27 Nov. 2020 | 20:38
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Cine

El semillero de los Vitale, desde El Expreso Imaginario a los Redondos

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  • En la noche más oscura, durante 1976, Donvi Vitale y Esther Soto (junto a sus hijos Lito y Liliana) deciden crear un oasis musical en su casa. Parte de la cultura alternativa y autogestiva que de allí brotó puede verse en “Rivera 2100”, una película dirigida por Miguel Kohan que se estrena esta semana en Cine.Ar.

    Entre el ser & la nada.
    Entre el ser & la nada.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) En Rivera al 2100, una esquina inhóspita frente a los galpones del ferrocarril en Villa Adelina, el joven matrimonio de Rubens “Donvi” Vitale y Esther Soto levantó con sus propias manos una casa que fue el inicio de todas sus coordenadas, un reducto acogedor que irradiaba arte y libertad mientras el país padecía la etapa más oscura y violenta de su historia.

    Entre esas paredes comenzó la relación profunda de la pareja Vitale y sus hijos - Liliana y Lito - con la música, incluso el mismo día de la mudanza adquirieron un piano que un amigo usaba como andamio y que fue el juguete de infancia de Liliana y Lito y el protagonista de interminables tertulias.

    Cuando los hijos crecían, Donvi percibió el interés genuino que tenían por la música y se dedicó a investigar y crear un método de enseñanza musical diferente al establecido. Fue tan efectivo que Rivera 2100 empezó a llenarse de alumnos, con algunos de los cuales a mediados de la década del 70 fundaron MIA (Músicos Independientes Asociados), una cooperativa de artistas y técnicos hacedores de una obra exquisita y pioneros de la producción independiente en el país.

    MIA se fundó sobre la idea de ser músicos independientes, del Estado y de la industria musical, y de la necesidad de actuar asociados, porque la independencia sin redes no bastaba para avanzar. Bajo esos conceptos imantaron a artistas como Alberto Muñoz, Nono Belvis, Juan del Barrio, Daniel Curto, Verónica Condomí, Mex Urtizberea, Gustavo Mozzi, Kike Sanzol, Emilio Rivoira, Perla Tarello, entre otros tantos que junto a Liliana y Lito Vitale integraron las diferentes e innovadoras formaciones (dúo, coro, trío) de MIA y que vivieron de otras actividades – en general la docencia - para no comprometer la calidad de la obra.

    Los ensayos en la casa de Rivera llegaron a ser multitudinarios, cuando la cooperativa sumaba cerca de cincuenta personas entre las que también estaban los técnicos de sonido Carlos Melero y Ángel Itelman.

    Con un pasado de política militante, Donvi y Esther reglaron el funcionamiento de MIA lejos de la lucha armada. Intuían que el país empezaría a desangrarse y eligieron el arte para subsistir, vivir con el espíritu del rock aunque también distantes de los comportamientos del rockero de entonces.

    Donvi y Esther fueron determinantes respecto a la negativa de consumir drogas, lo que solía estigmatizarlos como una especie de clan y alejarlos de algunos circuitos musicales. No obstante, eso no imposibilitó que se vincularan y crearan junto a artistas admirados como Luis Alberto Spinetta, Egberto Gismonti, Miguel Ángel Estrella, Gustavo Santaolalla y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que solían compartir escenarios o su arte en la casa-estudio de Villa Adelina.

    La red no sólo la construyeron con colegas sino también con periodistas e intelectuales afines, especialmente nucleados alrededor del Expreso Imaginario, una revista de cultura del rock dirigida por Jorge Pistocchi y pionera en publicaciones alternativas. Entre ellos compartían formas de ver la vida que incluía posiciones ante el modo de producción artístico, la naturaleza, las artes plásticas, las filosofías orientales y la poesía.

    MIA y el Expreso Imaginario –con Donvi y Pistocchi como sus grandes ideólogos- se influyeron y enriquecieron mutuamente. Algunos ejemplos de esta comunión fueron los ciclos de conciertos en el Teatro Santa María producidos por MIA que incluyeron conferencias temáticas dictadas por los periodistas de la revista, o la promoción de los eventos en el Expreso que hizo crecer el fichero de la cooperativa (fichas con datos postales de los fans para convocarlos por correo o telefónicamente a los shows) lo que se traducía en conciertos a sala llena.

    MIA dejó de existir con el fin de la dictadura militar y los cambios artísticos generados durante la apertura democrática. Su legado consta de: cuatro discos (uno triple); innovaciones artísticas históricas como otorgarle espacio a la música instrumental en el rock local o presentar a mujeres en grupo cantando música popular a capella o tocando la batería, roles previamente ocupados por hombres; ser un semillero de artistas que siguió vinculándose de modo sagrado con la obra; y sentar las bases de la producción independiente en el país promoviendo fenómenos como Los Redonditos de Ricota– a quienes Donvi y Esther trasmitieron sus “secretos” - o la actual UMI.

    El cuidado del concepto, la autogestión y el espíritu rockero continuó en la figura de Donvi y Esther hasta los últimos años de su vida. Un sacerdocio para lograr “una vida con Goyete” (Donvi dixit).

    “En una época en donde la pobreza de poder sostener una ‘experiencia compartible’ ya es una marca antes de la pandemia, la llegada para dirigir esta película no podría haber sido más oportuna”, revela Miguel Kohan y luego resalta: “tener el privilegio de poder sumergirme en un colectivo de artistas que sobrellevaron la experiencia artística y autogestiva en un contexto tan amenazador como fueron los años 70 propuso un desafío de construcción de una narrativa en donde esta gesta estuviese representada”.

    Asimismo, el director confiesa que “el haber compartido aquella época con ellos facilitó sumergirme en la realización de la película sabiendo quiénes eran y poder, desde allí, elaborar y crear un ‘espacio fílmico’ en donde poder fluir y por sobre todo, verosímil y fiel”.

    “Por eso, esta película significa para mí un reencuentro y una revelación también de un concepto que anidó más tarde y que fue el rector de la película, la idea del Goyete. Término acuñado por el padre de Lito Vitale, Donvi, y que está impreso en un piano que usa Lito Vitale”, prosigue el cineasta.

    Y completa: “una idea que fue propuesta en los inicios de nuestros encuentros, una expresión muy nuestra que está ligada justamente a la de una experiencia que sea, antes que nada, transformadora en la vida de las personas, como lo es para mí esta película”.

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    “Rivera 2100”, sobre una idea de Lito Vitale, Mariana Erijimovich y Marcelo Schapces.

    Producción musical: Lito Vitale

    Jueves 22 de octubre a las 20 horas por Cine.Ar

    Repite: Sábado 24 a las 20 horas

    CineAr Play del 23 al 29 de octubre (gratis).-

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