como con la inacción de gran parte de la representación gremial.

    En política, la traición es cuestión de tiempo, decía el Cardenal Richelieu. Prueba de ello, la realidad nos ha mostrado en los últimos tiempos un “libro de pases en la política”, y traiciones a la misión correspondiente que asumieron en cada una de sus funciones.

    La fórmula de práctica usada durante la asunción al mando supremo de la Nación por parte del presidente Mauricio Macri y sus ministros, indica claramente el deber de defender los sagrados intereses de nuestra patria. Hasta ahora el Gobierno nacional no ha demostrado la más mínima intención de respetar el juramento citado, hechos demostrables al promover la destrucción de la economía nacional y vivir de préstamos, perdiendo en consecuencia la soberanía (capacidad de decidir por sí mismo).

    Habiéndose despojado de sus pieles de cordero, han tomado la función de defender canallescamente solo sus negocios personales, condenando al ahogo económico a miles de empresas nacionales y a la inanición de millones de argentinos, que con estupor ven no solo las promesas incumplidas, sino el engaño, la mofa y el desprecio de quienes deberían defenderlos. Claro que, la situación no es circunscripta al Estado nacional y a algunos provinciales y/o municipales. Tales actitudes se llevan a cabo en algunos sindicatos. Sí ciudadanos, suceden esas cosas. La traición de ciertos secretarios generales y delegados, en este caso los de SMATA, ha dejado abandonados a su suerte a los empleados de General Motors de Rosario ¿Las razones? No se conocen como tampoco se las puede tolerar. Así como el óxido corroe a los metales, la misma actitud contagiosa de esta conducta ha sido observada en la CGT, que con tibios amagues en defensa de sus asociados, fue forzada a declarar el paro general del 6 de abril ante las presiones ejercidas por gran parte de las bases.

    Estos dirigentes se han aburguesado o se han transformado en empresarios; no podemos decir que todos han procedido de esa manera, puesto que muchos están defendiendo a capa y espada los intereses de sus asociados, teniendo serios enfrentamiento con el Estado Nacional y algunos provinciales. Ellos no han traicionado o vendido al mejor postor sus principios, demostrando que tienen la dignidad necesaria –espontánea o forzada- sustentadas por las bases.

    Sí estimado lector, hablemos claro: cuando uno se refiere a grupos, no debe emplear las palabras “todos o ninguno”, porque en los grupos no hay uniformidad de actitudes, el pensamiento único no existe. De hecho han salido a la luz internas en la CGT, una de las cuales se produce entre el binomio Héctor Daer y Facundo Moyano, mientras los trabajadores bastante disconformes y con pocas ganas de aguantar pulgas se mantienen en inquieta expectativa.

    No estamos bien, y no hay indicadores que manifiesten una esperanza de mejora, sino todo lo contrario. Deuda y más deuda, ya se han pasado los u$s 80 mil millones en quince meses. ¿Quién y cómo se pagará si el país no produce? ¿Y qué de haber hipotecado los recursos naturales?

    El Gobierno nacional miente con la ayuda del sistema de medios que mantiene el blindaje de la realidad; acción que no es indefinida ya que cada uno tiene algún conocido o familiar que se encuentra sin trabajo y en busca infructuosa de algo que le permita comer, pagar los servicios y el alquiler, ¿y los impuestos? ¡Ni hablar!

    Si conciudadano, sabemos que las mentiras tienen patas cortas, y vemos sin lugar a dudas que han vuelto los comedores; éramos una sociedad que había logrado tener una muy baja tasa de desocupación, y aunque persistían problemas, al menos se trataba de solucionarlos. Algunos decían “¡menos mal que cambiamos, estaríamos como en Venezuela!” repitiendo el slogan oficialista; algún idiota dijo: ¡Colonia sí, patria no! Ahora, dicen “realmente no se hacia dónde vamos”. Los que han medrado a costa de cambiar sus principios, entre ellos el republicano, son tan responsables como quienes nunca los tuvieron, por esas razones han traicionado a todos los ciudadanos y a la Patria (aunque esta palabra suene rara en una sociedad en donde cada cual se mira el ombligo) ¡Cuándo llegará el día en que los demandados por Dios y por la Patria hagan cola en un tribunal que haga justicia!... ¡Pero sumarísima!

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