25 Feb. 2021 | 02:14
25 Feb. 2021 | 02:14
Entrevista

Cine por TV y destilados, eterna “Función privada”

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  • Uno de sus creadores, Rómulo Berruti, evocó al clásico que engalanó noches de sábado en las teles de tubo. Orígenes, auge y mudanza. En diálogo con ANDigital también abordó el candente tema de las bebidas espirituosas; el mensaje formativo más allá del entretenimiento y el orgullo de haber sido la primera escala tras la pantalla grande, incluso antes que el videoclub.

    Carlos Morelli y Rómulo Berruti, custodiados por la mirada de Marilyn Monroe.
    Carlos Morelli y Rómulo Berruti, custodiados por la mirada de Marilyn Monroe.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) En la era de las múltiples plataformas; angurria de consumos culturales -para ser y parecer- y huelga de innovaciones, brilla en su omnipresencia Función privada, el ciclo de cine más exitoso en la historia de la televisión argentina.

    “Surgió en un momento en el que había comentarios de cine en TV pero todos ellos con un tratamiento muy convencional, casi superficial. Además, las cosas que se veían eran las grandes producciones norteamericanas que tenían Canal 13 y Canal 11. Faltaba un cine alternativo y el único que podía presentarlo era el canal estatal”, introduce en diálogo con ANDigital el periodista Rómulo Berruti, uno de los creadores de la “criatura”, junto a su adlátere, Carlos Morelli.

    El ciclo tuvo como suerte de ensayos sin saberlo a Microcine 7 y Sábado segunda noche, un oasis de celuloide en el medio de la programación de propaganda militar que acostumbraba la señal pública de finales de los 70. “Nos teníamos que arreglar con la filmoteca del canal, que era muy escasa, además de la mala técnica que había en el viejo Canal 7 de calle Viamonte. Pero era lo que se podía y más que éramos dos desconocidos, nosotros teníamos una carrera en el periodismo pero en la gráfica, con Carlos nos conocimos, en Clarín”, añade el entrevistado.

    Ya con las nuevas instalaciones, parecía el fin del experimento televisivo para el tándem Morelli-Berruti. “Pensábamos que lo que hacíamos no encajaba en esto de la competencia. El material fílmico es muy caro pero finalmente apareció un grupo de gente que quería modificar el canal y nos ofreció mejorar lo que veníamos haciendo. Sólo pedimos la garantía de títulos con los que podíamos contar, en un contexto de restauración democrática, grandes teleteatros, mejores ficciones y por eso teníamos que estar en el mismo nivel de calidad”, rememora.

    “No se sabe por qué dicen ‘sí’ o dicen ‘no’, pero la gente realmente nos amó desde un primer momento. Nos sentimos hasta como integrantes de la familia e incluso hubo veces que nos invitaron a ver el programa a alguna quinta o casa de los propios televidente”, confiesa Rómulo, no sin dejar de mencionar hitos del ciclo, como las proyecciones de Hijo de hombre (de Lucas Demare); Esperando a la carroza (de Alejandro Doria) que tuvo que repetirse dos veces y otro fenómeno que fue El crimen de Cuenca (de Pilar Miró), film que la exhibición comercial nunca había tenido en cuenta.

    “La exigencia fue mejorando en la medida que la gente iba aceptando el programa. Cambió por completo el tratamiento de este tipo de temas. El diálogo era informativo y formativo pero no académico, porque la televisión no es académica, es entretenimiento. No era desde el púlpito. Llegábamos y ninguno sabía lo que iba a decir el otro, no libreteamos nada. Sólo sabíamos la película que se daba. Se encendía la cámara y listo… esa espontaneidad también aportó mucho. Un guion le hubiese quitado calidez. Salía como si fuese en vivo. Casi nunca se cortaba”, puntualiza el periodista, ponderando en esta dinámica la labor de la productora Susana Tenreiro.

    En otro tramo de la charla con este medio, el experimentado comunicador reflexiona: “arrancar en simultáneo con la democracia nos permitió dar películas argentinas que siempre se exhibían cortadas y además la mayoría de los estrenos en TV eran en Función privada, del cine saltaban a nuestro programa. El cine salió beneficiado con la democracia y en la gente había mucha avidez. Eso también influyó, más el tono del programa, teniendo en cuenta que la formación del periodismo escrito te obliga a un nivel que en general la televisión no tiene”.

    Además, “volvíamos de los festivales con cosas para contar y ‘trofeos’ de dichos eventos; no había con qué darle a todo eso. Hoy es muy distinto, todo el mundo tiene acceso a todo por internet. No hay novedades. Lo nuestro era absolutamente novedoso, ¿quién había ido al festival Karlovy Vavy de Checoslovaquia acaso?”.

    De bebedores entrenados

    “Durante muchos años, por una necesidad del canal, grabamos a las 7.30 de la mañana. Si tomás un whisky a esa hora, ¿cómo hacés el programa?”. De este modo, Berruti desactiva el mito de los conductores al filo de la ebriedad una vez terminada la película.

    “Creo que la gente proyectaba su propio alcoholismo y nos atribuía a nosotros la bebida de ellos. Nos mojábamos la lengua apenas; ojo, no era té tampoco, pero tomábamos muy poco”, aclara el conductor de Plumas, bikinis y tango, señero ciclo radiofónico de La 2 x 4 FM 92.7.

    Y ante ANDigital, Rómulo narra el origen del bar como parte de la mítica escenografía de Función Privada, custodiada magistralmente por la imagen de Marilyn Monroe y todo matizado con la música de “Amarcord”, de Nino Rota.

    “Hasta ese momento, en la televisión a lo sumo mostraban las botellas como ‘chivo’ publicitario, pero los conductores no tomaban en cámara. Y nosotros dijimos ‘¿Por qué?’ Mandaban licores de las embajadas y los ubicábamos. Hoy vale todo en la tele, pero en ese momento debíamos preguntar si se podía. Y con el permiso, un buen día arrancamos y la gente también se prendió y es algo que adquirió una fuerza muy grande”, exclama.

    Luego precisa que “lo que más había era champagne” pero lo fuerte eran “bebidas que no se conseguían en la Argentina. Los checos por ejemplo mandaban un licor maravilloso que era una especie de panacea: en invierno te salvaba de la gripe y después de comer era un digestivo notable. En suma, fuimos descubriendo bebidas que no estaban en el mercado argentino porque hay que recordar que no se podía vender nada importado durante mucho tiempo tampoco. Esas cosas sirvieron para un gran estudio de mercado también y, claro que sí, un poco especulativo también, ya que el televidente se prendía con eso de la bebida…”.

    A título personal, Rómulo destaca al Etiqueta Negra de Johnnie Walker como su whisky “de todos los días”. Y no escatima en virtudes, cual film de Ingmar Bergman: “es extraordinario. De gran calidad. No digo que te curás de los males con whisky, pero… Con un poquito de agua mineral, sin gas y sin sodio, y un pedacito de queso...”.

    Finalmente, trae a colación la figura de una figura de la alta alcurnia, emparentándola con este noble destilado. “En un canal cultural del extinto VCC, hacía un programa del Fondo Nacional de la Artes, presidido por Amalita Lacroze de Fortabat. Y claramente hubo muchas notas a ella y por cuestiones del trabajo me invitaba a alguna que otra fiesta en la Fundación. Allí se servía champagne de excelente nivel, pero un mozo siempre estaba oculto con la botella de etiqueta negra para ella. Por ende, si con los whiskies que se podría pagar la persona más rica del país, tomaba Etiqueta Negra por algo sería...”.

    Entre el Osito Teddy, sale Función privada

    “Cuando llegó Gerardo Sofovich a comandar el canal fue muy difícil seguir. En línea con la gestión de Carlos Menem, como todo estaba privatizado, la idea era que el canal también siga en esa línea y que a lo sumo lo financie un privado. Lo conseguimos en un primer momento, con muy buen material. Pero el contrato que tenía con ATC no se lo pagaban nunca, lo bicicletearon y se tornó inviable”, revela Berruti sobre el comienzo del fin en la emisora de Avenida Figueroa Alcorta y Tagle.

    El final anunciado llegó, pero el paréntesis fue corto. “Nos fuimos a Space, al ser un canal de cine, la propuesta de Función privada cuajó muy bien. En diciembre de 1994 terminamos en ATC y en marzo del 95 arrancamos en Space. Fue un desafío desde lo técnico porque eran todas latas allí, nunca se había trabajado en piso. Y también el desafío de la audiencia, ya que lo del cable aún era incipiente. Pero todo fue una muy grata experiencia”.

    “Terminamos en 1998. No hubo posibilidad de renovar porque se vendía Imagen Satelital, la empresa que comercializaba Space, por lo que fueron 15 años en continuado. Y al día de hoy nos saludan, no te digo como antes, pero sí, continúa el reconocimiento para un programa que despertó un cariño muy grande”.

    Por último, reivindica la experiencia del cine pese la ofensiva de las comodidades “a la carta” de las distintas plataformas. “Aunque ya no tenga la mística que tenía el auténtico silencio de las salas de antaño y haya que lidiar con el celular que suena o gente sorbiendo la gaseosa sin decoro, siempre tiene su importancia como salida: hay que ir al cine”.

    La invitación está hecha. En breve, con la reapertura de las salas y, siempre, un whisky en las rocas. A la salud de Función privada (ANDigital)

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