25 Sep. 2018 | 15:48
25 Sep. 2018 | 15:48
Opinión

Imprudencia, impericia, negligencia

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  • Nuevamente, el autor carga con una mordaz crítica a la gestión de gobierno de Cambiemos y la "clase media meritócrata" que lo llevó al poder.

    El carisma es el don natural que tiene una persona para atraer a los demás por su presencia, su palabra o su personalidad. La condición de líder puede ser natural, pero como esta no siempre está presente, un individuo con deseos de poder y de conducir, debe aprender el manejo de grupos. Claro que estas enseñanzas no pretenden hacer conductores naturales, al menos se aprenden las reglas básicas para lograr resultados aceptables. Las escuelas de conducción existen en las FFAA, entidades empresariales, etcétera. Los logros que pudiera cristalizar no son solo individuales, se deben al apoyo encontrado en equipos que hacen que el “líder” canalice sus energías en acciones que suponen éxitos parciales que hacen el camino. Pero, aun así, ese apoyo no es suficiente, es más, cuando no alcanzan las acciones de los colaboradores, se recurre a la acción propagandística.

    Lo anterior es lo que se llama el “acrecentamiento artificial del carisma del conductor”. No pocas veces el líder es un mero instrumento de intereses para lograr hacer negocios y tener pingües ganancias, es decir, cuando en política priman los intereses privados sobre el bien común: sobre los de la Patria.

    Llegando a esquilmar a la Nación y a cada uno de los ciudadanos que no forman la élite gobernante, de la misma manera a aquellos que lo apoyan aun sin pertenecer a ese grupo. Él está, muy creído de haber seducido a gran parte del electorado; no se entiende cómo el empleo de un discurso hueco, farfullante, con la muletilla de “juntos”, con el uso del telepromter (dictado de discurso o respuestas), haya podido acceder a la primera magistratura.

    La explicación: Fueron los medios utilizando la mentira y acrecentando el odio superlativo hacia el otrora oficialismo. La campaña tuvo como objetivo vender un producto, que en definitiva es lo que piensan los grupos concentrados de la economía. Alguien que responda a los intereses comunes a su clase, un pelele. El mensaje caló muy hondo en la “supuesta clase media” que no podía soportar que los de más abajo pudieran acceder a las mismas ventajas: poder trabajar, acceder a una vivienda, mandar a sus hijos a la escuela o a la universidad. Creída de pertenecer a la clase superior, la del medio, hoy ve que resultó engañada, utilizada, no pudiendo comprender lo que sucede. La negación es un mecanismo de defensa del ego para aliviar su malestar, hoy no alcanza.

    Todo se derrumba, todo va camino a la miseria: el trabajo, la producción, la alimentación y la salud, la educación, es la destrucción misma de la Patria. La recurrente acción de pedir prestado, todos esos dólares fueron a parar al “Pozo de Airón”. ¿Quién se quedó con ese dinero?, ¿quiénes cobraron las comisiones? Mientras la situación era de extrema gravedad, el presidente jugando al paddle, al futbol o mirando a Boca en su quinta; el resto del equipo-en Olivos- definía quién se iba o quedaba y el presidente del Banco Central, ‘Toto’ Caputo, descansando en Brasil. Todo para hacer más negocios y para ganar más dinero a costa de la miseria y endeudamiento de la Patria.

    Judas Iscariote vendió a su maestro y guía por 30 denarios. Nuestro Judas y compañía están vendiendo a la Patria y a sus 44 millones de ciudadanos por bastante más que eso, por la deuda, por los males y todo los capitales que fugaron. Si no es así (como muchos niegan), entonces acusan a la “chorra”.

    ¿Dónde está todo el dinero que pidieron prestado? Imprudencia, impericia, negligencia, todo en una pieza. ¿Por qué no dolo?

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