29 Nov. 2020 | 01:16
29 Nov. 2020 | 01:16
Análisis

¿Argentina es un país viable?

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  • La otrora predominante clase media, fruto de una disponible, movilidad social, sucumbe a una economía de subsistencia, mientras el poder concentrado se enriquece cada vez más, a sus expensas. ¿Se puede barajar, mezclar y dar cartas nuevamente generando una distribución razonable? ¿Bajo qué sistema?

    Vasto territorio con más del 40 % de habitantes por debajo de la línea de pobreza,
    Vasto territorio con más del 40 % de habitantes por debajo de la línea de pobreza,

    Por Manuel Vila (*)
    Especial para ANDigital

    Si se suman en Argentina, los valores de territorio, bienes de producción (aún considerando niveles de obsolescencia), obras de regulación de cursos y riego, puertos, ciudades, infraestructura de energía, bases turísticas, medios de transporte y comunicación, capital financiero local, etcétera, y se divide por la población argentina (aproximadamente 45 millones de habitantes) todos seríamos millonarios, usando los parámetros de valoración internacional, que se quiera usar.

    En cambio, Argentina está llegando al 50 % de habitantes por debajo de la línea de pobreza, y el 17 % por debajo de la de indigencia.

    Un niño que naciera en Argentina con bienes distribuidos, tendría su existencia asegurada, y con un nivel de vida alto, y en cambio hoy nace con un 50 % de probabilidades de ser pobre y muchas de pasar hambre, y con una deuda personal de casi 7 mil dólares.

    ¿De dónde surge tal falta de correspondencia entre lo real y lo posible?

    La distribución de territorio, y bienes de producción, fue discrecional y concentrada, ya desde la colonización española, que aplicó a los habitantes originarios, sistemas de explotación variado (mita, encomienda, yanaconazgo) negándole cualquier acceso a la titularidad de tierra y/o bienes, y reservándose luego el control comercial (y de contrabando, inclusive negrero) por encima de los propios criollos.

    Los repartos de Julio Argentino Roca, como resultado de la campaña contra el indio, y la corrupción de gobiernos que favorecían los intereses de la clase, ya establecida como “patricia”, fueron concentrando aún más las riquezas.

    Las leyes (incluidas las laborales) se adaptaron a sus intereses, los representantes de la justicia le pertenecían; la policía les servía de custodios. Cuando el poder quedó en manos de proyectos populares, recurrieron al descrédito mediático y al golpe, o al agotamiento económico, para recuperar el poder.

    Hoy se estima que el 10 % de la población argentina, concentra el 90 % de las riquezas, a lo que se suma, que un elevado porcentaje de territorio, bienes y empresas, han pasado a manos extranjeras, y a que los integrantes de ese patriciado, han remitido a bancos extranjeros, más de 150 mil millones de dólares, casi el valor de la deuda externa actual.

    ¿Qué han hecho otros países para no generar esos desequilibrios o para paliarlos?

    Tomaremos extremos del arco ideológico.

    La colonización norteamericana, fue totalmente distinta a la nuestra; quien llegaba a un territorio, se establecía y cultivaba una parcela, pasaba a ser dueño de la misma, y aún siendo la meca del sistema capitalista, el crédito a disposición de todos, facilitó al ascenso social, de los emprendedores.

    Aún hoy en Argentina, el crédito es para quienes ya tienen solvencia, o sea, para los que no lo necesitarían, e inaccesible a quienes sí lo requieren.

    La China imperial, de estructura medieval, produjo transformaciones que hoy permiten alimentarse y progresar a 1500 millones de personas, interpretando los códigos sociales prevalecientes.

    La tendencia universal, de concentración demográfica en las ciudades (que hoy es a nivel mundial del 50 %) por la insuficiencia de ingresos en las labores rurales, fue resuelta, con nuevas ciudades programadas con el equipamiento social, y productivo suficiente, como para recibir, capacitar e integrar laboralmente, a sus nuevos habitantes.

    Mientras, a su vez, la disminución de la población rural, y el recurso de la maquinaria, al aumentar la capacidad de producción, aumentó los ingresos de los pobladores rurales remanentes, equilibrando las migraciones.

    En Argentina, la concentración en los suburbios de sus principales ciudades, de habitantes locales y migrantes de países limítrofes, que no encuentran ocupación; ha producido, bolsones de pobreza, que se han ido incrementando, desde mediados de la década del 60, con un crecimiento exponencial en los últimos años.

    La otrora predominante clase media, fruto de una disponible, movilidad social, sucumbe a una economía de subsistencia, mientras el poder concentrado se enriquece cada vez más, a sus expensas. ¿Se puede barajar, mezclar y dar cartas nuevamente generando una distribución razonable? ¿Bajo qué sistema?

    Los sistemas de concentración de bienes de capital por el estado, han fracasado, por la falta de estímulos a la productividad, que equilibra injustamente, esfuerzos diferentes, y ciertas burocracias, que se instalan en el poder, y lo corrompen.

    Los sistemas capitalistas convencionales, consideran la mano de obra, una variable discrecional, sin reparar en la ocupación, como el principal dignificante del ser humano, y el factor de consolidación de su personalidad. Las corporaciones están por encima de las naciones, y las personas son solo números.

    En ese contexto, solo algunos países han logrado un equilibrio, cubriendo un 50 a 60 % de las necesidades sociales que deberían ser básicas, (alimento, salud, educación, acceso a la vivienda y al crédito) desde el Estado, y dejando un 40 a 50 % a la iniciativa privada, tanto individual como colectiva, en cualquiera de sus variantes y disciplinas.

    ¿Es esto factible en Argentina?

    La concepción absoluta de los criterios de propiedad privada, y la concentración de la misma, hacen difícil, pensar en acometer, una mínima socialización de porciones de territorio.

    Insólitamente, es la clase media, que aferrada a sus escasas posesiones, observadas como bocado por las corporaciones, defiende la intangibilidad de esa propiedad privada, la que sostiene los intereses de los titulares de grandes latifundios, muchas veces logrados por los métodos que antes expusimos.

    Tierras en muchos casos inexplotadas por años, y por lo tanto improductivas socialmente, contra los criterios, prevalecientes en el derecho internacional, respecto a que la tierra y las propiedades, en general, deben tener un fin social, y no de atesoramiento.

    Solo encubiertos en la superproducción de alimentos (Argentina los produce para más de 300 millones de personas) se desatiende la falta de explotación de esas tierras, cuando países claramente involucrados en el sistema capitalista, no titubean en expropiar, cuando tal situación se verifica.

    Mucho más grave aún, cuando a esa producción de alimentos, (muchos de los cuales viajan al exterior) se la opone a los niveles de pobreza e indigencia, que muestra el país en la actualidad, y a la mano de obra desocupada, que el laboreo de tales tierras, ayudaría a disminuir.

    ---) Primer tema a corregir

    En el plano de los abandonos del Estado nacional, se destaca la plataforma marítima, que sufre simultáneamente, la desaparición de pesqueros nacionales, que incorporen tecnología y capacidad extractiva, y la irrupción permanente de buques hasta factoría, de todas las nacionalidades, que roban y retiran los recursos, dilapidando incluso las especies que no cotizan en sus países, degradando los niveles de esos recursos.

    La accesibilidad a esa fuente de alimentos, que por su disponibilidad, permitiría costos inferiores a los actuales, la ubica en el plano de las deudas esenciales, a cubrir con una flota razonable.

    ---) Segundo tema a corregir

    Los servicios de provisión de energía eléctrica, de gas y de agua, en su mayoría privatizados, adecuan sus tarifas a niveles internacionales, con ingresos medios que son netamente inferiores a los de los países de referencia, representando en algunos casos el 50 % del ingreso familiar.

    Completan en la actualidad, el ciclo histórico, de que las obras las hace el estado, en tiempos de control público, y los beneficios los recaudan los privados sin invertir, tras concesiones casi siempre sospechadas de corrupción, que además concluyen en juicios millonarios, cuando el Estado vuelve a recuperarlas.

    ---) Tercer tema a corregir

    En relación a los medios de comunicación, y los sistemas de redes y plataformas, que hoy representan en algunos casos hasta el 30 % del costo operativo de las personas, también se verifican fenómenos de concentración, que en el país primera potencia del capitalismo, se intervienen y disocian para evitar monopolios, pero que en Argentina, tienen vía libre para bifurcaciones y asociaciones cada vez más monopólicas, que le permiten fijar tarifas exclusivas en bienes que hoy son imprescindibles.

    ---) Cuarto tema a corregir

    El verdadero equilibrio entre monedas de distintos países, (obviando influjos especulativos) surge de la relación entre capacidades productivas y términos de intercambio entre ellos. En ese contexto, un país con una inflación superior al 40 % y una producción deprimida, no puede abrir sus fronteras, al ingreso irrestricto de bienes, que aún con tecnología de menor calidad, podrían producirse en el país.
    Esto que se presentaba como, “inherente a la transparencia de los mercados”, y que costó a la Argentina, fuga de divisas y cierre de empresas nacionales, se diluyó cuando la primera potencia capitalista del mundo, puso trabas aduaneras a los productos chinos que asolaban su economía, y hasta a los nuestros, que competían con producciones locales. Los mercados, no son transparentes, en ningún lugar del mundo.

    ---) Quinto tema a corregir

    Podríamos seguir casi indefinidamente, “tocando” temas, que parecen individuales, pero que sumados, redundarían en una rápida recuperación de niveles de ocupación y alimentación, a partir de los cuales, simultáneamente, se va reconstruyendo el aparato productivo, hoy por debajo del 50% de su capacidad instalada, al tiempo, que se va reemplazando los bienes de producción obsoletos, o anacrónicos, y se reconstruye, el tejido social.

    ¿Está capacitada nuestra clase política para hacerlo?

    ¿Tiene voluntad de hacerlo?

     

    (*) Experto ICOMOS-Icofort, conferencista nacional, e internacional en temas de Patrimonio.

    Mandato cumplido (2007-2009) en el COPUA (primer ingeniero civil en integrarlo).-

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