30 Nov. 2020 | 07:16
30 Nov. 2020 | 07:16
Ya disponible

“Víctimas de Tangalanga”, en la pantalla de CINE.AR

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  • El director del documental, Diego Recalde, destaca ante ANDigital que “no es una mirada de un adolescente que va a burlarse por segunda vez; es la reconstrucción visceral sobre quién estaba del otro lado de la línea, la reconstrucción de un tiempo que se fue y ahora con un ingrediente que lo enriquece para que no muera del todo”.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) Las tres partes de la saga Víctimas de Tangalanga, de Diego Recalde, ya pueden disfrutarse gratuitamente a través de la plataforma online CINE.AR.

    El Doctor Tangalanga, también conocido como Tarufeti, fue el más grande bromista del mundo telefónico. Fue el primero en hacer bromas telefónicas y grabarlas en cassettes.

    Por esos caprichos que tiene el azar, esos cassettes comenzaron a circular entre amigos y así fue comenzando un fenómeno que se caracterizó básicamente por ser clandestino.  Este documental, realizado luego de cinco años de investigación, indaga sobre la historia de las más famosas “víctimas” del Doctor Tangalanga.

    En ocasión del estreno en cine de su film, Diego Recalde le decía a ANDigital: “hay muchos fanáticos de Tangalanga y la película genera sensaciones reales, te reís, te emocionás. Las tres son distintas entre sí con el fin de seguir sorprendiendo. Lo noto porque voy a todas las funciones y te das cuenta cuando acertás, no por mí, sino porque tuve suerte de encontrar a las víctimas”.

    “Encontrar a la mayoría de las víctimas vivas no es un dato menor, porque es algo que pasó hace 30 años” y además el documental “no es solo para fanáticos, se para en otro lugar. Es una mirada adulta, no es una mirada de un adolescente que va a burlarse por segunda vez de la víctima. No es eso, es la reconstrucción visceral sobre quién estaba del otro lado de la línea. Es la reconstrucción de un tiempo que se fue y ahora con un ingrediente que lo enriquece para que no muera del todo”, reflexionó el periodista, productor y guionista.

    En torno a si las víctimas guardan algún enojo pese al paso de las décadas, aclaró: “la reacción es variopinta. El Doctor cuenta con la ventaja de haberse muerto. Y empieza a pasar esto de ‘qué sentido tiene que siga enojado con alguien que ya no existe’. Se da un enojo sí, algunas personas siguen no queriéndolo pero no al nivel patalógico que han sabido experimentar en su momento”.

    En contraposición, menciona que “algunos están orgullosos de haber sido llamados, porque son parte de un imaginario que el tipo grabó sin consultarle a la otra persona. Dicen: ‘el costo que pagué es chico’, porque esas grabaciones se difundieron de manera imparable. Lo sufrió, pero siente orgullo. También están los que recién cuando se dieron cuenta de que fueron víctimas de la broma comenzaron a hurgar en su obra, escucharon otras llamadas, se cagaron de risa y se amigaron enseguida con la joda. El plomero (del trabajo “tráfico de soretes” en Junín y Santa Fe) es el mejor ejemplo, ya que hoy es fanático”.

    Su verdadero nombre era Julio Victorio De Rissio. Fue el primero en hacer originales bromas por teléfono, grabarlas en cassette y luego hacerlas circular. Esos audios atravesaron todas las capas sociales y se convirtieron en un fenómeno.

    Al hablar de su entrada al mundo Tangalanga, Recalde recordó que fue cuando llegó a sus un cassette que contenía el famoso llamado de la tía Esther. “Me quedé loco con este tipo, era ponérmelo todas las noches para irme a dormir y levantarme al día siguiente con una sonrisa”, rememora.

    “En vez de escuchar canciones de rock, escuchaba Tangalanga y encontré un montón de gente que estaba en la misma que yo. Cuando me enteré que Luis Alberto Spinetta lo legitimó, diciendo que era uno de los genios más grandes del siglo XX, ¡con más razón! En esa época me gustaba mucho el Flaco”, recalcó.

    Además, puso de relieve que con todos los llamados se descubre que Tangalanga “es mucho más que una puteada, es el primer tipo que combina el lenguaje bárbaro y el lenguaje civilizado, de manera tal que entre ellos se lleven bien. Lo hace de manera genial, sin subrayar la puteada. De esa forma, deja de ser un cómico berreta que insulta para causar gracia, para usar la puteada como una frase más. Fue un adelantado a la hora de putear”.

    “El relato a la tarotista de ‘mi tía Esther’ es un cuento extraordinario que está al nivel de El Sur o El Aleph de Jorge Luis Borges, de lo mejor de la narrativa argentina, nada más que es un relato oral. Lo que la tarotista le va agregando, pasa a ser construido con dos personas con un vuelo altísimo. Es un relato que todo el tiempo sorprende, entretiene y hace reír”.

    “Generó, a diferencia de cualquier cómico, que la gente saliera a hablar como él. Creó un idioma, así como Jorge Luis Borges creó una forma expresiva única, con Tangalanga pasó lo mismo. Ya no es posible hacerlo hoy porque el INADI te cae al otro día; segundo que la gente no atiende el teléfono; en tercer lugar, el identificador de llamadas y cuatro: la fórmula se gastó, fue único, ya está. E inclusive a él mismo se le gastó y quedó demostrado con los llamados en vivo”, sentenció. (ANDigital)

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