22 Nov. 2018 | 07:33
22 Nov. 2018 | 07:33
Opinión

Porque siembran vientos, recogerán tempestades…

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  • El autor reflexiona, su entender, sobre el egoismo y desprecio de la clase política dominante sobre las clases media y baja.

    Es instructivo y decepcionante ver en la más alta magistratura de la República a alguien que a todas luces carece de las aptitudes para la conducción del país. Para lograr el ajustado triunfo de noviembre de 2015 se apeló a un argumento vil: estimular el odio. Aunque han logrado muchos de los objetivos trazados: la destrucción o enajenación de todo lo que produce ganancias o “plata dulce” y rápida, no es suficiente. Todo indica la existencia de un sentimiento exclusivista de clase; sea el malestar que produce todo aquello que mejorara el progreso de cualquier individuo cuyo estatus social no lo permitía. Tal sentimiento -egoísta en extremo- produce en los miembros del oficialismo y sus votantes odio.

    La clase dominante en un sistema es pequeña, son los que tienen mucho, los de abajo tenemos muchísimo menos. Y algunos se sienten superiores por tener un poco más, sea un buen sueldo o bienes pero de ninguna manera alcanzan a igualar a los de arriba. Me cuesta entender aquello de “clase media”. Ese segmento social se pone muy molesto cuando alguien mejora en su standard de vida. Les molesta que otros hayan alcanzado una jubilación por pequeña que sea, o que alguien que haya sido empleada doméstica alcance un título universitario. Dice un refrán que: cuando un hombre se eleva, más pequeño les parece a todos aquellos que no pueden volar”. Si hay pequeñez y no se es consciente de ello, es una cosa; pero aceptándola y odiar, nos da la clase de persona de que se trata.

    No cabe duda que toda la campaña de odio ha sido estimulada en la sociedad por cualquier medio, despreciando por medio de motes (por ejemplo: choriplaneros, planeros, etcétera) está conduciendo hacia un camino peligroso ampliando la tan mentada “grieta”. Si pensamos un poco, fuimos concebidos de la misma manera, paridos ídem y echamos el mismo olor al morir. Entonces ¿cuál es la diferencia de “clase”?

    La destrucción de un sistema económico inclusivo redondea todo lo planteado renglones precedentes. El manejo de la economía en forma irresponsable por incapacidad o por dolo, provoca la eliminación de las fuentes de trabajo; sustento de cualquier ser integrante de la sociedad, cualquiera sea su función (trabajador calificado, profesional, servicios...) Pero Mauricio Macri quiere bajar más los salarios. Todo va en detrimento de la actividad económica en pos de lograr el equilibrio fiscal, no se tiene en cuenta que para suplir la falta de ingresos se recurre a préstamos que nos endeudan más y más. Los acreedores particulares y el FMI, y este último impone condiciones que agravan más la situación ¿Qué se produce?: casi nada. Cabe repreguntar, ¿quién se queda con las comisiones? Hay que exigir que quienes fueron los encargados de negociar, paguen con su patrimonio y cárcel toda la deuda en que nos metieron. Que devuelvan todo aquello que adquirieron aprovechando la compra a precio vil de acciones al ANSES. Aun así el grupo dominante continúa en esa senda de desprecio y denostación de “los de abajo”, consecuente con su cultura de descarte. Podemos agregar sin temor a equivocarnos que, los nuevos métodos de producción tienden a emplear menos mano de obra, problema que debe ser estudiado en profundidad.

    No olvidemos los “aprietes “a jueces por el oficialismo y la prensa. El odio se sigue sembrando. Se acerca el tiempo de cosechar. La cita bíblica por título (Oseas 8:7, profeta menor) es por demás elocuente: sin duda recogerán tempestades.

    ¿Ud. qué piensa ciudadano? ¿Reinará la paz, la intranquilidad o será socialmente tormentoso el futuro inmediato?

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