22 Sep. 2017 | 01:27
22 Sep. 2017 | 01:27
Análisis

Cambiemos y el desafío de la hegemonía en la Ciudad de Buenos Aires

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  • La falta de oposición ha demostrado a través del tiempo y de la historia que es el peor enemigo a la hora de una búsqueda de construcción a largo plazo.

    Elisa Carrió y Horacio Rodríguez Larreta.
    Elisa Carrió y Horacio Rodríguez Larreta.

    Por Sergio Doval (*)

    De confirmarse en octubre la tendencia de los números del primer sondeo realizado tras las PASO, Elisa Carió aumentaría su caudal de votos hasta obtener 54,4 % de la elección.

    Esto deja un escenario de cada vez menor margen para Martín Lousteau, quien caería a un 12 %; un lugar de consolidación pero no de crecimiento para Daniel Filmus con un 20,3 %; y una potencial sorpresa de Matías Tombolini con un 5,2 %, que crece tras las PASO y tiene (por semejanza al perfil de Lousteau) un techo mucho más alto que Marcelo Ramal (4,4 %) o Luis Zamora (4,3 %).

    Casi el 20 % de la gente que optó por un postulante para octubre dice que aún ésta decisión no está firme y el candidato que está más inestable en su proyección es Martín Lousteau dado que casi el 65 % que dice que lo va a votar no tiene firme su voto. Contrariamente a los candidatos de Cambiemos o de Unidad Ciudadana que indican una estabilidad muy difícil de alterar.

    Dada la migración de voto de Lousteau, principalmente a Tombolini, es que si el nuevo jugador de la política de la Ciudad hace bien su trabajo podría conseguir el posicionamiento para captar ese caudal que le podría dar acceso a la banca de Diputados.

    Tengamos en cuenta que hay un 13,3 % de gente que no concurriría a la elección si esta no fuese obligatoria. Quienes más se inclinan por esta decisión son los votantes de Lousteau con un 34,9 %, explicado por el desinterés en la política en tanto un potencial cambio a través del voto, falta de interés o falta de representatividad.

    En la visión más desencantada del sistema también están incluidos los votantes de izquierda que dicen que no irían a votar si no fuese obligatorio (23,6 % para Ramal y 25,3 % para Zamora).

    En todos los indicadores de la investigación encontramos una lógica muy clara: un porcentaje amplio de la ciudadanía está optando por modelos a futuro. No consideran a ésta una elección legislativa sino como una elección fundacional. Se da tanto para los que votan a Cambiemos (que representa un quiebre definitivo con el pasado), como para quienes votan a Unidad Ciudadana (que representa un trampolín hacia la búsqueda del retorno de la política instrumentada por el kirchnerismo durante 12 años).

    Cuando se deciden destinos tan importantes la definición se hace por contraste (blanco y negro), los grises quedan confundidos y, por tanto, descartados.

    Si analizamos cuándo deciden el voto, los votantes de Filmus y Carrió lo hacen mayoritariamente más de un mes antes, en contraposición a los de Lousteau que en un 40 % lo hicieron en la última semana y en el cuarto oscuro.

    Esto sigue bregando por la idea de que hay un porcentaje de la sociedad sin un compromiso con el voto ni un proceso racional del mismo. Esa búsqueda de algo nuevo, que oportunamente representó Lousteau, hoy se esfuma y busca un nuevo perfil.

    Pero, ¿cómo hará el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para continuar su senda de triunfos, sin una oposición fortalecida, atada a la suerte de la gestión nacional?

    La falta de oposición ha demostrado a través del tiempo y de la historia que es el peor enemigo a la hora de una búsqueda de construcción a largo plazo ¿Cómo se compensará Cambiemos en el tiempo? ¿Quién encarnará el otro lado de la balanza?

     

    (*) Director del Programa de Estudios de Opinión Pública
    Universidad Abierta Interamericana

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