20 Jan. 2019 | 03:42
20 Jan. 2019 | 03:42
Opinión

Navegar sin rumbo (marchas, contramarchas e incongruencias)

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  • Esta semana, el autor hace foco y cuestiona la actual crisis economía en el marco del rol de Mauricio Macri como anfitrión de la Cumbre del G20. 

    “La sangre hace a la vida, como la moneda a la economía. La falta de la primera la extingue, como la ausencia de numerario elimina la existencia del cuerpo político”. 
    Gral. José Francisco de San Martín

    La política llevada a cabo por Cambiemos pensada como un sistema ideal (según ellos) condujo irremediablemente a su fracaso y destrucción del sistema económico: estamos endeudados por muchas generaciones. No es necesario ser muy inteligente para entenderlo, la realidad lo demuestra. Para hacer librecambio es necesario tener una industria desarrollada y competitiva. La política es una lucha de intereses opuestos y quien la dirige sin ser dueño de la iniciativa pierde pronto la ventaja de la situación y no tarda en verse cercado por grupos enemigos. Hacer negocios no es lo mismo que hacer política. Si no hay caletre, es inútil intentar llevar adelante algo cuando se carecen además, de preparación cultural para moverse en un ambiente en dónde acechan miles de trampas. El sustento de la política es una economía sana. Hoy, el sistema está en ruinas, lo que nos coloca en una situación desventajosa para negociar. Somos el “furgón de cola” o cualquiera de los motes que a Ud. se le ocurra ciudadano. El vergonzoso rol que nos tocó en el G20 tanto como la serie de papelones de nuestros más altos funcionarios, deja al descubierto la clase de personas que están al frente de nuestro país. Es ridículo, tanto como el penoso papel del presidente corriendo detrás de Trump, derramar lágrimas de cocodrilo por el ARA San Juan o en el Teatro Colón. Debemos reconocer que la dirigencia no es apta para estar donde está, a pesar de haber sido elegida. 

    No hay duda sobre el agotamiento del sistema económico mundial. El mundo está vendedor, no compra. Todos buscan una salida a una industria que, produciendo más de lo que puede vender, están ahogados por la competencia creciente ¿y entonces? Hay dos soluciones: 1ro se evita el desarrollo de países periféricos para forzarlos a comprar o se abren nuevos mercados a cañonazos (posibilidad muchas veces usada). Durante la gestión anterior se había reactivado la industria manufacturera; la apertura indiscriminada de las importaciones ha producido la destrucción de la misma. Jactarse de exportar arándano, peras o limones e importar todo, se lo ve como un éxito, cuando en el gobierno anterior se llegó a exportar más del 40 % del total de las exportaciones con productos de valor agregado. Realmente es un fracaso. Otra incongruencia: destruir el presupuesto del Conicet con investigaciones sobre la educación y estar orgulloso porque “Singapur nos va a ayudar en ese tópico”. Eliminar el plan nuclear –por imposición de USA-, o desfinanciar INVAP, Aerolíneas Argentinas ídem y tantos otros desaguisados. Una mezcla de candidez e ignorancia es pensar que con la próxima cosecha nos salvamos.

    El empecinamiento en la destrucción de empresas estatales pensando que los privados vendrán corriendo a instalarse, es algo como querer comerse los chorizos cuando todavía no se ha faenado el chancho. De nada sirve mendigar ante los poderosos, sin embargo vemos al Presidente mendigando atención del magnate del norte, o regalando caballos. Sigamos agregando la sobradora “viveza” para moverse en el ámbito diplomático que condujo a “jugar a dos puntas” con dos pesos pesados a nivel mundial. Todo se lo cobrarán, que no quepa la menor duda, y por supuesto, lo pagaremos los de abajo y muy caro. El presidente, muy pagado de sí mismo, demuestra una pobreza espiritual difícil de encontrar paralelo en la historia. No sirve solo hablar inglés, sin tener las mínimas normas de educación protocolar. ¡Ni qué hablar de su políglota vice!

    La pobreza aumenta de la mano de la desocupación. Ahora se apela a las armas para suprimir todo tipo de protesta. Talleyrand, Ministro de Napoleón le advirtió al Emperador: “Se puede hacer de todo con las bayonetas, menos sentarse sobre ellas”. ¿Qué piensa Ud. ciudadano?

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