22 Nov. 2018 | 07:34
22 Nov. 2018 | 07:34
Opinión

“Después de mí, el diluvio”

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  • Con esa afamada frase del Rey de Francia, Luis XVI, el autor realiza un parangón con la gestión del presidente Mauricio Macri, basado en ajuste y desmantelamiento.

    ¡Y siga la tormenta! ¡Un gran pesto!, según los marinos. La serie de turbulencias han dejado sus marcas. A saber: la renuncia del “número 1” de las finanzas Toto Caputo dio el portazo apenas firmado el segundo acuerdo con el FMI; en esos días hubo cuatro ofrecimientos para ocupar otros tantos ministerios del actual gobierno que fueron rechazados. Es evidente que navegar en aguas turbulentas nos es para cualquiera, los que conocen el paño vieron que estamos en un callejón sin salida. Y no quieren salir a “redentores y salir crucificados”.

    Las cosas van de mal en peor y lo saben, aun así no están dispuestos a cambiar de rumbo. Los sacrificios de los abajo no le hacen mella en la conciencia a Cambiemos; esperan que el mercado les solucione todos los problemas que ellos provocaron. El ahogo de las PyMEs, la desocupación, la dolarización de todo, etcétera, algo conocido. Siempre teniendo como variable de ajuste a los asalariados. Por si esto fuera poco, ahora vienen con el pago retroactivo de las tarifas de gas. Algo ya de por sí ilegal. Se hará cargo el Estado, pagará con los impuestos que pagamos nosotros, o sea: se estatizó la deuda. No hay reducción del gasto político, por el contrario hay sí un aumento desde el principio de la gestión de la planta del Estado, en cargos que regulan, por ejemplo, los vehículos a tracción a sangre (bicicleta, que no tiene relación con la financiera); claro que con salarios que se alejan mucho del mínimo. Todo en aras de pagar favores políticos.

    Cambiemos quiere déficit 0, pero no se fija en la balanza comercial: saldo negativo que cada día aumenta. El país no produce bienes de valor agregado, solo productos básicos. Con el objetivo de bajar el costo laboral se abrió la libre importación; su consecuencia es la desaparición de las industrias “no competitivas”, extinción de las economías regionales y los tambos (se importan lácteos, granos envasados y cerdos). Sobreviven los de arriba, y los que se creen que pertenecen a ese grupo están empezando a notar que el sueldo se les achica y que no pertenecen a la clase que ellos creían pertenecer. Esos mismos que resultaron beneficiados con viajes al exterior, celulares, autos de alta gama, bienes que solo pueden mantener los de arriba. “Nadie quiere ser menos”, decía mi viejo. Hay un nuevo grupo social: los VAM (venidos a menos). Mientras los de más abajo, concurren en masa a los comedores y merenderos.

    Nuestro Luis XVI dice “comprender el esfuerzo de las clases inferiores”, también dice que no hay otro camino, no es cierto como tampoco lo es que “siente algo por el mal pasar de otros ciudadanos”. Alguien que nunca sintió frío o padeció el hambre, ¿cómo puede comprenderlo? La ruina económica del país fue provocada por nuestro Rey de Bastos y sus adláteres. Según Madame Lagarde “él es muy disciplinado a la hora de ajustar”. Agreguemos la ya confirmada extinción del FGS a partir de mayo del año entrante. Porque al no haber aportantes (los desocupados no aportan), se lo agotará hasta que argumenten que no es sustentable el régimen jubilatorio de reparto y aparecerán las AFJP.

    Ud. ya lo sabe por notas anteriores. Aun así es necesario seguir ajustando y viviendo de la timba de LEBAC o similares, y de la tasa del interés del 70 y pico por ciento. Ya están pensando en cobrar impuestos por adelantado al igual que el Rey francés. Pero no recuerdan lo que le sucedió a Luis XVI y a su esposa María Antonieta (ella no lo abandonó, perdió su cabeza por amor), dicen que la historia es como la cebolla, se “repite”. ¿Será cierto? ¿Ud. qué piensa ciudadano? ¿Será el diluvio o el fuego?

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