06 Dec. 2019 | 05:39
06 Dec. 2019 | 05:39
Bitácoras bonaerenses

La grieta y el tenso equilibrio como factores principales del nuevo tablero político

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  • Los resultados de las elecciones generales dejaron otra sorpresa: Macri logró una gran remontada y se posicionó como líder de la futura oposición. Cuál es el nuevo papel de Vidal. Las fuerzas repartidas en la Legislatura bonaerense.

    Oficialismo electo, Fernández y Kicillof.
    Oficialismo electo, Fernández y Kicillof.

    Un largo periodo electoral culminó, las urnas, el voto popular nuevamente dieron su veredicto: el pueblo ha decidido. Pero más allá de que el 10 de diciembre Alberto Fernández se convertirá en el presidente de todos los argentinos y Axel Kicillof en el gobernador de todos los bonaerenses, las elecciones de este domingo demostraron que la grieta sigue siendo la protagonista del nuevo tablero político que se va configurando. El triunfo aplastante del Frente de Todos en las PASO del 11 de agosto alimentó una fiebre victoriosa que no se trasladó en ampliación de los resultados en las generales del 27 de octubre. Todo lo contrario, la victoria -importante sin dudas- no se celebró con toda la pompa por ese sinsabor que dejó la sorprendente recuperación que tuvieron Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. El escenario mostró una polarización protagonista entre los candidatos del Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Las PASO dieron un veredicto anticipado y oficiaron de una aparente elección general y así, las generales jugaron el ficticio papel de un balotaje. Paradojas de los comicios.

    Las PASO son las protagonistas principales, sus resultados hicieron que Macri y Vidal tengan el boleto picado antes de tiempo. A su modo y con distintas asimilaciones personales, ambos dirigentes aceptaron esa dolorosa realidad y se enfocaron no en dar vuelta la elección (algo matemáticamente imposible y que fuera de micrófono, macristas y vidalistas, descartaban), sino en hacer la mejor elección posible, primero para meter la mayor cantidad de legisladores nacionales y bonaerenses posibles, pero también para impedir que Cambiemos comience un proceso de extinción de la escena política. La suerte y la gran campaña que Macri, Vidal y los intendentes desplegaron -rompiendo todos los manuales duranbarbistas, new age y 3.0 de Marcos Peña-, hicieron que Juntos por el Cambio se reposicione con fuerza para poder pulsear en un equilibrio político con los gobiernos de Alberto y Kicillof que se vienen. Macri pasó de ser un político casi en retiro a ser el líder de la oposición con 10.470.607 de votos en todo el país (2.003.102 de votos menos que Alberto Fernández, pero 2.348.918 de votos más de los que logró su precandidatura en las PASO). En las Primarias, Alberto logró el 47,79 por ciento y Macri el 31,80 por ciento. En las Generales, el candidato del Frente de Todos llegó al 48,10 y el de Juntos por el Cambio el 40,37 por ciento. Esa remontada empoderó a Macri, a su rol, a su posición y también a su futuro. El dejar las redes sociales, para ganar la calle con las 30 caravanas del “Sí, se puede”, tuvieron un efecto tan positivo en el actual oficialismo, que la propia Vidal -al principio enojado con su jefe y con ganas de provincializar su campaña al límite-, terminó completamente sumergida en la movida pensada en la Casa Rosada. Pero también hubo un factor discursivo que Macri, Vidal y los candidatos optaron por explotar. El discurso de la mano dura, de la seguridad y las ideas conservadoras, que todavía están impregnadas en gran parte de la sociedad. En una suerte de enroque impensado, Macri hizo su campaña como si no fuera presidente y tan sólo un candidato opositor. Alberto entró en ese montaje e hizo su campaña como si él fuera el jefe de Estado en funciones, quien defiende una gestión. El cambio de roles.

    Vidal también tuvo su remontada, menos resonante que la de Macri, pero subió su caudal de votos respecto a las Primarias. En las PASO de agosto Kicillof obtuvo 52,74 por ciento y Vidal 34,54; mientras que en las Generales el candidato del Frente de Todos llegó al 52,28 por ciento y la candidata trepó al 38,39 por ciento. El combo que implementaron para la campaña resultó eficaz para los planes de la Gobernadora: plegarse a la remontada de Macri, provincializar su campaña y habilitar (como así financiar), el corte de boleta para los intendentes de Cambiemos del Conurbano. Esos mecanismos de pragmatismo político puro, tradicional y hasta de “viejas mañas del peronismo” permitieron que Vidal consolide una importante cantidad de bancas en la Legislatura bonaerense y retengan varios municipios, ante lo que parecía una ola arrasadora del Frente de Todos. En el Senado bonaerense estaban en juego 23 bancas, el Frente de Todos se quedó con 13 bancas y Juntos por el Cambio con 10. En Diputados, de los 46 escaños en juego, 23 serán para el Frente de Todos, 22 para Juntos por el Cambio y 1 para Consenso Federal. Desde el 10 de diciembre el Parlamento quedará conformado, en principio, de la siguiente manera: en la Cámara Alta, Cambiemos podrá tener un bloque de 26, el Frente de Todos (en caso de unidad) una bancada de 20 miembros. En la Cámara Baja, si el Frente de Todos une a todos las bancadas, logrará sumar 45 diputados, mientras que Cambiemos con cerca de 44, Consenso Federal quedaría con uno (al que se podría sumar Pérez, y de esta manera restarle uno a Cambiemos), y el Frente de Izquierda y 17 de Noviembre con uno cada uno. Un escenario de fino equilibrio que obligará a Kicillof y a su vice electa, Verórica Magario, a buscar consensos para generar leyes, pero también deja a Vidal con la llave para bloquear o protagonizar distintos escenarios en ambos recintos. El poder de “Mariú” fuera de la gobernación.

    Pero más allá de estas bondades, a Vidal se le presenta un nuevo dilema interno en Cambiemos. Después de los resultados de las PASO, en el vidalismo comenzaron a pensar en la jubilación política de Macri y diagramaron el futuro político de la actual Gobernadora, como líder de la oposición y heredera del sillón del PRO pos Mauricio. Con la remontada de Macri y la relación de subordinación que tuvo la mandataria bonaerense estos casi cuatro años de gobierno, le será difícil lograr la autonomía que pensó tras digerir el cachetazo de las PASO. La pregunta tras los resultados de las generales es: ¿Vidal seguirá subordinada a Macri sin cargos ejecutivos de por medio? ¿Los intendentes bonaerenses a quién van a responder? ¿A la que ven como “la mejor candidata”, pero que perdió ampliamente con Kicillof?, o ¿A un Macri reconvertido de “salvavidas de plomo” en líder de la oposición? Dilemas que trae el nuevo escenario político. Por el lado del Frente de Todos, la euforia de las PASO obnubiló la victoria por más de 8 puntos de Alberto y la de Kicillof por las de 13 puntos. El peronismo unido, tras una pausa de cuatro años, volverá a gobernar Nación y Provincia, tras 12 años de kirchnerismo, denuncias de corrupción, cuadernos, bolsos y demás. Dato no menor, Macri y Vidal tienen el record de ser gobernantes que apenas tuvieron un mandato y no lograron la reelección. Curiosidades de un tablero político que se viene, bajo el pulso de la grieta y en un equilibrio que traerá muchas tensiones.-

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