20 Oct. 2018 | 10:49
20 Oct. 2018 | 10:49
Opinión

Antesala del infierno

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  • Esta semana, el autor traza un diagnóstico del porqué es inminente un estallido social producto de las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri.

    “¡Argentina hace cuatro años que no crece!” ¿Se acuerda de esa frase y quién la decía? Ahora que le refresqué la memoria, piense ciudadano las cosas que están pasando: desocupación, hambre, el progreso de la timba financiera, el empobrecimiento del país provocado por la deuda que el títere de las corporaciones engendró.

    El manejo de la economía condicionado por las directivas del FMI, es la renuncia a la soberanía económica y, por lo tanto, a la política.

    Cambiemos recibió un país desendeudado, devaluó, abrió las importaciones de forma indiscriminada con las consecuencias que hoy estamos sufriendo. La victoria electoral del año pasado ensoberbeció al presidente Mauricio Macri, que lo condujo a creerse el dueño absoluto de todo. Sumemos una “oposición complaciente”, por no decir traidora en muchas de sus acciones. Ahora no solo no crecemos, sino que debido al ajuste que se está llevando a cabo, se produce un marcado retroceso en la industria con todas las consecuencias visibles.

    El manejo irresponsable de la economía por “el mejor equipo de los últimos 50 años” (colosal endeudamiento), sumado a la lluvia de dólares que nunca se produjo, llevó a los funcionarios de la timba a “pasar la gorra” de manera escandalosa, arrodillándose ante el FMI.

    En el exterior lo ven al presidente como un lamebotas de Donald Trump. Sin parar en hacer el ridículo en cuanto evento diplomático se presenta, Macri es la fiel imagen de la decadencia de Argentina. Broda fue el que acuñó la frase “70 años de decadencia”. Él y su runfla pusieron en la Casa Rosada a un incompetente y, como tal, no asume responsabilidad alguna en el desastre que ha causado.

    No debemos cargarle todo a él que ejecutó, sino también a la complaciente oposición, también llamada del peronismo racional. Hablar de gobernabilidad es el eufemismo utilizado, cuando debería ser complicidad. Querer volver a los años anteriores a 1943 constituye una idea imposible de comprender. ¿Tanto es el odio que sienten hacia las clases media y baja? Hoy las cosas no serán tan fáciles. Los cambios sociales y sus conquistas se han producido y los beneficiarios son bien conscientes de ello. Pero llegan más allá. Al límite de quitar toda posibilidad de trabajo informal inclusive; tratan de someter por hambre al pueblo.

    Como si todo esto fuera poco se percibe un grosero bastardeo de las instituciones, por ejemplo: el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas. Pero en política, la traición, es cuestión de tiempo. Muchos se quieren escapar del Titanic. Otros obligados por amenazas de carpetazos se quedan tratando de Justificar las acciones gubernamentales, a sabiendas de los riesgos que corren y que los créditos no son eternos. El mismo juez que persigue a los K también persigue a los industriales que mucho hicieron para reinar en la patria contratista. Periodistas mercenarios del oficialismo ya no pueden tapar la realidad. Cambiemos se empeña en mantener el rumbo en la tormenta que ellos mismos provocaron, negando las responsabilidades, echando culpas a otros. Todos hablan del auxilio de los préstamos; pero para producir: ¡nada! ¡Timba y más timba! ¿Y del ARA San Juan? Parece que no se quieren acordar.

    Hay un probable estallido social; se lo están avisando desde el exterior, precisamente la ONU. Pero Macri sigue mintiendo. Nos acercamos a una tragedia, se percibe en el humor social. Aunque el núcleo duro parece no entenderlo ¿Cuánto más de ajuste? ¿Cuánto más de injusticia? ¿Cuánto más de paciencia? ¿Cuánto más hambre para los desocupados?

    Poco queda para tirar de la cuerda. Estamos por entrar al infierno.-

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